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22.10.2021

Médicos Sin Fronteras (MSF) está prestando mucha atención al impacto que tendrá el cambio climático en las y los pacientes, y en nuestras actividades médicas humanitarias de emergencia. Ya estamos respondiendo a muchas de las crisis más críticas del mundo- conflictos, desastres, enfermedades, desplazamientos- y atestiguamos las consecuencias y los efectos magnificados que el cambio climático y la degradación ambiental pueden tener en personas extremadamente vulnerables. 

En un nuevo informe humanitario para el 2021 de Lancet Countdown sobre Salud y Cambio Climático, el personal médico y humanitario de MSF alrededor del mundo y de diversas disciplinas comparte sus experiencias sobre cómo el cambio climático probablemente ha exacerbado las crisis de salud y humanitarias a las que dan respuesta. Estas experiencias resaltan nuestras observaciones registradas sobre cómo el cambio ambiental y los desastres inducidos por el clima han contribuido al aumento de la transmisión de enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue y la cólera; el impacto de la escasez del agua y la inseguridad alimentaria que conducen a la desnutrición; los impactos de la exposición al calor que provocan deshidratación aguda; los impactos en la salud mental debido a eventos climáticos extremos, y mucho más.

 

 

“Los equipos de MSF están compuestos por personal médico humanitario, no son científicas o científicos climáticos, pero después de años atestiguando cómo el cambio climático probablemente ha exacerbado las crisis médicas y humanitarias en múltiples contextos donde trabajamos, nos vemos con la obligación de hablar sobre lo que vemos”, afirma Carol Devine, directora de acción humanitaria sobre clima y medio ambiente de MSF. 

Las siguientes son algunos perfiles de países presentes en el informe humanitario de MSF en el reporte de 2021 de Lancet Countdown. 

 

 

Cambio climático, inestabilidad y desnutrición en Somalia 

En Somalia, más de dos décadas de conflicto, inestabilidad política y condiciones climáticas extremas han llevado a una de las crisis humanitarias más prolongadas del mundo. Las intensas y frecuentes inundaciones, sequías y los enjambres de langostas del desierto se han combinado para perturbar la seguridad alimentaria y reducir los medios de vida. Esto ha incrementado la competencia por los escasos recursos, exacerbando las tensiones existentes y afectando a las personas más marginadas. 

El impacto más significativo del cambio climático se manifiesta como desnutrición en los niños y niñas. 

Si el cambio climático continúa según lo previsto, MSF advierte que la disminución de la producción de alimentos y la reducción de la calidad nutricional de algunos cultivos de cereales pueden amenazar con aumentar el riesgo de desnutrición, y las y los bebés suelen ser los más afectados. 

En respuesta, MSF gestiona un proyecto durante la llamada ‘brecha del hambre’ en el sur de Somalia, cuyo objetivo es prevenir y abordar la desnutrición durante la temporada de escasez mediante la vigilancia activa, la detección y el tratamiento ambulatorio de casos. En las regiones de Gedo y Bajo Juda, iniciamos tres respuestas de emergencia para tratar a niños y niñas con desnutrición aguda y abordar la escasez crítica del agua. 

“Más personas se están moviendo en busca de comida y agua, incluso cuando persiste el riesgo de la COVID-19 y el brote de sarampión continúa sin cesar en Dhobley y Kismayu. Las comunidades de pastoreo también se ven afectadas porque han perdido ganado que, según los informes, ha muerto de sed debido a la escasez de agua”, explicó Mohamed Ahmed, coordinador del proyecto de MSF en Jubaland, sobre la situación en abril de 2021. 

 

 

Daños al sistema de salud debido al desastre climático en Honduras  

A finales de 2020, cuando los huracanes Eta e Iota azotaron América Central en rápida sucesión, más de 120 centros de salud en Honduras resultaron dañados o destruidos- algunos simplemente desaparecieron en el lodo. Dos millones de personas quedaron con acceso limitado o nulo a la atención médica. 

Sin embargo, incluso antes de las tormentas, el sistema de salud en Honduras había estado sometido a una tensión considerable. Los hospitales lucharon por acomodar a pacientes con COVID-19, mientras que un brote de dengue, impulsado por mosquitos resistentes a los insecticidas, se avecinaba como resultado de los esfuerzos de control de vectores mal implementados. 

Para abordar esta situación, MSF ha implementado medidas para reforzar la resiliencia del sistema de salud a las amenazas relacionadas con el clima en Honduras. Esto incluye las actividades de control de vectores y un sistema de vigilancia de la fiebre del dengue para prevenir los brotes, que ejercen una presión adicional sobre el sistema de salud.  

“Hemos dormido en el campo. Hemos soportado hambre y noches de insomnio. En el albergue de Coatzacoalcos no dijeron que estaba cerrado. Tengo miedo de quedarme en la calle porque nos puede pasar cualquier cosa. Tengo miedo de que me quiten a mi hijo. No duermo porque mientras mi hijo duerme, yo vigilo”, cuenta Kimberly, una mujer hondureña que perdió su casa y posesiones en los huracanes, mientras migraba por México con familiares. 

 

Impulsando la atención médica con energía solar en Balochistán, Pakistán 

En cuatro distritos de Balochistán, Pakistán, MSF apoya a instalaciones médicas que brindan atención a más de 12,000 mujeres embarazadas y aproximadamente a 10,000 niños y niñas que sufren desnutrición cada año. Sin embargo, los frecuentes cortes de energía y el aumento de las temperaturas en verano dificultan el mantenimiento de una temperatura fresca para los y las pacientes, el personal sanitario y la conservación de los medicamentos. Esto es un desafío debido a los frecuentes cortes de energía y temperaturas que pueden alcanzar los 50 grados centígrados en el verano. 

Para abordar la situación, MSF instaló un sistema de paneles solares en las instalaciones que apoya en Dera Murad Jamali, Chaman y Kuchlak. Complementados con electricidad de la red o del generador, estos sistemas brindan energía ininterrumpida para la iluminación, aire acondicionado y ventiladores, y bombeo y enfriamiento de agua y a la vez, se evitan más de 50,000 kg de emisiones de carbono al año. 

“Como personal médico, nuestro trabajo no solo consiste en tratar a las personas, sino también prevenir que ocurran enfermedades en el futuro. No debemos de crear problemas para el mañana mientras tratamos de resolver los problemas de salud de hoy”, asevera la Dra. Mónica Rull, directora médica de MSF.