Amor en medio de un brote de cólera: la historia de Madja y Koko

Majda Rizq, farmacéutica y trabajadora humanitaria de MSF. Huyó de Jartum en 2023, ella y su esposo, Mohamed Koko, responsable de logística de MSF, continuaron su trabajo en El Gedaref en medio de la guerra y las pérdidas personales.

Majda Rizq, farmacéutica sudanesa, lleva más de 30 años con MSF. Huyó de Jartum en 2023, ella y su esposo, Mohamed Koko, que también es responsable de logística de MSF, continuaron su trabajo en El Gedaref en medio de la guerra.
Majda Rizq, farmacéutica y trabajadora humanitaria sudanesa. Obligada a huir de Jartum en 2023, ella y su esposo, Mohamed Koko, responsable de logística de MSF, continuaron su trabajo en El Gedaref en medio de la guerra. © Faiz Abubakr/MSF

Madja Rizq, una farmacéutica que trabaja con Médicos Sin Fronteras (MSF), nos comparte desde Sudán su historia de vida. Conoció a su esposo en la organización, y a raíz de la guerra, tuvieron que responder a un brote de cólera en un campo para personas refugiadas.  

 Soy Majda Rizq, una mujer sudanesa llena de compasión por mi país. Crecí rodeada de mi numerosa familia en Sudán, donde aprendí, trabajé, me casé y formé mi propia familia. Al mirar atrás, siento como si la vida que una vez conocí y los recuerdos que forjé a lo largo de décadas son un sueño lejano en comparación con la dura realidad de casi dos años de guerra. Sin embargo, algo que destaca es mi trabajo humanitario. 

 

Majda Rizq y Mohamed Koko, trabajadores de MSF en Sudán
Majda Rizq y Mohamed Koko, trabajadores de MSF en Sudán. © MSF

 

Durante más de 25 años he trabajado con Médicos Sin Fronteras (MSF). Aunque soy farmacéutica de profesión, he desempeñado varios roles operativos, especialmente en emergencias, asumiendo a menudo múltiples responsabilidades para satisfacer las necesidades más urgentes de las personas. 

Dos años después de unirme a MSF, conocí a mi esposo, Mohamed Koko, y nos casamos. Él estaba empezando a trabajar en el departamento de logística. Tuvimos una historia de amor tradicional: trabajamos juntos, nos casamos y criamos a dos hijos cuando teníamos veinte años. Hemos dedicado nuestras vidas a nuestra familia, a nuestro trabajo humanitario y a nuestro amado Sudán. 

A medida que la vida continuaba, nos establecimos en Jartum. Pero el segundo día de la guerra, en abril de 2023, no tuvimos más opción que irnos y mudarnos a la casa de mi familia en Wad Madani, en el estado de Al Jazirah, donde vivían mi madre y otros familiares. Nos quedamos allí hasta diciembre de 2023, pero cuando la violencia empeoró, nos vimos obligados a irnos de nuevo, esta vez rumbo a El Gedaref, un estado donde no teníamos familia ni apoyo. 

Al principio, mi madre se negó a dejar su casa, pero en junio de 2024 la convencimos de que se uniera a nosotros. Yo no podía dormir por las noches, estaba constantemente preocupada por ella. Ella aceptó, pero con la promesa de que volveríamos a Wad Madani cuando fuera posible, a su casa. Lamentablemente, falleció en El Gedaref antes de que pudiéramos cumplir esa promesa. 

 

Ahmad Awad, de 11 años, desplazado del estado de Al Jazirah, es paciente de la unidad de tratamiento del cólera de MSF en Al Gedaref. Noviembre de 2024.
Ahmad Awad, de 11 años, desplazado del estado de Al Jazirah, es paciente de la unidad de tratamiento del cólera de MSF en Al Gedaref. Noviembre de 2024. © Faiz Abubakr/MSF

 

En medio de todo esto, en agosto de 2024, inició un brote de cólera. Empecé a trabajar en la respuesta de emergencia de MSF en la ciudad de El Gedaref, que implicaba apoyar a personas sudanesas internamente desplazadas en los estados de Jartum, Al Jazirah y Sennar, mediante clínicas móviles, centros de tratamiento de cólera y brindando servicios de agua y saneamiento para la comunidad. 

¿Qué podíamos hacer en medio de un brote de cólera? Elegimos mantener la promesa amorosa de nuestra familia: apoyarnos mutuamente y volcar toda nuestra energía en nuestra labor humanitaria. Trabajo como coordinadora adjunta del proyecto y Koko dirige el equipo de logística. 

 

Después de que mi madre murió, tuve que recomponerme… 

Recuerdo lo crítica que había sido la situación durante meses: casi un millón de personas desplazadas en El Gederaf, un brote de cólera y graves deficiencias en los servicios de agua, saneamiento y salud.  

Las personas vivían a la intemperie sin refugio, y las instalaciones escolares se estaban convirtiendo en lugares de reunión. La temporada de lluvias estaba en pleno apogeo y se avecinaban brotes de enfermedades. Las personas vulnerables, incluyendo las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas, niños y niñas, se quedaron sin apoyo urgente y dependían únicamente de la caridad.  

Nuestro equipo trabajó incansablemente, pero la demanda superó con creces nuestra capacidad y nos preocupaba que, sin una ampliación de la ayuda por parte de otros actores humanitarios, la situación colapsara. 

Cuando respondimos al brote de cólera en agosto, ya habíamos establecido un centro de tratamiento en la ciudad. Pero con una nueva afluencia de personas desplazadas, el número de casos se disparó. Tuvimos que ampliar el centro, añadiendo más camas y suministros, hasta que finalmente aumentó su capacidad a 60 camas. A finales de año, nuestro equipo había tratado 3,016 casos de cólera. 

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos fue la falta de acceso al agua potable. Durante la temporada de lluvias, las fuentes de agua se contaminaban y la población no tenía otra opción que beber agua no potable del suelo, poniéndose en gran riesgo. 

Imaginemos a animales y humanos bebiendo de las mismas fuentes de agua en su camino a El Gedaref. Distribuimos 3,6 millones de metros cúbicos de agua potable y construimos 210 letrinas de emergencia para abordar la situación. 

Además de tratar a los pacientes, trabajamos para crear conciencia en las comunidades a través de todos los medios que pudimos: difundiendo mensajes de salud, distribuyendo carteles y brindando consejos sobre cómo mitigar la propagación del cólera. 

 

Campo de personas desplazadas internamente de Al Tadamon, estado de Al Gedaref, Sudán. © Faiz Abubakr
Campo de personas desplazadas internamente de Al Tadamon, estado de Al Gedaref, Sudán. © Faiz Abubakr

 

No se trata solo de Médicos Sin Fronteras 

La dedicación del personal del Ministerio de Salud y de las personas voluntarias en El Gedaref ha sido crucial. Sin su apoyo, no habríamos podido responder con tanta eficacia. Esta experiencia es un poderoso recordatorio de que la fuerza del trabajo humanitario está en manos de las personas que se comprometen a apoyar a sus comunidades en tiempos de crisis. 

Al reflexionar sobre la solidaridad de tantas personas, pienso en mi esposo, Koko. Aunque ha pasado la mayor parte de su tiempo en proyectos internacionales con MSF, siempre que hay una emergencia en Sudán, vuelve a ayudar. Cuando empezó la guerra, volvió de nuevo, esta vez para unirse a mí en El Gedaref, donde hemos estado respondiendo a muchas necesidades. 

Hay muchos días en los que me siento abrumada y pierdo la esperanza, pero lo que me hace seguir adelante es saber que tengo a mi querida familia conmigo, trabajando codo con codo, apoyándonos unos a otros. Esperamos un nuevo horizonte, un tiempo de paz en el que podamos volver a nuestra gran casa familiar, reconstruir y mirar hacia adelante con una perspectiva renovada. 

 

 

En 2024, además de la respuesta al cólera, las actividades que MSF realizamos en El Gedaref se ampliaron para incluir servicios de atención primaria de salud vitales para las personas internamente desplazadas (IDP) que permanecen en la ciudad.  

Desplegamos dos clínicas móviles en los asentamientos para personas desplazadas internamente, que brindan una gama integral de servicios, incluyendo consultas ambulatorias, servicios de salud sexual y reproductiva, apoyo a sobrevivientes de violencia sexual y servicios de salud mental.

La respuesta incluyó: 

  • 16,040 consultas ambulatorias realizadas en clínicas móviles. 
  • 1,653 consultas de atención prenatal. 
  • 3,294 vacunas rutinarias administradas del Programa Ampliado de Inmunización (PAI). 
  • 277 niños y niñas tratados por desnutrición aguda grave en centros de alimentación terapéutica ambulatoria (ATFC). 
  • 175 derivaciones vitales apoyadas a través de las clínicas móviles. 
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