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08.10.2021
Las intensas lluvias han provocado este año inundaciones generalizadas en Sudán del Sur, que hasta el momento han afectado a más de 400,000 personas, según estimaciones de las Naciones Unidas, mientras continúa la temporada de lluvias.
 
La mayor parte de las comunidades más afectadas se encuentran en el estado de Jonglei, donde los humedales y afluentes del Nilo Blanco se desbordaron debido a que las lluvias estacionales llegaron antes de lo habitual. En las aldeas de Haat y Pakur, en el condado occidental de Ayod, las inundaciones obligaron a aproximadamente 6,000 personas a abandonar sus hogares desde mayo.
 
El 8 de agosto, las inundaciones destruyeron una pequeña clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) y muchas casas en Haat. MSF evacuamos a nuestro personal a Old Fangak, ubicado a cuatro horas de distancia en lancha de motor, antes de regresar a la zona y organizar clínicas móviles.
 
"En la región alrededor de Haat, vimos inundaciones catastróficas", dice Emilie Allaire, líder del equipo médico de MSF en Old Fangak. "El centro de la comunidad se inundó a varios metros de profundidad, lo que obligó a toda la población local a refugiarse en los últimos terrenos que no se inundaron".
 
"Todo en las comunidades afectadas quedó destruido", explica Allaire. "La población se aloja en chozas que hicieron con palos y, a veces, con mantas de plástico. No hay letrinas ni agua potable. Fuimos de isla en isla para brindar consultas médicas generales para niños, niñas y personas adultas", concluye.
 
 
El equipo de nuestra clínica móvil realizó 474 consultas médicas del 29 de agosto al 1 de septiembre, y 651 consultas médicas del 17 al 21 de septiembre. Las necesidades médicas son extremadamente altas en comparación con las semanas previas a las inundaciones. Entre las enfermedades más comunes atendidas se incluyen la diarrea no sanguinolenta, infecciones del tracto respiratorio superior, infecciones del tracto urinario, malaria y desnutrición. Las canoas son el principal medio de transporte durante las inundaciones, pero de esta manera se necesitarían varios días para  llegar a un centro médico.
 
El equipo de MSF diagnosticó a Nyadak Kulang, una mujer con siete meses de embarazo, con malaria grave, por lo que necesitaba atención más especializada. Tras el diagnóstico, la trasladaron al hospital donde desde MSF trabajamos en Old Fangak, ubicado a cuatro horas de distancia en una lancha rápida, y su estado comenzó a mejorar con el tratamiento.
 
"No teníamos agua potable", dice Nyadak. "Las personas que me rodeaban en la isla estaban enfermas. Sufrían y los síntomas que vimos fueron diarrea y vómitos".
 
La escasez de alimentos también es una preocupación generalizada. La mayoría de la población local está compuesta por agricultores de autoconsumo, pero las repetidas inundaciones han hecho imposible la agricultura. El ganado se ahoga o se muere de hambre porque la hierba de la que se alimenta está cubierta por el agua. Las personas informan que sobreviven con pescado y lirios de agua.
 
 
Desde Médicos Sin Fronteras continuamos brindando atención a los niños y niñas menores de 5 años y a las mujeres embarazadas en clínicas móviles y aplicando vacunas contra el sarampión, tétanos y difteria. Los niños y niñas con desnutrición moderada y severa son tratados con alimentos terapéuticos, y reciben (igual que las personas adultas) raciones de alimentos de emergencia debido a la inseguridad alimentaria general.
 
También distribuimos mantas, mosquiteros tratados con insecticida, lonas de plástico, utensilios de cocina y otros suministros básicos de primera necesidad. Sin embargo, nuestros equipos advierten que es probable que la salud de la población desplazada se deteriore aún más sin la asistencia adecuada a medida que las inundaciones continúan.
 
"El servicio médico, aunque lo estamos brindando, no es suficiente", dice Paul Gany Hoth, oficial de alcance comunitario de la clínica de MSF. "Están bajo la lluvia en un espacio abierto. Necesitan refugios, comida, necesitan todo".