En el marco de la visita de alto nivel a Bunia, en la provincia de Ituri de la República Democrática del Congo (RDC), del Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus; compartimos las declaraciones de nuestro director adjunto de operaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF), Alan González, sobre la situación actual en la RDC.
“Dos semanas tras la declaración del brote de Ébola en la provincia de Ituri, la situación es profundamente alarmante y motivo legítimo de inquietud tanto para las comunidades como para el personal sanitario de primera línea.
Nunca antes un brote de Ébola había registrado tantos casos tan poco tiempo después de su declaración.

Al igual que todos los habitantes de las zonas afectadas, los equipos de MSF son testigos de una respuesta que aún no ha logrado seguir el ritmo de la rápida propagación de la epidemia. A diferencia de la mayoría de los brotes anteriores de Ébola, éste está causado por el virus Bundibugyo, para el que no existen vacunas aprobadas ni tratamientos específicos, y que resulta especialmente difícil de diagnosticar debido a la limitada capacidad de realización de pruebas.
La realidad actual es que nadie conoce la verdadera magnitud y gravedad de este brote.
Cada día se notifican nuevos casos sospechosos, pero cientos de muestras siguen sin analizarse. Al mismo tiempo, importantes restricciones, como el cierre de fronteras y aeropuertos, siguen retrasando la llegada de suministros médicos esenciales, ayuda humanitaria y personal especializado.
Sabemos por experiencia que estas medidas dificultan gravemente la respuesta al brote y aíslan a los países que necesitan urgentemente apoyo internacional. Este brote está dejando dolorosamente claras esas consecuencias.
El número de organizaciones médicas especializadas que están respondiendo sobre el terreno sigue siendo demasiado limitado, y el nivel de apoyo que se está brindando -incluido el nuestro- dista mucho de lo que se necesita. La población necesita urgentemente una respuesta que esté a la altura de la magnitud de la crisis a la que se enfrenta.
Para lograr un control, aunque sea parcial, de la situación es imprescindible ampliar de inmediato la capacidad de realización de pruebas. Esto debe ir acompañado de una ampliación rápida, coordinada y adaptada de la respuesta global, con el apoyo de organizaciones médicas y humanitarias con experiencia, así como de un acceso garantizado y sostenido que permita la rápida entrada de suministros médicos y personal humanitario en las zonas afectadas.
Este brote se está desarrollando en un contexto en el que las necesidades médicas ya son acuciantes, y ahora corremos un riesgo real de que se produzca una escalada silenciosa de otros problemas de salud críticos a los que la población se enfrenta a diario.
Muchos centros de salud están desbordados, y el acceso a la atención sanitaria habitual, no relacionada con el Ébola, se ve afectado, mientras que muchas personas permanecen en sus hogares, demasiado asustadas para buscar atención. La respuesta no puede tener éxito si se impone a las comunidades en lugar de construirse con ellas.
Cada aspecto de la respuesta debe basarse en un compromiso continuo con las comunidades: escuchar sus preocupaciones, abordar el miedo y la desinformación, y generar confianza para que las personas se sientan seguras al buscar atención. La confianza y la participación activa de la comunidad son esenciales para controlar la propagación de la enfermedad y salvar vidas. Y la eficacia de la respuesta dependerá, en última instancia, de si las personas creen en ella”.
