Francia: los refugiados de Calais no descansan de la violencia

Alarmantes condiciones de vida en “la Jungla”, el campo de refugiados más conocido de Francia

Cuando Zulfaqar llegó a Calais con la esperanza de ir hacia Gran Bretaña y empezar una nueva vida junto a su padre allá, no pudo haber imaginado la violencia a la que se enfrentaría en “La Jungla”, el campo de refugiados más conocido de Francia.
 

El iraquí de 20 años ha vivido aquí durante cuatro meses, y ha sido testigo de frecuentes enfrentamientos entre migrantes, redadas policiacas en las que se usa gas lacrimógeno, hacinamiento, y ha escuchado comentarios racistas por parte de la población local. Al igual que otros refugiados en Calais, Zulfaqar nunca pudo haber imaginado que un día tendría que salir de su hogar sin mirar atrás, sólo para refugiarse en una endeble tienda de campaña y vivir en condiciones climáticas que, comunmente, son muy frías. 

Eran las 5:00pm de un día de octubre de 2015 cuando mi padre decidió que debíamos salir de casa e ir hacia un lugar seguro. Los combatientes del Estado Islámico estaban asesinando a todos los que se interponían en su camino, independientemente de su religión,” cuenta Zulfaqar, que viene de una pequeña aldea en el oeste de Mosul, en el norte de Irak.
 
En unas cuantas semanas, su padre, un conductor de camión, encontró una ruta hacia Gran Bretaña. Realizó el viaje solo, pues sabía que sería más fácil navegar por las rutas de contrabando y cruzar las fronteras ilegales si lo hacia él solo. El plan era asegurar una reunión familiar y estar junto a su esposa, sus cuatro hijas y Zulfaqar.
 
Pero debido a la forma en que se desarrollaron las cosas, Zulfaqar no pudo esperar a que su padre comenzara el proceso para asegurar las visas de la familia. 
 
“Una mañana, debía reunirme con mi amigo Ali, pero él ya se había tardado mucho en llegar. Lo llamé, y un hombre con una voz grave me contestó: ‘este es el Estado Islámico’, me dijo. Ali estaba muerto. Mi madre y yo sabíamos que yo tenía que salir del país inmediatamente, que no era seguro para mí, un hombre joven, quedarme un minuto más,” dice Zulfaqar. “Soy joven, no quiero morir,” agrega. 
 
Sus ojos se iluminan cuando habla sobre fútbol. “Mi pasión es el fútbol, solía jugar todo el tiempo. Muchas veces, yo corría con el balón, imaginando que era Ronaldo o Messi, soñando con el sonido de los fans animándome.”
 
“Abandoné mi hogar con grandes sueños y esperanzas de que podría encontrar felicidad y seguridad. Eso fue lo que me motivó a huir. Fui a Turquía y después tomé un bote hacia Grecia. Viajé hasta Francia y llegué a Calais. Desde aquí, necesito encontrar un camino para llegar al Reino Unido.”
 
 

Violencia y hacinamiento

 
Desde que las autoridades de Francia demolieron la parte sur de La Jungla en marzo de este año, las condiciones de vida en la parte norte del campo se volvieron muy hacinadas. La gente está luchando por conseguir espacio. Las ONG’s locales han contado a 1,000 personas que llegaron tan solo durante el mes pasado, incluyendo a 142 menores de edad. Ahora hay 700 niños viviendo en La Jungla.
 
La brutalidad policiaca ha hecho que las vidas de todos sean mucho más difíciles de lo que ya son,” dijo Zulfaqar.
 

El 20 de junio, alrededor de 200 o 300 migrantes se precipitaron hacia la carretera que lleva al eurotunel, esperando poder trepar a uno de los camiones que se dirigen hacia Gran Bretaña. Zulfaqar no estaba entre el grupo de personas que intentaron cruzar el canal ese día. 

“Tenía miedo,” cuenta. “Me apresuré a ir hacia mi tienda de campaña y la cerré. Pero incluso ahí era difícil respirar debido a todo el gas lacrimógeno que la policía disparó en todo el campo, no sólo por el gas que se lanzó en la autopista.”
 
Bashir, un sirio de 17 años que huyó de su ciudad (Daraa) después de que un bombardeo aéreo destruyera el hogar de su familia, también ha tenido su parte de experiencias violentas en Francia.
 
“Un día, caminaba por la ciudad de Calais cuando una mujer me lanzó una bolsa llena de basura,” recuerda. “Para ser honesto, no sé por qué hizo eso; no sé si tiene algo que ver con la situación en La Jungla o con que simplemente la mujer era racista.”
 
 

Peleas entre migrantes

 

El espacio se ha vuelto tan escaso en La Jungla, que algunos migrantes han intentado quitar las letrinas instaladas por las ONG’s para instalar sus tiendas de campaña en ese lugar. También hay un creciente problema con las ratas en La Jungla, a pesar de los intentos de control de plagas. "Y lo peor de todo son las peleas entre migrantes", nos dice Zulfaqar.

El mes pasado hubo un gran enfrentamiento entre afganos y sudaneses,” dice, refiriéndose a dos de los grupos de migrantes más grandes en La Jungla. “Todo comenzó por una estupidez entre dos hombres, pero cada uno llamó refuerzos. Se volvió un enfrentamiento entre personas de dos países. Entre sí, quemaron las tiendas de campaña de todos. Más de 1,000 personas quedaron sin hogar ese día.”
 
Los contenedores a los que las autoridades locales quieren que se muden los migrantes están, por el momento, llenos, y hay 350 personas en la lista de espera. 
 
“Llegué a Calais hace cuatro meses, después de sufrir por la violencia en Irak. Pero la violencia resultó ser el mayor problema aquí también,” afirmó Zulfaqar. “Sólo quiero reunirme con mi padre en el Reino Unido. Espero que, mientras tanto, la gente pueda vivir en paz en La Jungla, en donde un hombre está dispuesto a golpear a otro por algo como un cepillo de dientes, un teléfono celular o un lugar para dormir.”
 

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