- El último informe de MSF indica que los ataques a la salud en Ucrania son demasiado constantes para ser una consecuencia aleatoria de la guerra.
- Los ataques a la salud están afectando la capacidad de las personas para acceder a la atención, así como la capacidad del personal médico para proporcionarla.
- Todas las partes deben cumplir sus obligaciones bajo el derecho internacional humanitario, y los estados con influencia sobre Rusia deben exigir el fin de los ataques a la salud.
Médicos Sin Fronteras (MSF) afirmamos que los ataques contra instalaciones médicas, personal de la salud y ambulancias son demasiado sistemáticos, frecuentes y precisos como para ser circunstanciales. La organización médica advierte también que los ataques con drones representan una proporción cada vez mayor de los casos de traumatismos.
Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “No Safe Place to Heal” (No hay ningún lugar seguro para curarse), un informe que documenta los implacables ataques contra la atención médica y el personal médico en Ucrania, los cuales parecen constituir una estrategia deliberada para destruir el sistema sanitario y castigar colectivamente a la población, en lugar de ser una consecuencia secundaria de la invasión rusa.
Entre abril de 2022 y diciembre de 2025, MSF documentamos más de 20 ataques contra instalaciones médicas en las que la organización llevaba a cabo actividades. Cuatro hospitales en los que trabajaba MSF han quedado completamente destruidos. Se han tenido que abandonar siete bases de ambulancias. MSF ha perdido el acceso a más de 80 poblaciones en seis regiones a las que prestaba apoyo mediante clínicas móviles de atención primaria. La Organización Mundial de la Salud documentó 2,811 ataques contra la atención médica desde febrero de 2022 hasta finales de 2025, y el Ministerio de Salud de Ucrania informa de que las fuerzas rusas han dañado o destruido más de 2,500 instalaciones médicas en el mismo periodo, incluyendo 327 que han quedado completamente destruidas.

“Estos ataques son demasiado sistemáticos, demasiado frecuentes y demasiado precisos como para ser circunstanciales; cuando los hospitales son alcanzados repetidamente, cuando las ambulancias son blanco de drones de precisión, cuando se asesina a personal de la salud mientras se dirige a entregar medicamentos en vehículos claramente identificados, esto no es una coincidencia. Se trata de un patrón; y detrás de los patrones hay una intención”, explica Robin Meldrum, coordinador de MSF en Ucrania
Los ataques contra la infraestructura médica y el miedo paralizante a los ataques contra la población civil han provocado una crisis en el acceso a la atención médica para las personas que necesitan tratamiento médico no urgente o para enfermedades crónicas. Una encuesta de MSF realizada a 187 civiles en regiones cercanas al frente reveló que el porcentaje de quienes tenían acceso a la atención sanitaria “siempre” o “la mayor parte del tiempo” se redujo del 72% antes de la escalada de la guerra a solo el 35% desde entonces. El porcentaje de quienes logran acceder a la atención “rara vez” o “nunca” ha aumentado de un 7% al 35%. Esto se traduce directamente en sufrimiento e incluso en la muerte a causa de enfermedades que se pueden tratar, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o la epilepsia, afecciones que se han convertido en una amenaza para la vida de miles de personas debido a la interrupción del tratamiento y al retraso en el acceso a la atención médica.
Los centros de salud que siguen operativos adolecen de una grave falta de personal. Por ejemplo, en un hospital de Jersón que cuenta con el apoyo de MSF, el número de médicos se ha reducido en un 66% desde 2022.
Los equipos de MSF en el este y el sur de Ucrania trabajan bajo la amenaza constante de ataques con drones de visión en primera persona (FPV), armas que permiten a los soldados identificar y atacar objetivos con precisión en tiempo real.
El 29 de septiembre de 2025, una enfermera y el director de un centro de salud apoyado por MSF que repartían medicamentos en un vehículo claramente identificado en Lyman, Donetsk, fueron alcanzados por un dron FPV ruso. El director perdió una pierna en el ataque. Según el Derecho internacional humanitario, atacar deliberadamente a personal o vehículos médicos claramente identificados puede constituir un crimen de guerra.
El personal médico de MSF cerca de la línea del frente, así como en un centro de rehabilitación temprana en Cherkasy, está siendo testigo de cómo la guerra con drones supera rápidamente la capacidad de respuesta médica. Mientras que antes las lesiones eran causadas principalmente por la artillería, los ataques con drones representan ahora una proporción cada vez mayor de los casos de traumatismos, lo que genera múltiples víctimas con numerosas heridas simultáneas, mayores tasas de infección y un aumento de los casos de sepsis.
Un cirujano de MSF cuenta el caso de un paciente que llegó con la pierna derecha amputada, una fractura abierta en la pierna izquierda, una fractura abierta en el brazo derecho, metralla en el brazo izquierdo y múltiples heridas en el tórax, el abdomen y la cabeza. Cinco cirujanos le operaron simultáneamente durante unas seis horas. El mismo cirujano señala: “La primera batalla es contra la hemorragia. Si el paciente sobrevive a eso, la segunda batalla es contra la infección. Y muchos pierden esa segunda batalla”.
Este año se cumplen diez años desde la adopción de la Resolución 2286 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), que reitera de forma inequívoca la protección del personal humanitario y médico, de los pacientes y de las infraestructuras sanitarias en los conflictos armados. Médicos Sin Fronteras instamos a todas las partes a que cumplan con sus obligaciones en virtud del Derecho internacional humanitario; a los Estados con influencia sobre Rusia a que la utilicen para exigir el cese de los ataques contra los servicios sde salud y al Consejo de Seguridad a que investigue adecuadamente y denuncie públicamente los ataques contra los servicios médicos, como forma de demostrar su compromiso con la Resolución 2286.
Lee o descarga el informe en inglés:
