

En esta fiesta deportiva no todos los colores estarán en la cancha. Algunos están en los lugares donde la vida, la salud y la dignidad necesitan ser defendidas.
Hoy, tú también puedes ser parte.
La ilustración

Para esta campaña, el ilustrador mexicano Mario Cortés “Cuemanche” creó una obra inspirada en los colores, las historias y las crisis humanitarias que muchas veces quedan fuera del foco de atención.
Sedes Sin Fronteras parte de una idea simple: la fiesta del futbol tiene sedes, pero la acción humanitaria también. Para Médicos Sin Fronteras, cada lugar donde una persona necesita atención médica, protección y dignidad es una sede de humanidad.
A través de su mirada artística, Cuemanche une el lenguaje visual del fútbol con la labor médico-humanitaria de MSF, invitándonos a mirar más allá de la cancha y reconocer que, en muchos lugares del mundo, lo que está en juego no es un partido, sino la vida, la salud y la dignidad de las personas.
Cada color, personaje y símbolo de la obra representa una forma de resistencia, cuidado y humanidad. Es una invitación a recordar que los colores del mundo no solo se celebran: también se defienden.
Al iniciar este proyecto, una pregunta me rondaba la mente: ¿cómo representar el trabajo de una organización que actúa en contextos tan distintos y frente a problemáticas tan complejas? En mis primeros acercamientos al quehacer diario de MSF me encontré con una mirada profundamente humana que terminó guiando muchas de las decisiones que tomé para construir este póster.
Por eso decidí estructurar una composición que no se leyera de forma lineal, para que el espectador entrara en ella, se perdiera un poco y encontrara nuevos significados en cada recorrido.
Nuestra mirada aterriza inevitablemente en el centro de la composición, donde aparece la defensa de la vida. Una madre sostiene a su hijo protegida por una estructura que recuerda el escudo de un equipo de fútbol: un símbolo de identidad, orgullo y pertenencia. Ella levanta un trofeo que representa no un triunfo deportivo, sino la posibilidad de que la vida siga adelante.
Sin embargo, antes de continuar hacia arriba, el cartel nos obliga, desde estos primeros recorridos visuales, a mirar los márgenes.
Y eso era importante para mí.

Al iniciar este proyecto, una pregunta me rondaba la mente: ¿cómo representar el trabajo de una organización que actúa en contextos tan distintos y frente a problemáticas tan complejas? En mis primeros acercamientos al quehacer diario de MSF me encontré con una mirada profundamente humana que terminó guiando muchas de las decisiones que tomé para construir este póster.
Por eso decidí estructurar una composición que no se leyera de forma lineal, para que el espectador entrara en ella, se perdiera un poco y encontrara nuevos significados en cada recorrido.
Nuestra mirada aterriza inevitablemente en el centro de la composición, donde aparece la defensa de la vida. Una madre sostiene a su hijo protegida por una estructura que recuerda el escudo de un equipo de fútbol: un símbolo de identidad, orgullo y pertenencia. Ella levanta un trofeo que representa no un triunfo deportivo, sino la posibilidad de que la vida siga adelante.
Sin embargo, antes de continuar hacia arriba, el cartel nos obliga, desde estos primeros recorridos visuales, a mirar los márgenes.
Y eso era importante para mí.
Porque muchas de las personas a las que atiende MSF viven precisamente en los márgenes de nuestra sociedad y, muchas veces, también en los márgenes de nuestra atención.
Por esto, el marco está lleno de objetos que hablan de ellas y ellos, buscando visibilizarlos como protagonistas de esta historia.
A la derecha encontramos elementos relacionados con la migración: equipaje improvisado, víveres, juguetes y pertenencias que alguien decide, en el mejor de los casos, llevar consigo cuando debe despedirse de casi todo lo demás.
A la izquierda se enfilan referencias a las personas desaparecidas: fotografías, fichas de búsqueda y herramientas que evocan una labor minuciosa, científica e incluso forense, capaz de devolver identidad a quienes han sido encontrados en el camino.
En la parte superior e inferior aparecen dos siluetas que funcionan como un contraste entre sí. La figura inferior carga con su historia, sus heridas y sus vivencias. Al acercarse a esta organización encuentra apoyo y la posibilidad de reconstruirse para seguir adelante, hasta coronar el recorrido del marco uniéndose a la celebración de la vida bajo un cielo estrellado.
De esta manera, el marco funciona como una galería de historias contadas a través de objetos cotidianos que hablan de seres humanos reales y complejos, como lo somos todos.
Después, la mirada regresa al centro y asciende por el póster, atraída por las siluetas monumentales de un hombre y una mujer que parecen invitarnos a sumar esfuerzos. El apoyo que brindamos a MSF mediante nuestras donaciones resulta fundamental para que todo ese trabajo pueda traducirse en acciones concretas y en bienestar para quienes reciben el acompañamiento de la organización.
Pero no todo son grandes campeonatos. No siempre se trata de un gol en el minuto noventa o de atajar un penal que define el marcador final.
La labor de MSF también está hecha de pequeñas victorias cotidianas.
Cada vez que alguien recibe atención médica. Cada vez que una familia encuentra acompañamiento en su camino. Cada vez que una persona recupera parte de su dignidad. Cada una de esas acciones representa una victoria.
Por eso decidí colocar, junto a la defensa de la vida, un par de escudos que enmarcan a integrantes de MSF en poses dinámicas y activas. A su alrededor aparecen estrellas que simbolizan esas victorias silenciosas que, juntas, terminan formando constelaciones de esperanza.
Entre ambos escudos, al centro del póster, se encuentran una madre buscadora y una pequeña familia migrante en actitud de celebración y fortaleza, reclamando su presencia y protagonismo dentro de este llamado al apoyo.
Ahí, de pie, esperan la llegada de la unidad móvil de MSF, una ambulancia que acompaña el camino de quien la necesite, aunque a veces el destino se encuentre al otro lado, sobre un tren que transporta banderas, colores, nacionalidades, sueños e historias distintas.
Continuamos descendiendo a través del póster entre estructuras geométricas que nos conducen a tres latitudes donde MSF trabaja incansablemente. Nuestras Sedes Sin Fronteras.
En el centro aparece la Ciudad de México. La estructura geométrica toma referencias de sus monumentos y de su arquitectura característica, transformando estas formas para mostrar una escena de escucha y acompañamiento. Debajo del arco central observamos a una persona compartiendo su experiencia con un integrante de MSF. Porque muchas veces la ayuda comienza simplemente escuchando.
Hacia la izquierda aparece Guerrero. Las formas geométricas se transforman en montañas y costas. De esta sierra emerge un integrante de MSF acompañando a una madre buscadora.
A la derecha encontramos la frontera norte. Allí aparece una familia migrante acompañada por una integrante de la organización. El escenario hace referencia al paisaje fronterizo y al muro que atraviesa la vida de miles de personas.
En todas estas escenas quise representar movimiento, una jugada en equipo dentro del área chica. Personas que no están definidas por su condición de vulnerabilidad.
Son personas que siguen avanzando. Que siguen buscando.
Finalmente, en la base del cartel aparecen dos manos, quizá el elemento más sencillo de toda la composición. Son manos que sostienen aquello que MSF ofrece de manera concreta.
De un lado aparecen alimentos, agua y tratamientos nutricionales. Del otro, vacunas, medicamentos y artículos de higiene personal.
Después de todos los símbolos, metáforas y referencias visuales, el mensaje vuelve a lo esencial: preservar la vida, la salud y la dignidad.
Y por eso el logotipo de MSF aparece al centro de la base, sosteniendo visual y conceptualmente, el discurso completo.
Al final este cartel intenta hablar de muchas historias distintas, pero todas convergen en una misma idea: que ninguna persona debería quedar fuera del cuidado, sin importar de dónde venga, qué haya vivido o cuál sea la frontera que tenga delante.

México
México será una de las sedes de la fiesta del fútbol. Pero también es un país donde miles de personas migrantes, refugiadas y desplazadas enfrentan enormes desafíos para acceder a atención médica, apoyo psicológico y condiciones mínimas de seguridad.
Desde hace 40 años, MSF trabaja en México acompañando a personas que han vivido violencia, desplazamiento, extorsión, separación familiar y múltiples barreras para recibir atención. En distintas rutas y ciudades del país, nuestros equipos brindan atención médica, apoyo en salud mental y acompañamiento a quienes más lo necesitan.
Hoy, defender los colores de México también significa mirar a quienes atraviesan el país buscando protección, salud y una oportunidad para seguir adelante.

Médicos sin Fronteras
Médicos Sin Fronteras brinda atención médica humanitaria a personas afectadas por conflictos armados, violencia, desplazamiento, epidemias, desastres naturales, crisis nutricionales y exclusión del acceso a la salud.
Nuestros equipos trabajan en contextos donde las necesidades médicas son urgentes y donde muchas personas no pueden recibir la atención que necesitan. Para responder, MSF ofrece servicios como:
Donación
Lleva tu ayuda en una totebag edición especial con un diseño especial de Cuemanche


Redes sociales
La campaña Defendamos los colores del mundo también vive en nuestras redes sociales, a través de videos, testimonios, ilustraciones, activaciones y contenidos que nos invitan a mirar más allá de la cancha.
En esta sección podrás encontrar algunos de los materiales audiovisuales de la campaña: desde piezas sobre la ilustración Sedes sin fronteras, hasta contenidos que muestran cómo el fútbol, el arte y la solidaridad pueden convertirse en una forma de apoyar la acción humanitaria de Médicos Sin Fronteras.
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