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15.07.2021
En vista de la magnitud y el impacto de la violencia sexual en la República Democrática del Congo, MSF llama a las autoridades congoleñas y sus socios a actuar ahora, de acuerdo con las necesidades médicas, legales y socioeconómicas que observamos.
 
Salamabila es una ciudad de 71,000 habitantes ubicada en la región minera de la provincia de Maniema, en la República Democrática del Congo (RDC). La prevalencia de la violencia sexual en la región es alarmante: mensualmente, una media de 120 a 150 pacientes que han sufrido este tipo de violencia acude con los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF). Sin embargo, la situación puede ser aún más devastadora. Tan solo en marzo de este año, 221 personas acudieron a consulta con nuestros equipos. 
 
Para ayudar a estas personas que se enfrentan a mucho estigma, desde MSF implementamos un innovador programa descentralizado. Contamos con 18 personas, agentes de salud reproductiva, que trabajan directamente en las comunidades para identificar y acoger a las personas que han experimentado violencia sexual. Además de crear sensibilización sobre este enorme problema social, las y los agentes de salud están preparados para brindar los primeros auxilios imprescindibles en las primeras 72 horas posteriores a la violencia. Con el cuidado y los medicamentos adecuados, es posible evitar embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y otras afecciones.
 
En los casos que requieren una atención médica o psicológica más compleja, se recomienda a las personas que busquen ayuda con el equipo de MSF en el hospital regional de Salamabila. Allí, una de las primeras personas que encontrarán es la enfermera Jeanne Musaganwa Mwavita. Mama Jeanne, como la conocen todos, lleva más de una década trabajando en MSF y ahora forma parte del proyecto dirigido a atender la salud reproductiva de las mujeres, especialmente a las sobrevivientes de violencia sexual. 
 
“En la mayoría de los casos, las mujeres fueron a trabajar al campo y se encontraron con hombres armados. Después de eso, es muy difícil para ellas armarse de valor para volver al campo, donde trabajan para ganarse la vida”, explica Mama Jeanne. “Por eso es tan importante que no solo hagamos una evaluación de su condición física, sino también de su salud mental”, continúa, reconociendo la importancia de un enfoque integral para las sobrevivientes. Dos psicólogos forman parte del equipo de MSF en Salamabila. Frecuentemente su trabajo va más allá de acoger a las personas sobrevivientes, pues las familias también necesitan apoyo para lidiar con las diferentes emociones que surgen después de la violencia.
 
Una gran mayoría de las mujeres que sufrieron una violación son rechazadas por sus maridos y sus familias. En Kananga, en la provincia de Kasai, Corneille Kangangila, el supervisor de salud mental de la clínica de MSF, explica la magnitud del problema en la República Democrática del Congo. “A menudo, la paciente no padece ninguna patología, pero afirma sentir 'dolor en todas partes'. Para nosotros, este es un punto de partida para iniciar la atención psicológica”, explica. 
 
Fuera del Hospital Provincial de Kananga, MSF tiene una clínica especializada donde las sobrevivientes de violencia sexual reciben atención médica y psicológica gratuita. “La violencia sexual no solo tiene consecuencias médicas. Es un dolor invisible. Lo que me conmueve profundamente es el nivel de violencia que atraviesan nuestras pacientes. El alcance del trauma causado no solo por la violación en sí, sino también por el rechazo hacia la persona sobreviviente”, cuenta Kangangila.
 
“El primer lugar al que se debe acudir después de una violación debe ser el hospital, para recibir la atención médica necesaria lo antes posible y tener acceso al apoyo en salud mental”, afirma Marlène Minbie, médica del Ministerio de Salud que trabaja en la clínica de MSF en Kananga. “Les recuerdo a quienes me rodean, incluyendo a la policía, que lo más importante es decirle a la persona superviviente que busque atención médica. Muchas buscan primero el apoyo socio-legal, lo cual es comprensible: tratan de encontrar una forma de protegerse”, agrega.
 
Léonie  conoce bien esta situación. Fue violada por hombres armados frente a su esposo y seis hijos. “Ya no soy la misma persona. Cuando llegué a casa, mi esposo me rechazó y nos echó de la casa, a los niños y a mí. Vivo con familiares desde hace tres meses”. Hoy vende todo lo que puede a lo largo del camino para poner comida en la mesa, para ella y sus hijos. Muchas mujeres que han experimentado el mismo tipo de violencia ni siquiera encuentran un lugar de refugio y dependen del apoyo de programas específicos para sobrevivientes. Sin embargo, sin fondos para mantener activos estos programas, ese apoyo a menudo nunca llega.
 
En 2020, el personal médico y de salud mental de Médicos Sin Fronteras ayudó a 10,810 sobrevivientes de violencia sexual en 22 proyectos que gestiona en la República Democrática del Congo. Entre las personas atendidas, el 98% eran mujeres y el 62% buscó ayuda en las primeras 72 horas posteriores al acto violento, con notables diferencias entre regiones.
 
Dada su escala y sus consecuencias, la violencia sexual debe ser considerada como una emergencia por las autoridades congoleñas, los donantes y todas las organizaciones humanitarias presentes en el país. Si bien los equipos de MSF brindan tanto atención médica y psicológica a sobrevivientes en la medida posible, se requiere una respuesta mucho más contundente en términos médicos, legales y de protección. Debido a la falta de apoyo actual, las sobrevivientes son "condenadas dos veces", por lo que MSF aboga por que los esfuerzos nacionales e internacionales se intensifiquen rápidamente para satisfacer las necesidades urgentes y a largo plazo de todas las víctimas.
 
Puedes leer el reporte, en inglés, haciendo click en este enlace.