El agua es vida: Seguridad hídrica y salud pública en un clima cambiante

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4 de septiembre de 2026

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El equipo de agua y saneamiento en Kiribati.
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  • MSF evalúa las necesidades de agua y saneamiento de las escuelas de Abaiang, Kiribati, como parte de su respuesta a enfermedades sensibles al clima.
  • Para Mila Tirikai, supervisor WASH de MSF y originario de Kiribati, trabajar en Abaiang tiene un significado profundamente personal: es su propia comunidad.

En la escuela primaria de Tabontebike, situada en el remoto atolón de Abaiang, en Kiribati, suena la campana que anuncia el comienzo del recreo. Los niños y niñas salen en tropel de las aulas y corren descalzos, atravesando la humedad de media mañana, hacia la sombra de los árboles de la fruta del pan.

El equipo de agua y saneamiento (WASH) de MSF trabaja estrechamente con la comunidad para mejorar la infraestructura de lavado en escuelas primarias, comunidades y clínicas de salud en Abaiang.
El equipo de agua y saneamiento (WASH) de MSF trabaja estrechamente con la comunidad para mejorar la infraestructura de lavado en escuelas primarias, comunidades y clínicas de salud en Abaiang. © Diana Worman/MSF

Cerca de allí, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) se reúne bajo un aula tipo buia. Esta estructura elevada, construida con madera de cocotero y techo de hojas de palma, ofrece sombra y ventilación frente al calor de la isla. El equipo ha acudido para reunirse con el director y evaluar las necesidades de agua y saneamiento del centro escolar.

Mila Tirikai, supervisor de agua y saneamiento (WASH) de MSF y originario de Kiribati, lidera estas conversaciones. Nacido en Tarawa —la capital del país— y con raíces familiares en Abaiang y Beru, Mila conoce a fondo la vida en estas remotas comunidades insulares. MSF colabora estrechamente con las comunidades de Abaiang como parte de un enfoque más amplio frente a las enfermedades sensibles al clima, abordando tanto las enfermedades no transmisibles (especialmente en mujeres, niñas y niños) como un proyecto singular de gestión de residuos sanitarios.

Para Mila, esta labor tiene un carácter profundamente personal: se trata de su propia comunidad.

En Tabontebike, el acceso a un suministro de agua fiable condiciona la vida cotidiana. Al no existir una red pública de abastecimiento, las comunidades dependen de pozos de aguas subterráneas poco profundas o de la recolección de agua de lluvia para cubrir sus necesidades diarias de consumo.

Supervisor de agua y saneamiento (WASH) de MSF, Mila Tirikai. Kiribati, 2026.
Supervisor de agua y saneamiento (WASH) de MSF, Mila Tirikai. Kiribati, 2026. © Diana Worman/MSF

Sin embargo, el cambio climático está comprometiendo cada vez más estas fuentes de agua, de por sí frágiles. El aumento del nivel del mar empuja el agua salada hacia la fina capa de agua dulce situada bajo la isla, volviendo salada el agua subterránea. Las sequías estacionales y las precipitaciones impredecibles provocan que los depósitos de agua de lluvia se agoten con mayor frecuencia; por otro lado, las inundaciones y los aguaceros intensos —como los previstos para este año debido al fenómeno de El Niño— pueden desbordar los sencillos sistemas de saneamiento y contaminar los pozos poco profundos.

Para los alumnos de Tabontebike, esto se traduce en una incertidumbre creciente: el agua que obtienen cada día —ya sea de un pozo o de un depósito de lluvia— puede resultar demasiado salada para beber, estar contaminada o, simplemente, no estar disponible en la cantidad necesaria. El avance gradual del cambio climático está transformando silenciosamente la vida cotidiana de niños y niñas.

Sin embargo, para los habitantes de Kiribati esto no es un desafío nuevo; llevan décadas enfrentándose a los efectos del cambio climático y abogando por que se tomen medidas al respecto.

“Desde pequeño me enseñaron que el cambio climático es uno de los enemigos naturales de Kiribati, no solo porque afecta a nuestra vida diaria, sino porque carecemos de los recursos para combatirlo”.

-Mila Tirikai, supervisor de agua y saneamiento de MSF

“El nivel del mar ha subido, inundando hogares y erosionando nuestra costa. Nuestros pozos se han vuelto salinos y cultivos tradicionales como el bwabwai [taro gigante de pantano] se están perdiendo. El clima se ha vuelto impredecible, con vientos más fuertes, sequías más prolongadas y lluvias torrenciales repentinas”, continúa.

“Cuando el agua segura escasea o su suministro no es fiable, la gente puede verse obligada a depender de pozos contaminados o de agua almacenada en malas condiciones, lo que aumenta el riesgo de enfermedades diarreicas, deshidratación, infecciones cutáneas y otros problemas de salud”, señala.

El equipo de agua y saneamiento (WASH) de MSF visita la escuela primaria Tabontebike en Abaiang, Kiribati.
El equipo de agua y saneamiento (WASH) de MSF visita la escuela primaria Tabontebike en Abaiang, Kiribati. © Diana Worman/MSF

En primera línea

Pocas personas sabrían ubicar Kiribati en un mapa; sin embargo, el país se encuentra en la primera línea de la crisis climática. Kiribati es una de las naciones más vulnerables al clima del mundo; su territorio se extiende a lo largo de 3,5 millones de kilómetros cuadrados del Pacífico, abarcando 32 atolones de baja altitud y la isla elevada de fosfato de Banaba. Sus 138,000 habitantes viven en estrechas franjas de tierra situadas a pocos metros sobre el nivel del mar, dependiendo de frágiles sistemas naturales para obtener agua y alimentos frescos. El cambio climático y la degradación ambiental no son una amenaza existencial teórica, sino una realidad que desafía el determinante de salud más básico: el acceso al agua segura.

La fiabilidad y la seguridad del agua potable repercuten directamente en la salud. Cuando las fuentes de agua no son seguras para el consumo, las comunidades sufren mayores tasas de enfermedades diarreicas, infecciones cutáneas y otras dolencias transmitidas por el agua, las cuales resultan especialmente peligrosas para los niños, las mujeres embarazadas y las personas mayores. Las crecientes presiones ambientales en Kiribati —como el aumento del nivel del mar y de las temperaturas, las sequías, la degradación de la tierra, la inseguridad alimentaria y el aislamiento extremo— agravan una situación de salud pública ya de por sí frágil.

Mila no tiene dudas sobre el profundo impacto que esto tiene en la salud de la comunidad:

-“El agua es vida”, afirma.

-“Es la sobrevivencia misma. He sido testigo directo de cómo la escasez de agua y el acceso limitado afectan a comunidades enteras, y Kiribati es un ejemplo patente de ello”.

“Cuando las escuelas y los centros de salud no pueden contar con agua limpia y suficiente —continúa—, la prevención y el control de infecciones, la salud materna infantil y el tratamiento de enfermedades diarreicas y cutáneas se vuelven más precarios”.

Te maraia, te buaka, te rongo

Para Mila, el cambio climático… No es algo abstracto. Él lo describe utilizando términos de Kiribati como: te maraia (sequía), te buaka (vientos fuertes y oleaje intenso) y te rongo (cuando la tierra parece carecer de vida).

-“Estos cambios no ocurren de forma aislada, sino que se acumulan unos sobre otros, y eso es lo que dificulta la vida de nuestras comunidades”, afirma.

-“Cuando la lluvia no llega durante un periodo prolongado, nuestros cultivos sufren y las familias empiezan a preocuparse por si tendrán suficiente comida”, continúa.

“Luego, cuando por fin llega la lluvia, a menudo lo hace con demasiada fuerza y ​​rapidez, inundando las mismas fuentes de agua de las que dependemos y dejándolas turbias y no aptas para el consumo. Y como las islas periféricas rara vez cuentan con recursos para tratar o limpiar esta agua, las familias suelen quedarse con pocas opciones seguras”.

Existe un consenso científico abrumador de que el cambio climático está provocando fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos, como olas de calor, inundaciones, sequías y tormentas. Una isla remota como Abaiang se encuentra entre las más vulnerables a estos impactos.

-“Te buaka (los vientos fuertes y el oleaje intenso) conlleva sus propias dificultades», señala Mila.

-“Provocan marejadas potentes que erosionan nuestras costas, inundan viviendas y dañan los pozos de los que dependemos para obtener agua dulce. Como nuestras islas son tan estrechas, no hay espacio hacia donde pueda retroceder la tierra. Cuando perdemos un pozo, una casa o un tramo de tierra a manos del mar, no es algo que podamos recuperar fácilmente”.

Sistemas de salud resilientes al clima

La labor de MSF en Abaiang tiene un objetivo sencillo: fortalecer sistemas de salud resilientes al clima y abordar los principales desafíos de salud de la comunidad. Estas actividades se llevan a cabo en estrecha colaboración con el Ministerio de Salud y Servicios Médicos (MHMS) y, en particular, con el personal sanitario local que trabaja en zonas remotas. Mila y el equipo de WASH (agua, saneamiento e higiene) apoyan un programa para fortalecer la infraestructura hídrica en escuelas, comunidades y centros de salud mediante la protección de las aguas subterráneas, la mejora de la captación y el almacenamiento de agua de lluvia, la modernización de las instalaciones de saneamiento y el apoyo a fuentes fiables de agua potable.

Para orientar esta labor, MSF adopta un enfoque basado firmemente en evidencias con el fin de comprender los recursos de agua dulce de Abaiang. Las precipitaciones constituyen la única fuente de recarga para las lentes de agua dulce de las islas, lo que hace que el suministro de agua sea más vulnerable. Comprender cómo fluye el agua bajo tierra es fundamental para obtener una visión más amplia de la cantidad y calidad de las aguas subterráneas; esto permitirá determinar qué tipo de sistema hídrico puede mantenerse de manera realista en un entorno tan remoto.

Una evaluación hidrogeológica reciente utilizó la técnica de tomografía de resistividad eléctrica (ERT) para investigar el subsuelo y caracterizar la lente de agua dulce y las capas geológicas subyacentes. Un hidrogeólogo cartografió las capas subterráneas colocando una línea de electrodos en el terreno. Al transmitir una pequeña corriente eléctrica a través del suelo y medir su propagación (dado que la electricidad se desplaza de forma distinta a través del agua, el suelo y la roca), el equipo generó un “corte” bidimensional del subsuelo, obteniendo imágenes detalladas de las zonas donde se almacena el agua dulce.

Posteriormente, el equipo realizó pruebas de infiltración para determinar la rapidez con la que el suelo “bebe” o absorbe el agua, un parámetro conocido como conductividad hidráulica. Esto aportó información crucial sobre la velocidad a la que el agua se filtra hacia la lente, datos que ayudan a fundamentar las decisiones sobre la extracción sostenible de aguas subterráneas.

Insertar explicación sobre hidrogeología: MSF380067

Los resultados revelaron que los pozos poco profundos excavados a mano —muy utilizados en toda la isla— son altamente vulnerables a la contaminación y, a menudo, poco fiables. Estos hallazgos respaldan los análisis continuos de calidad del agua que realiza MSF para medir cómo los cambios ambientales afectan a la calidad del agua de los pozos. Mediante pruebas de salinidad y detección de bacterias coliformes, el equipo identifica las zonas con mayor riesgo de contaminación y cartografía los resultados utilizando tecnología de Sistemas de Información Geográfica (SIG). Se detectó contaminación en varios pozos de agua dulce, lo que demuestra la gran vulnerabilidad de las aguas subterráneas cuando no están protegidas o no se recargan mediante ciclos naturales.

La protección de la lente de agua dulce y la gestión cuidadosa de la extracción de aguas subterráneas son esenciales para preservar este recurso a largo plazo. El enfoque de MSF adopta una perspectiva multidimensional de los sistemas hídricos: vincula la disponibilidad y calidad del agua subterránea con los riesgos de contaminación, las presiones climáticas, los cambios demográficos, las limitaciones de la infraestructura y las formas en que la población accede al agua y la utiliza. El desafío consiste, pues, en traducir esta evidencia en un suministro de agua sostenible, reconociendo que las soluciones que funcionan en otros lugares podrían no ser sostenibles en la práctica en Abaiang.

Por consiguiente, una respuesta resiliente al clima en este contexto debería integrar el uso protegido de aguas subterráneas, la extracción y el tratamiento cuidadosamente gestionados, la captación de agua de lluvia y una gestión del agua liderada por la comunidad, todo ello en el marco de sistemas que puedan mantenerse a largo plazo.

A partir de esta evidencia, MSF y los miembros de la comunidad colaboran …para rehabilitar pozos situados cerca de escuelas y clínicas, empleando adaptaciones sencillas como cubrir las fuentes de agua abiertas, mejorar el drenaje, instalar y mantener sistemas de recolección de agua de lluvia y crear comités de higiene para proteger estos recursos vitales.

El apoyo y los conocimientos de la comunidad son fundamentales, subraya Mila: “Las observaciones a largo plazo de los residentes —como los cambios en el sabor o en los niveles del agua, o el hecho de haber evitado históricamente ciertas fuentes— ayudaron a validar los hallazgos técnicos y, en algunos casos, permitieron identificar problemas antes de que se confirmaran formalmente mediante el mapeo”, afirma.

Un llamado a la acción

A medida que se acerca la COP31, cobra cada vez más fuerza la urgencia de reconocer y fortalecer el vínculo entre el cambio climático y la salud.

La interconexión entre el clima y la salud es innegable. Las enfermedades sensibles al clima, como las enfermedades diarreicas, las infecciones cutáneas y las enfermedades transmitidas por vectores, están relacionadas con la escasez de agua, las inundaciones y el saneamiento deficiente. Estos impactos en sistemas de salud ya de por sí frágiles están ocurriendo ahora mismo. Una acción climática firme, mediante la reducción de emisiones y la adaptación de los sistemas de salud, se traduce en mejores resultados sanitarios para todos.

Las decisiones de la COP son importantes porque influyen en el entorno en el que operan las comunidades y los sistemas de salud. Esto puede determinar si Kiribati y otros Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) disponen de los recursos necesarios para prepararse ante los desafíos climáticos; sin embargo, esto solo es posible si la salud se considera un elemento central en la toma de decisiones sobre la acción climática.

“Quiero que los líderes mundiales comprendan que, en Kiribati, el cambio climático, el agua y la salud están directamente relacionados”, afirma Mila.

Lecciones de Abaiang

En la escuela primaria de Tabontebike suena la campana y termina el recreo.

Las soluciones propuestas por MSF son modestas, pero transformadoras para la escuela. Al cabo de un mes, el equipo de agua, saneamiento e higiene (WASH) de MSF regresa al centro para instalar cubiertas en los pozos a fin de reducir la contaminación y mejorar los sistemas de recolección de agua de lluvia mediante dispositivos de desvío de las primeras aguas de escorrentía, la reparación de canalones y filtros de residuos, y la mejora de las tuberías. Dedican tiempo a formar al personal escolar y a los miembros de la comunidad sobre el mantenimiento de estas mejoras; posteriormente, los promotores de salud de MSF visitan las aulas para dirigir sesiones de higiene y saneamiento con niños, niñas y docentes. En estos frágiles atolones, la crisis climática es una crisis médica y humanitaria, especialmente para los niños y niñas que crecen en primera línea.

El cambio climático afecta de manera desproporcionada a las personas más vulnerables. En Kiribati y en muchos otros lugares expuestos a los efectos del clima, la población local es una de las menos responsables de la crisis, pero es la que paga el precio más alto.

Kiribati puede ser un país pequeño, pero su experiencia tiene una relevancia mundial. Lo que aprendemos aquí puede orientar las respuestas climáticas y médicas en todo el Pacífico y más allá. Invertir en sistemas de agua resilientes y adaptados al clima es un imperativo global, no una elección local.

-“Los líderes mundiales deben ir más allá de las palabras y brindar un apoyo práctico y a largo plazo”, afirma Mila.

-“Proteger el agua en Kiribati significa proteger la salud, la dignidad y el futuro de nuestras comunidades”.

Médicos Sin Fronteras (MSF) apoya las prioridades nacionales de Kiribati para fortalecer los sistemas de agua, saneamiento e higiene (WASH), la salud ambiental y los sistemas sanitarios resilientes al clima, incluido el enfoque del Ministerio de Salud y Servicios Médicos (MHMS) en la protección de las comunidades frente a los riesgos sanitarios sensibles al clima. En coordinación con el MHMS, el Ministerio de Infraestructura y Energía Sostenible (MISE) y las comunidades locales, MSF sigue apoyando el monitoreo acordado de la calidad del agua, así como la capacitación y el establecimiento de mecanismos claros de transferencia, para garantizar que la infraestructura y los conocimientos puedan mantenerse a nivel local y de manera sostenible en el futuro.

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