Desde 2025, Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla en San Pedro Sula, al norte de Honduras, un proyecto enfocado en mejorar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva para adolescentes. A través de clínicas, brigadas móviles y actividades en centros educativos, el equipo brinda atención integral en salud reproductiva y sexual, incluyendo atención médica, psicológica, apoyo de trabajo social y promoción de salud, además de atención integral y urgente para sobrevivientes de violencia sexual, en un contexto donde el acceso a estos servicios continúa siendo limitado.
Por Ángel Sijé Blancarte Ochoa, en entrevista con Sonia García, Referente Médica de Proyecto de MSF en San Pedro Sula
Tras un año de trabajo, la experiencia en terreno ha dejado aprendizajes clave sobre cómo acercar la atención a una población atravesada por el estigma, la desinformación y la violencia. Sonia García Corona, referente médica de proyecto de MSF, reflexiona sobre algunos de ellos.
- Atención integral: un equipo, un mismo mensaje
El abordaje de MSF combina atención médica, salud mental, trabajo social y promoción de la salud bajo una misma estrategia.
Esta articulación permite responder de manera más completa a las necesidades de las adolescencias: desde el acceso a métodos anticonceptivos, hasta el acompañamiento psicológico y la orientación en temas de salud. Más que servicios aislados, se construye un proceso de atención que integra distintas dimensiones del bienestar.
- Construir red: educar a quienes acompañan
El trabajo con adolescentes no puede limitarse a ellas y ellos. Las barreras de acceso también están en su entorno.
Por ello, MSF ha desarrollado sesiones diferenciadas dirigidas a familias, docentes y comunidades educativas, con el objetivo de generar entornos más informados y menos estigmatizantes. Cuando las personas adultas cuentan con información técnica y accesible, se convierten en una red de apoyo que facilita el acceso a la atención y reduce los riesgos.

- La confianza como punto de entrada
En contextos donde la relación con los servicios de salud es limitada o distante, la confianza es un factor determinante.
La presencia continua de los equipos de MSF en los mismos espacios —como centros educativos y puntos comunitarios— permite generar cercanía y reconocimiento. Esto hace que las adolescencias sepan a quién acudir cuando enfrentan una duda o una situación de riesgo.
Esa confianza es clave, especialmente en casos de violencia sexual, donde acudir a un servicio depende no solo de la disponibilidad, sino de la percepción de seguridad y confidencialidad.
- Nombrar es un acto de cuidado: la información como herramienta de prevención
El primer paso de la atención no ocurre en la consulta, sino en la información. En un entorno donde la salud sexual y reproductiva sigue siendo un tema atravesado por el estigma, hablar abiertamente del cuerpo, la sexualidad y los riesgos asociados es una forma de prevención.
La falta de acceso a información clara y confiable expone a las adolescencias a tomar decisiones en contextos de incertidumbre, muchas veces recurriendo a fuentes no seguras. Informar sin prejuicios permite construir herramientas para el autocuidado y fortalecer su capacidad de decisión sobre su propia salud.
- Ampliar el alcance: llegar a quienes quedan fuera
Uno de los principales desafíos es alcanzar a adolescentes fuera del sistema escolar, incluyendo quienes se encuentran en situación de movilidad, trabajan o han abandonado sus estudios.
En zonas como Chamelecón, el trabajo con comunidades ha permitido abrir espacios para que jóvenes no escolarizados puedan acceder a actividades informativas y servicios de salud. Aunque estos avances aún son puntuales, evidencian la necesidad de ampliar el modelo hacia otras zonas donde el acceso sigue siendo limitado.

De la atención al cambio cotidiano
El impacto del trabajo no siempre se mide en cifras, sino en transformaciones cotidianas: cuando una adolescente se acerca por primera vez a pedir información sin miedo; cuando una familia decide acompañar en lugar de juzgar; o cuando una comunidad empieza a hablar abiertamente de temas antes silenciados.
Más allá de la consulta médica, el trabajo con adolescentes implica construir relaciones, generar confianza y abrir espacios donde se logre proporcionar acceso a la salud integralmente.
