Una buena salud sexual y reproductiva es importante para la calidad de vida de todas las personas. Sin embargo, existen innumerables desafíos para garantizarla en el caso de las mujeres y niñas cisgénero y transgénero en todo el mundo.
La anticoncepción, la protección contra las infecciones de transmisión sexual, la atención materna, la atención para realizar abortos seguros, el asesoramiento y las herramientas de autocuidado son elementos importantes para que las mujeres tengan una vida sexual activa y positiva, libre de sufrimiento físico o psicológico.
Pero los tabúes y los miedos entre las comunidades en general, amistades, familiares, e incluso entre las propias mujeres, arrojan una luz negativa, creando barreras para el bienestar de ellas.
Las mujeres solteras, adolescentes, niñas, las trabajadoras del sexo, las mujeres integrantes de la comunidad LGBTQI+ o quienes ya viven con una condición que les estigmatiza pueden quedar especialmente excluidas de la información, la atención y el apoyo que necesitan.

En los últimos años, Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos abordado esta situación de maneras cada vez más diversas. Los proyectos que tenemos en Grecia, Honduras y Zimbabue han demostrado que el fortalecimiento de independencia de las mujeres y el apoyo de la comunidad pueden ir de la mano para permitir un compromiso positivo con las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres de una manera que repercuta en el tejido social.
En cada uno de estos países, las mujeres, las niñas, los hombres, los padres, las madres y los vecinos tienen una historia para compartir mientras participan e impulsan este cambio.
Alzando la voz por las mujeres transgénero que buscan asilo
Durante mucho tiempo, la persecución ha llevado a las personas a buscar asilo lejos de sus hogares, como es el caso de una pequeña comunidad de mujeres transgénero que, con el tiempo, han huido de Cuba en busca de la seguridad de Grecia. Aunque las mujeres están más seguras ahora, todavía tienen dificultades para acceder a la atención médica en sus nuevas ubicaciones.

“La mayoría de las trans que vinieron aquí no tienen ningún medicamento. Experimentan enfermedades de transmisión sexual, así es la vida. Pero es muy difícil encontrar apoyo médico”, dice Yuli, una defensora de su comunidad.
Desde 2016, en MSF gestionamos un centro de día para pacientes ambulatorios en Atenas que actualmente ofrece un paquete integral de servicios multidisciplinarios para personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas, así como para grupos marginados de personas que necesitan atención médica.
Todas las actividades cuentan con el apoyo de un gran equipo de mediadores culturales, incluidos traductores, que también se unen al equipo de extensión urbana, extendiendo los servicios en la medida de lo posible a comunidades como la de Yuli.
Yuli se ha propuesto alentar y motivar a sus compañeras a priorizar su salud sexual y protegerse.
Defendiendo la salud sexual de las trabajadoras del sexo
Para las trabajadoras del sexo en San Pedro Sula, el acceso a la atención médica y psicológica se ha visto limitado por el estigma social y la falta de servicios inclusivos. El juicio de la sociedad se ha reflejado en la postura del personal de salud que ha sido desdeñoso en lugar de dar la bienvenida a las trabajadoras del sexo que buscan información, protección contra infecciones o tratamiento.
Médicos Sin Fronteras abrimos una clínica en San Pedro Sula en julio de 2021, para mejorar el acceso a la atención de la comunidad trabajadora del sexo y LGBTQI+. Nadia ha estado visitando la clínica durante casi dos años.

“Ha sido una bendición encontrar la clínica de MSF. Puedo encontrar de todo: prevención y control del VIH, sífilis y enfermedades de transmisión sexual, planificación familiar… ayuda psicológica y trabajo social”, afirma Nadia.
Los equipos de alcance comunitario también visitan la comunidad para ayudar a las personas a superar la desconfianza y la desinformación. “Personalmente, sufrídemasiadoduranteeltiempo que no me cuidé”,dice Nadia. “Me di cuenta de que todotiene un precio, que cuidarme no teníaprecio”.
Incluyendo a las madres adolescentes en la atención médica y el apoyo social
Para las adolescentes de Zimbabue quedar embarazadas es un tabú, pero a menudo tienen poca o ninguna voz en las decisiones que afectan a sus cuerpos y vidas. También tienen poco o ningún acceso a información y servicios apropiados, y se les disuade de buscarlos.
En 2020, cuando los confinamientos por la pandemia de COVID-19 cerraron escuelas y limitaron el trabajo, los ingresos y el movimiento de las personas, hubo un aumento en los embarazos no planificados en Zimbabue y en la comunidad que rodea el lugar donde desde MSF tenemos un proyecto para brindar servicios de salud sexual y reproductiva para adolescentes en Mbare y Epworth.

Para responder a las necesidades específicas de las niñas embarazadas, el equipo de MSF allí formó el Club de Madres Adolescentes.
Cuando Marvellous quedó embarazada, justo antes de comenzar un nuevo año escolar, sus padres se sorprendieron.
“No sabía qué hacer ni a quién acudir”, comentó. Descubrir el club le dio la oportunidad de conocer a otras niñas como ella, conocer los riesgos asociados con el embarazo temprano y adquirir conocimientos sobre temas como la anticoncepción, el sexo seguro y el embarazo.
Inspirada por su experiencia, Marvellous ahora es una educadora de acompañamiento entre pares en el Club.