En el noroeste de Nigeria, particularmente en el estado de Zamfara, la temporada de lluvias trae mucho más que alivio del calor. Trae sufrimiento, enfermedades y muertes prevenibles.
Entre mayo y septiembre, la sobrevivencia diaria se convierte en una lucha, mientras las inundaciones, los brotes de enfermedades infecciosas y el agravamiento de la inseguridad alimentaria convergen. Para comunidades que ya han sido afectadas por años de violencia e inseguridad, las consecuencias son devastadoras.
Años de violencia armada en el estado de Zamfara, marcados por secuestros, ataques a aldeas, robo de ganado y emboscadas, han desplazado a miles de personas, destruido medios de vida y limitado gravemente el acceso a servicios esenciales. Las comunidades enfrentan enormes barreras para acceder a la atención médica debido a la pobreza, la inseguridad, las largas distancias y la debilidad de la infraestructura sanitaria. Cuando llegan las lluvias, una situación de salud ya frágil empeora aún más.

Una temporada de enfermedades
“La temporada de lluvias cambia la forma en que atendemos a los pacientes”, explica Sani Adamu, responsable de actividades de enfermería en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Zamfara. “Aumenta el riesgo y la transmisión de muchas enfermedades, como la malaria, el cólera y otras enfermedades diarreicas agudas.”
A medida que el agua de lluvia se acumula en charcos estancados, se crean condiciones ideales para la reproducción de mosquitos. Los casos de malaria aumentan, surgen brotes de cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua, como la fiebre tifoidea, se propagan rápidamente, especialmente entre grupos vulnerables como mujeres embarazadas y niños.
En 2025, MSF tratamos a 136,778 pacientes por malaria y a 13,877 por cólera en Zamfara.
“En lugares donde el saneamiento es deficiente y las fuentes de agua no son seguras, cualquier contaminación puede propagarse rápidamente”, agrega Adamu. “Las inundaciones arrastran desechos, basura y materia fecal hacia las fuentes de agua, propagando enfermedades transmitidas por el agua. Las niñas y los niños juegan en esta agua, los hogares la utilizan y las personas se enferman. Las malas condiciones de saneamiento y el hacinamiento agravan aún más esta situación.”

Cuando la enfermedad pone en riesgo la vida
Para familias como la de Rakiya Usman, quien vive en el área de gobierno local (LGA, por sus siglas en inglés) de Shinkafi, estos riesgos forman parte de la vida diaria. Su nieto, Auwalu Biliya, enfermó gravemente de fiebre tifoidea tras presentar síntomas en febrero de 2026.
“Lo llevamos al hospital en Shinkafi. Nos dijeron que sus intestinos habían sido afectados”, cuenta. “Nos explicaron que el agua sucia y los alimentos contaminados pueden causar esto.”
Auwalu Biliya desarrolló complicaciones severas y fue remitido al Hospital General apoyado por MSF en el área de gobierno local de Zurmi para una cirugía que le salvara la vida.
“La perforación tifoidea es causada por bacterias transmitidas a través de agua o alimentos contaminados”, explica Adamu. “El tratamiento oportuno es crucial. Cuando el tratamiento se retrasa, el intestino puede perforarse, una condición grave en la que el intestino se rompe. En esa etapa, las complicaciones pueden ser mortales y la cirugía es la única opción.”
Auwalu Biliya logró recibir atención a tiempo, pero muchas otras personas llegan demasiado tarde o no llegan en absoluto, con consecuencias frecuentemente mortales.
Desnutrición y enfermedad: un ciclo peligroso
Mientras las lluvias provocan un aumento de enfermedades, también coinciden con la temporada de escasez, cuando las reservas de alimentos de los hogares se agotan y las nuevas cosechas aún tardan meses en llegar. La desnutrición debilita el sistema inmunológico, haciendo que incluso enfermedades comunes puedan resultar mortales, especialmente entre los niños.
En el estado de Zamfara, MSF trató a 60,566 niños por desnutrición en 2025.
“Todos los grupos se ven afectados”, señala Adamu, “pero los niños menores de 15 años y las mujeres embarazadas son los más vulnerables.”
Para muchos hogares que ya han sido desplazados por la violencia, esta combinación de hambre y enfermedad tiene consecuencias graves y potencialmente mortales.

Barreras para acceder a la atención médica
En este contexto, marcado por el aumento de la desnutrición y la exposición a enfermedades, el acceso oportuno a la atención médica es fundamental. Sin embargo, para muchas personas sigue estando fuera de alcance.
La inseguridad restringe la movilidad, dejando algunas zonas completamente aisladas. Los centros de salud están demasiado lejos, carecen de personal suficiente o no cuentan con el equipamiento necesario. Las carreteras inundadas y los puentes dañados aíslan aún más a las comunidades, mientras que el costo del transporte y de la atención obliga a muchas familias a retrasar la búsqueda de tratamiento o recurrir a cuidados informales.
Saratu, cuya hija Jamila enfermó después de sufrir desplazamientos repetidos, observa cómo la distancia entre ella y la posibilidad de sobrevivir se hace cada vez mayor. El simple acto de buscar atención médica se ha convertido en una odisea. De Tudubali a Shinkafi, el trayecto cuesta diez mil nairas, una cantidad que apenas logró reunir. Sin ese dinero, sabe que el tratamiento sería imposible.
“Vivimos cerca del río y dormimos en el monte. No tenemos mosquiteros”, dice. “Durante la temporada de lluvias, muchos niños contraen malaria. Un niño se recupera y otro se enferma. A veces tres de tus hijos están enfermos al mismo tiempo y no sabes qué hacer.”
La respuesta de MSF durante la temporada de lluvias
En el norte de Nigeria, la organización gestiona directamente o apoya cuatro centros de salud para tratar las enfermedades provocadas por la temporada de lluvias y el aumento estacional de la desnutrición.
La mayoría de las enfermedades y muertes durante esta temporada son prevenibles.
“Las acciones preventivas antes y durante la temporada de lluvias son fundamentales. Fortalecer la sensibilización comunitaria, mejorar el acceso al agua potable y al saneamiento, y garantizar campañas de vacunación oportunas pueden reducir el impacto de las enfermedades”, afirma Adamu. “Los centros de salud también deben contar con el equipamiento y apoyo necesarios para diagnosticar y tratar a los pacientes de manera rápida y eficaz.”
