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18.10.2021

Veinte años después del inicio de la llamada “guerra global contra el terrorismo” a raíz del 9/11, la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) publica hoy el informe “Echar sal a la herida”, que destaca las consecuencias de las guerras contra el terrorismo para sus trabajadores y trabajadoras en la primera línea. Los hallazgos de la investigación pintan un panorama desolador de la realidad al tratar de brindar atención médica imparcial en la era del contraterrorismo.

El personal de primera línea de MSF nos contó cómo son acosados, intimidados, golpeados y acusados de apoyar a terroristas cuando brindan atención médica imparcial”, afirma Luz Saavedra, investigadora principal del informe en el Departamento de Análisis de MSF.

El informe se basa en una investigación cualitativa con el personal de primera línea de MSF que trabaja y llega de Afganistán, Nigeria e Irak, centrándose en elementos que se encuentran presentes en los tres países. El equipo de MSF describió constantemente estos conflictos antiterroristas como “guerras sucias” donde “nadie está a salvo”.

Un hallazgo clave fue que las políticas y prácticas de la lucha contra el terrorismo conllevan riesgos reales y personales para el personal médico. Cerca de dos tercios del personal que concedió entrevistas habían experimentado o presenciado directamente actos violentos o de intimidación y habían sido acusados de apoyar a los “terroristas” cuando trataban a los pacientes basándose únicamente en sus necesidades. Las fuerzas armadas han utilizado la violencia en las puertas de las instalaciones sanitarias, dentro de las salas de los hospitales y en las ambulancias en la carretera en un intento por evitar que las trabajadoras y trabajadores de primera línea de MSF atendieran a sus pacientes en función de sus necesidades médicas y de acuerdo con la ética médica.

Desde la perspectiva de los trabajadores y trabajadoras de primera línea, se vuelve muy difícil distinguir entre las tácticas del llamado terrorismo y de quienes lo contrarrestan.
La atención médica se inhibe u obstruye en comunidades enteras. La población civil y los combatientes a menudo se fusionan en lo que las fuerzas consideran un enemigo hostil. Las fuerzas tratan de justificar su despojo de la protección de la población civil en virtud del Derecho Internacional por ser “terroristas” o “partidarios de terroristas”. Un entrevistado dijo: “Los vimos bombardear una ciudad llena de civiles, a familias en sus casas”. Las personas enfermas y heridas suelen sufrir o morir porque, como dijo otro integrante del personal de MSF, “no pudimos acceder a esas personas y, a su vez, no pudieron llegar hasta nosotros”.

Los trabajadores y trabajadoras de primera línea de MSF identificaron el principio humanitario de imparcialidad, es decir, tratar a los y las pacientes basándose únicamente en sus necesidades, como algo vital que debe ser respetado y defendido en contextos de contraterrorismo. Sin embargo, las personas participantes en la investigación también señalaron cómo el ser genuinamente imparcial conlleva ser objetivo de ataques contantes de formas muy reales y peligrosas.

Es indignante que los Estados esperen que el personal sanitario rechace tratar a sus pacientes por motivos políticos o militares”, afirma Saavedra. “Nuestros equipos son considerados por quienes luchan en guerras antiterroristas como parte de su estrategia militar; se nos acepta cuando somos útiles, pero se nos rechaza cuando se considera que no estamos al servicio de su propósito militar y político. No podemos aceptar esto, nos impide tratar a los pacientes y va en contra de todo lo que significa ser humanitario”.

Quienes participaron en la investigación señalaron cómo la proximidad percibida de los actores humanitarios con los Estados en las guerras antiterroristas generó una gran sospecha de los grupos armados de oposición que a menudo rechazaban involucrarse con MSF u otras organizaciones humanitarias. Actualmente, MSF se encuentra con demasiada frecuencia restringida a un lado de la línea del frente con una fuerza antiterrorista que quiere tomar ventaja y una oposición que no habla o es hostil.

Los resultados de la investigación ofrecen una visión única de la realidad del trabajo en entornos antiterroristas. Los trabajadores y trabajadoras de primera línea saben lo difícil que es operar en zonas de conflicto; y las prácticas antiterroristas lo hacen aún más difícil al echar “sal a la herida”. Pero la perspectiva del personal de primera línea rara vez se tiene en cuenta en los debates políticos sobre la lucha contra el terrorismo.

Desafortunadamente, los hallazgos de la investigación no son una sorpresa”, afirma Francoise Saulnier, Directora Legal Internacional de MSF. “El contraterrorismo ha erosionado la protección de la misión médica para priorizar las leyes nacionales contra el terrorismo en lugar del Derecho Internacional Humanitario. Esto a menudo deja a los equipos expuestos a las interpretaciones estatales de las leyes y del papel de la atención médica.”

Necesitamos poder brindar tratamiento basándonos sólo en las necesidades médicas. Necesitamos poder hablar con todos los grupos que controlan los accesos y podrían dañar a nuestros equipos. Nuestras instalaciones médicas deben librarse de cualquier tipo de operación militar y de seguridad.

Para lograrlo, MSF pide, una vez más, exenciones humanitarias en entornos antiterroristas. “Esto quiere decir que las organizaciones humanitarias imparciales deben estar exentas de ser objetivo de los regímenes legales y tácticas militares que han llegado a definir la Guerra contra el Terrorismo. No se puede castigar la búsqueda o la prestación de la atención médica que tanto se necesita en nombre de la ‘lucha contra el terrorismo’”, concluye Saulnier.

Puedes leer el reporte, en inglés, haciendo click aquí.