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18.11.2021
Las epidemias de sarampión son recurrentes en el distrito sanitario de Bédiondo, en la provincia de Mandoul, en el sur de Chad. La población suele vivir lejos de los centros de salud, y las limitaciones logísticas - carreteras en mal estado, dificultades para mantener la cadena de frío cuando las temperaturas exteriores superan los 40°C - dificultan la organización de las actividades de vacunación de rutina. En apoyo a las autoridades sanitarias locales, Médicos Sin Fronteras (MSF) implementamos una campaña de vacunación contra el sarampión a gran escala en octubre de 2021.
 
Los equipos de MSF tardaron un mes en reclutar y capacitar a las 252 personas que integran los equipos que se enviarán a todo el distrito. En colaboración con los centros de salud, se establecieron puntos fijos de vacunación en el centro de los pueblos.
 
Además, se realizó una gran labor de sensibilización previa con la comunidad.
 
"Capacitamos a 114 movilizadores comunitarios de los alrededores", dice Aimé Ndouh Kassir, coordinador de las actividades comunitarias de MSF. "El equipo de movilizadores comunitarios recorrieron los pueblos para informar a la población de nuestra presencia y de la posibilidad de vacunarse". 
 
 
 
 
"Su trabajo ha sido fundamental", continúa Kassir. "Para garantizar la participación de la comunidad, los padres deben comprender la importancia de la vacunación y los riesgos sanitarios de esta enfermedad para sus hijos e hijas". 
 
Para vacunar a una población de niños y niñas de entre seis meses y 14 años, se enviaron desde Yamena, la capital, cerca de 20,000 frascos con 10 dosis de vacunas. Este grupo objetivo fue estimado por las autoridades sanitarias en alrededor de 134,000 personas. Pero el número exacto seguía siendo difícil de definir, debido a la falta de precisión del número de personas que viven en estas viviendas aisladas y en los centros urbanos que son también cruces comerciales con Camerún y República Centroafricana. 
 
En una de las aldeas a las que acudieron nuestros equipos, a pesar de la visita del equipo el día anterior para sensibilizar a la población, el número de vacunas no correspondía al número estimado de niños y niñas. El subjefe de la aldea se involucró en la campaña como portavoz de nuestros mensajes de promoción de la salud. Gracias a su conocimiento del pueblo, ayudó a identificar a los niños y niñas que no habían sido vacunados y habló directamente con sus padres. 
 
En este distrito, muchos pastores nómadas y sus familias traen sus rebaños a estas zonas menos áridas en la estación seca para pastar, antes de venderlos en los países vecinos. 
 
 
 
 
"Cuando terminamos de vacunar a los niños y niñas en Ndila, Mob Hadjirébaye Djimtangar, un trabajador comunitario de la aldea, nos habló de un campo de pastores nómadas cercano", cuenta Kassir. "La población de este lugar se mostró reacia al principio, pero logramos convencerles con la ayuda del jefe tradicional del cantón. Finalmente, aceptaron vacunar a sus hijos e hijas". 
 
"Una vez establecida la confianza, nos guiaron a otras familias y pudimos vacunar a 128 niños y niñas más", continúa Kassir. "Estos grupos no estaban al tanto de las autoridades sanitarias. Un verdadero esfuerzo en equipo nos permitió protegerles".