Nuestro compañero Alfonso Ramírez es mexicano y trabaja como conductor para Médicos Sin Fronteras. Ha estado con nuestros equipos para responder a varias situaciones y hoy te quiere contar sobre las experiencias que más lo marcaron y cómo es un día en su trabajo.
“Soy Alfonso Ramírez Contreras, desde hace ocho años trabajo como conductor en Médicos Sin Fronteras (MSF).
He tenido la oportunidad de colaborar y llevar asistencia médica y humanitaria en situaciones de emergencia como los terremotos que ocasionaron daños en la Ciudad de México y en algunas comunidades de Oaxaca en el 2017; en inundaciones en la costa de Guerrero y asistiendo a comunidades afectadas por la violencia en la Sierra de Guerrero y Tierra Caliente en Michoacán.
Una de las experiencias de trabajo que más recuerdo fue cuando brindamos asistencia en salud mental a los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, también en Guerrero. Me impactó su sufrimiento y trabajo incansable en la búsqueda de sus hijos.
Actualmente soy parte del equipo de Médicos Sin Fronteras que brinda asistencia a personas migrantes y refugiadas en la frontera norte de México y te quiero contar cómo es un día de trabajo para mí.
Así es mi día a día
Mi principal tarea es transportar en nuestros vehículos a mis compañeros y el equipo necesario para instalar clínicas móviles en nuestros diferentes puntos de atención en Piedras Negras, Ciudad Acuña en Coahuila y en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
Todos los días me aseguro de que los vehículos se encuentran en las mejores condiciones con el fin de que los equipos lleguen a salvo a su destino. Solemos desplazarnos por zonas muy inseguras.

Hoy brindamos atención en Piedras Negras. Aquí llegan cientos de personas que se refugian en tiendas de campaña en medio del desierto en espera de poder cruzar a Estados Unidos y solicitar asilo.

Como las condiciones climáticas son muy extremas, distribuimos kits con mantas, guantes y gorros para que las personas que están aquí puedan protegerse de temperaturas bajo cero.

A nuestras clínicas llegan muchas familias con niñas y niños pequeños, hombres y mujeres que, después de haber cruzado varios países y sorteado toda clase de peligros, se encuentran con muchas necesidades médicas y básicas como agua potable, refugio, comida y abrigo.
Otra de las cosas que más me gustan de mi trabajo es ofrecer nuestros servicios de medicina, psicología y trabajo social a las personas a las que atendemos. Poder ofrecerles ayuda es lo que más me motiva.

Un poco sobre mí
Mi familia vive en Acapulco, Guerrero. El mar es el sitio donde más me gusta estar. Luego de largas misiones con MSF no hay mejor lugar que estar con la familia. Es duro estar fuera de casa, sobre todo en fechas importantes como cumpleaños y fiestas. Trabajando con MSF, a veces tenemos que festejarlos estando lejos, pero mis compañeros me “apapachan” * y se hace más fácil.
Nuestro equipo es muy unido, entre todos nos cuidamos. Eso es algo que se me da bien, cuidar de ellos, prepararles un café cuando hace frío, ver qué necesitan para que puedan hacer mejor su trabajo, brindar una atención de calidad a todos nuestros pacientes.
*Palabra de origen náhuatl. Significa “abrazar con el alma”.