La crisis de desnutrición provocada por Israel en Gaza tuvo un impacto devastador en las mujeres embarazadas, lactantes y recién nacidos durante los periodos de intensas hostilidades y asedio, como el que vivió Gaza a mediados de 2025, según un análisis de datos médicos publicados por Médicos Sin Fronteras (MSF).
Relacionamos estos resultados con el bloqueo israelí de bienes esenciales y los ataques contra la infraestructura civil, incluyendo las instalaciones médicas. La inseguridad, los desplazamientos, las restricciones a la ayuda y el acceso limitado a alimentos y atención médica han tenido consecuencias devastadoras para la salud materna y neonatal. MSF advierte de que la situación sigue siendo extremadamente frágil a pesar del llamado alto al fuego e instamos a las autoridades israelíes a que permitan de inmediato la entrada sin obstáculos de la ayuda y los suministros vitales.
Lee los testimonios de pacientes y personal de Médicos Sin Fronteras en Gaza.
“Nos alimentamos principalmente de conservas… Intentamos conseguir comida para nuestros hijos los viernes, para poder darles una alegría“
Sahar Nafez Salem, mujer de 24 años.

“Antes vivía en Al-Sharqiya, pero ahora estoy desplazada en Jan Yunis. Vivo en una tienda de campaña con mis hijos. Llevamos desplazados aproximadamente un año. Hemos sufrido mucho durante la guerra. Es muy agotador para una mujer embarazada. Dependemos del comedor social. Comemos allí y guardamos algo para la cena. Cuando me hicieron las pruebas de embarazo, también descubrieron que padecía desnutrición. Las condiciones de vida en las tiendas son difíciles en todos los sentidos: las pulgas y los insectos se han propagado mucho, y hay arena por todas partes.
Rara vez compramos cosas en el supermercado; dependemos principalmente de conservas, arroz, lentejas y garbanzos cuando están disponibles. A lo largo de la semana intentamos conseguir el almuerzo para nuestros pobres hijos todos los viernes, para poder darles alegría, pero durante toda la semana, casi todo proviene de los comedores sociales. Sinceramente, el sabor no es muy bueno y no es fresco ni natural. La última vez que recibí ayuda fue durante el Ramadán. Cuando se acabó el pan, la harina y el arroz… y las cantidades eran muy pequeñas, se las dejamos solo a los niños pequeños, y los adultos solo comimos una vez. Ahora la situación está mejorando un poco. Hay arroz y lentejas… Otras cosas, como las verduras, son caras. No podemos conseguirlas siempre. Así que a veces pasamos meses sin verduras”.
*Testimonio recogido en abril de 2026
“Hoy en día, un joven como yo no puede llevar nada a sus hijos, no puede llevarles comida ni bebida”
Mahmoud Hamza Badr Shabana, hombre de 29 años.

“Soy originario de Rafah. Llevo dos años desplazado en Jan Yunis. Tenemos dificultades para conseguir agua, comida, bebida, pañales y leche para el niño. No hay trabajo. Vivimos desplazados en una tienda de campaña: mi esposa, mi hijo y yo. Descubrimos que padecía desnutrición cuando tenía dos meses. Carecemos de alimentos congelados y de comidas calientes.
Cuando necesito algo, salgo y consigo lo que puedo para mi familia. Pido prestado a mis vecinos. Desde el día que salimos de Rafah, solo he recibido una caja de comida y un saco de harina una vez. No puedo permitirme comprar comida porque es muy cara. Hoy en día, un joven como yo no puede llevar nada a casa para sus hijos, ni comida ni bebida. A pesar del alto al fuego, la vida sigue siendo muy difícil. Durante la hambruna, fue el peor periodo: no encontrábamos nada y mi mujer estaba embarazada. Todos los días comíamos lentejas. No había pan, ni harina, nada. Lo superamos, gracias a Dios que pasó. Hasta ahora, mi esposa y mi hijo siguen en seguimiento por desnutrición”.
*Testimonio recogido en abril de 2026
“Llevamos mucho tiempo sin comer nada nutritivo y el bebé no recibe suficiente leche de mí”
Samar Abu Mustafa, mujer de 32 años.

“Soy de Abasan al-Kabira, en el este. Después de que nos desplazaran, nuestra situación se volvió muy difícil. Mi situación económica es desesperada. La casa y la ropa de mis hijas han desaparecido. Estoy estresada, psicológicamente agotada. La guerra nos ha destrozado a todos. En los primeros meses del embarazo, me diagnosticaron desnutrición. Empecé a acudir a una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) para el seguimiento. El bebé tiene ahora tres meses y no sé cómo voy a conseguir pañales y leche, ni cómo voy a dar de comer a mis otras hijas. No hay ingresos ni ayuda. Mi vista es débil y el primer día que nos desplazamos la metralla me hirió el pulmón. A mi esposo lo atropelló un coche por error y resultó herido.
No hay nada más que los paquetes de alimentos del Programa Mundial de Alimentos y los comedores comunitarios. Cada seis meses, quizá recibamos un paquete de alimentos. Apenas es suficiente. Todo es arroz y lentejas. Nos vemos obligados a comer lo que tengamos delante. Vivimos en un almacén, hacinadas cinco familias en un espacio reducido. Al menos hemos dejado de estar desplazadas y nos hemos establecido. Hace mucho tiempo que no comemos nada nutritivo y el bebé no recibe suficiente leche de mí, así que me veo obligada a darle leche de fórmula, pero no tengo dinero para comprarla. Solo me queda una lata de leche”.
*Testimonio recogido en abril de 2026
“Dependemos principalmente de la comida del comedor comunitario”
Hiba, mujer de 29 años
“Tengo cuatro hijos: el mayor tiene 9 años y el menor, 6 meses. Llevamos viviendo en una tienda de campaña desde que empezó la guerra. Di a luz a mi hijo menor durante la guerra, en un momento en el que había muy poca comida. Estuve embarazada durante el periodo de hambruna y no había suficiente comida para mí. Intentaba hacerme revisiones de embarazo en la clínica cuando podía. A veces me hacían ecografías y otras veces me daban suplementos, pero solo cuando había disponibles.
Mi hijo menor sufre ahora de desnutrición. Intento seguir las instrucciones que me dan los médicos. Tres de mis hijos enfermaron recientemente de una infección viral. Hoy solo he traído a uno de ellos a la clínica porque no podía traerlos a todos. No hay transporte y me resulta muy difícil desplazarme con varios niños a la vez. Mi esposo está actualmente detenido, así que soy la única responsable de los niños. Dependemos principalmente de la comida de la cocina comunitaria. Mi hermano a veces va a recoger comida para toda la familia. Me resulta muy difícil comprar productos de higiene o ropa. Si tengo un poco de dinero, puedo comprar algo en el mercado, pero la mayoría de las veces no me lo puedo permitir”.
*Testimonio recogido en febrero de 2026

“Mi hijo menor murió a los cinco meses debido a una desnutrición grave”
Mona, mujer de 23 años
“Cuido de tres hijos. Mi hija mayor tiene tres años y mi hijo menor murió a los cinco meses debido a una desnutrición grave durante la guerra. Durante el embarazo sufrí desnutrición, diarrea y debilidad. Vivo con mi familia en una casa destruida en parte. Mi esposo ya no trabaja; antes era pescador y tenía una pequeña barca y una red, que los bombardeos israelíes destruyeron. No tenemos ingresos fijos, pero mi esposo se encarga de conseguir agua y artículos de primera necesidad. Mi familia depende en gran medida de mi suegro para que nos proporcione pañales, leche y bienes básicos. Luchamos contra la desnutrición y las malas condiciones de vida. Espero poder poner en marcha un pequeño proyecto que genere ingresos para mantener a mi familia”.
*Testimonio recogido en marzo de 2026
“Durante el embarazo, sufrí desnutrición. Mi hija sufre desnutrición”
Huda, mujer de 33 años
“Soy madre de tres hijos: una hija de 13 años, un hijo de 4 años y una hija de 7 meses. Vivimos en una tienda de campaña en la zona de Baraka, en Deir al Balah. Mi hija va a buscar agua y comida para la familia porque mi esposo no puede cargar objetos pesados ni realizar estas tareas domésticas. Durante el embarazo, sufrí desnutrición. Di a luz por cesárea en el Hospital Al Helou en plena guerra. Mi hija menor sufre desnutrición y problemas respiratorios, agravados por las noches frías y húmedas en la tienda. Yo padezco una deformidad congénita en los pies, problemas oculares crónicos e hipertensión arterial.
Dependo de la ayuda humanitaria para conseguir pañales y leche de fórmula. Cuando no hay ayuda disponible, me cuesta mucho cubrir las necesidades básicas de mis hijos. Mi hija pequeña sufrió recientemente vómitos y diarrea, y después padeció una infección respiratoria que requirió varias visitas al hospital. En la tienda hay mucha humedad, lo que favorece las infecciones cutáneas y las afecciones fúngicas. A pesar de estas dificultades, cuido de los niños y sigo las recomendaciones médicas, pero la dependencia de mi familia de la ayuda humanitaria y las malas condiciones de vida afectan a nuestra salud y bienestar”.
*Testimonio recogido en marzo de 2026
“A pesar del alto al fuego, seguimos viendo llegar a nuestras clínicas a personas con desnutrición”
Dr. Mohammed Mahmoud Abu Tayyem, pediatra de MSF en Gaza.

“Trabajo como pediatra de MSF en la clínica Al-Attar. Atiendo a mujeres embarazadas y lactantes, así como a niños y niñas afectados por la desnutrición, enfermedades cutáneas directamente relacionadas con la desnutrición y complicaciones como enfermedades gastrointestinales, resfriados e infecciones respiratorias, como bronquitis y neumonía.
Al principio [de la guerra], la desnutrición era algo impreciso —incluso desconocido— para la gente. Nos sorprendió la aparición de los primeros síntomas y empezamos a evaluar a los niños para detectar la desnutrición. Muchos factores han llevado a esta situación, pero el principal es la seguridad: las personas no estaban a salvo y se veían desplazadas una y otra vez. Lo perdieron todo: casas, pertenencias, comida. Hubo un periodo en el que se cerraron los pasos fronterizos hacia Gaza, por lo que no había alimentos disponibles. El miedo, los bombardeos y el desplazamiento afectaron a la salud mental de las familias palestinas y a su nutrición.
A principios de 2024 empezamos a detectar muchos casos de desnutrición entre los grupos más vulnerables. Al principio, la mayoría de los pacientes también padecían enfermedades crónicas, inmunitarias, genéticas y del sistema nervioso, o trastornos congénitos. Luego empezamos a ver pacientes que no padecían ninguna otra enfermedad. Esto era una señal de peligro: cualquier niñoo niña, incluso si su salud era normal, podía desarrollar desnutrición.
Había un niño que presentaba hinchazón en todo el cuerpo, lo que indica el grado más grave de desnutrición. Tres meses antes, durante el periodo de hambruna severa, sus padres habían perdido a otro hijo que presentaba los mismos síntomas, y estaban muy asustados.
Los pacientes con desnutrición pueden mejorar tan pronto como comienzan el tratamiento. Tras darles de alta, les hacemos un seguimiento para evitar una recaída.
A pesar del alto al fuego, seguimos viendo llegar a nuestras clínicas a personas con desnutrición.
“Muchas mujeres alimentan primero a sus familias y comen lo que queda, si es que queda algo”
Marina Pomares, coordinadora médica de MSF para Palestina.
“Durante los últimos dos años y medio, la situación en Gaza se ha caracterizado por un deterioro continuo de los servicios esenciales, incluyendo los mercados, la atención médica y el acceso a productos básicos, junto con una crisis económica cada vez más grave que afecta a la capacidad de las familias para mantenerse de forma independiente. A medida que los recursos se han ido volviendo cada vez más escasos, las familias han adoptado mecanismos para sobrevivir, a menudo dando prioridad a los hombres y a los niños frente a las madres a la hora de distribuir los limitados alimentos. Muchas mujeres, incluidas las propias compañeras de MSF, informan de que, si solo hay una pequeña cantidad de comida disponible, alimentan primero a sus familias y se comen lo que queda, si es que queda algo. Este patrón de sacrificio entre las madres se ha acentuado con el tiempo.

La situación empeoró significativamente tras la ruptura del alto al fuego entre marzo y mayo de 2025, cuando la entrada de suministros en Gaza se vio gravemente interrumpida, en particular la de alimentos. Durante los meses siguientes, la disponibilidad de alimentos en los mercados se volvió extremadamente limitada y los precios subieron más allá de lo que muchas familias podían permitirse. Este periodo coincidió con la publicación de alertas sobre el riesgo de hambruna. Al mismo tiempo, los equipos de MSF observaron un fuerte aumento de los ingresos en los centros de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados y en los programas de nutrición ambulatorios, especialmente entre las mujeres embarazadas y lactantes.
Los ingresos alcanzaron su punto álgido alrededor de julio de 2025, registrando el mayor número de casos de desnutrición. Este aumento se debió tanto a la falta de alimentos como a los precios prohibitivamente altos. Aunque la disponibilidad de alimentos mejoró posteriormente, el acceso siguió viéndose limitado por los altos niveles de violencia, lo que restringió la capacidad de la población para llegar de forma segura a los puntos de distribución de alimentos.
Desde ese periodo de pico máximo, la situación se ha estabilizado en cierta medida. Con el aumento de la entrada de alimentos en Gaza, los datos recientes muestran una disminución en el número de mujeres inscritas en programas de nutrición. Sin embargo, la crisis ya ha tenido consecuencias importantes. La desnutrición entre las mujeres embarazadas aumenta el riesgo de complicaciones durante el embarazo y el parto, así como la probabilidad de partos prematuros. Si bien hay indicios de estos riesgos, los datos disponibles no permiten sacar conclusiones definitivas que relacionen la desnutrición materna con resultados específicos de salud infantil.
Más allá de la salud física, la crisis ha tenido un profundo impacto psicológico en las mujeres. Muchas sufrieron un estrés extremo, no solo debido a la inseguridad alimentaria, sino también porque los miembros masculinos de la familia se enfrentaban a riesgos importantes al intentar conseguir alimentos en los centros de la Fundación Humanitaria de Gaza. Esto generó una carga emocional adicional, que incluía sentimientos de culpa y ansiedad. Los equipos de MSF también observaron un aumento del número de abortos espontáneos durante este periodo, identificándose el estrés como un factor contribuyente”.
“En medio de la crisis actual, promover y apoyar la lactancia materna es una intervención que salva vidas”
Charlotte Oliveira, responsable de análisis de la Unidad de Evaluación de MSF en Viena
“En medio de la actual crisis humanitaria de Gaza, promover y apoyar la lactancia materna puede salvar vidas. En situaciones de emergencia, el uso de sustitutos de la leche materna, como la leche de fórmula, debe seguir unas directrices estrictas, ya que la escasez de suministros y el agua no potable hacen que su uso sea arriesgado.
En octubre de 2024, MSF puso en marcha una intervención nutricional dirigida a bebés menores de 6 meses con riesgo de sufrir retrasos en el crecimiento y el desarrollo, así como a sus madres y cuidadores. En 2025, realizamos un análisis en los centros de atención primaria de salud apoyados por MSF de Al-Attar y Al-Mawasi, en Jan Yunis, en el que participaron 513 bebés. De los bebés de los que obtuvimos información, la mayoría recibía alimentación mixta y solo el 11% era alimentado exclusivamente con leche materna.
Según el personal entrevistado, las madres y los cuidadores señalaron que se enfrentaban a dificultades relacionadas con la falta de conocimientos sobre el manejo de los problemas nutricionales y con barreras fisiológicas y psicológicas vinculadas a la desnutrición materna, el estrés o la enfermedad. También mencionaron problemas logísticos, como vivir en refugios sobrepoblados sin privacidad y la interrupción de los apoyos para la lactancia materna. Las creencias erróneas y la desinformación también tuvieron un impacto. Por ejemplo, pensar que no producen suficiente leche si su bebé llora mucho suele llevar a las madres a complementar con leche de fórmula o alimentos sólidos, [lo que a su vez afecta negativamente a su producción de leche materna]. Algunas madres evitaban amamantar cuando tenían un resfriado o fiebre, por miedo a transmitir la infección al bebé. Otras pensaban que la lactancia materna no era suficiente para que el bebé ganara peso.
Los equipos de Médicos Sin Fronteras habilitaron espacios seguros para madres y bebés dentro de estos centros de atención primaria. Nuestro personal informó de que los principales problemas para llevar a cabo estas actividades se debían a la inseguridad y a las limitaciones de acceso. A pesar de estos retos, la experiencia fue muy positiva: la mayoría de las madres y cuidadoras mostraron una gran disposición a aplicar las recomendaciones relacionadas con la lactancia materna y la nutrición si recibían una explicación clara y apoyo práctico”.
