El 6 de junio, una trabajadora de la salud fue interceptada por representantes del Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio (PVPV) cuando se dirigía al Hospital Regional de Herat, donde trabajaba en el departamento de pediatría apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF). Iba acompañada de su esposo. Se le acusó de no cumplir con el código de vestimenta impuesto a las mujeres en el país. Permaneció detenida durante dos días y finalmente fue puesta en libertad el 8 de junio tras tener que firmar —junto con su esposo y otros miembros de su familia— un compromiso por escrito de llevar en el futuro un tipo específico de atuendo impuesto por el PVPV.
En MSF mostramos indignación por la detención y el encarcelamiento de una de nuestras trabajadoras en el marco de la aplicación de las normas de vestimenta en la ciudad.
Este incidente no es un caso aislado. Las mujeres en Afganistán ya se enfrentan a restricciones muy severas en cuanto a la libertad de movimiento y el acceso a la vida pública, lo que tiene consecuencias directas en el acceso a la atención y la prestación de servicios sanitarios en todo el país.
Tenemos conocimiento de informes según los cuales, durante la última semana, un gran número de mujeres han sido detenidas por representantes del PVPV en Herat. El 9 de junio, una manifestación contra las restricciones impuestas a las mujeres fue dispersada violentamente por la policía, que utilizó armas de fuego, palos y látigos, lo que provocó varias personas heridas y nuevas detenciones.

Desde 2021, las mujeres en Afganistán han resultado cada vez más excluidas de la vida pública. Se les prohíbe acceder a la educación secundaria y superior, trabajar en muchos puestos públicos y humanitarios, tienen acceso limitado a la atención médica y se las excluye de los espacios públicos.
Las medidas adicionales dirigidas a las mujeres, como la obligación de llevar burka y la exigencia de ir acompañadas de un mahram (tutor masculino) cuando salen de casa, dificultan aún más el acceso a servicios médicos esenciales y limitan la capacidad del personal de la salud femenino para brindar asistencia. Estas restricciones afectan de manera desproporcionada a las mujeres, niñas y niños, que a menudo dependen del personal médico femenino para recibir una atención segura y respetuosa con la cultura local.
El personal femenino sigue siendo fundamental para el trabajo de Médicos Sin Fronteras en Afganistán. MSF gestionamos actualmente siete proyectos en siete provincias, brindando atención en materia de maternidad, pediatría, traumatología y tuberculosis. Las mujeres constituyen el 45% del personal de enfermería que trabaja para MSF en el país. En los proyectos centrados en maternidad representan más de la mitad de la plantilla y son esenciales para brindar atención en espacios clínicos exclusivos para mujeres.
