Este de Chad: investigación de los abusos y fortalecimiento de la prevención 

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Fecha de publicación

27 de agosto de 2026

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Bandera MSF

A finales de 2024, a raíz de las informaciones aparecidas en los medios de comunicación, MSF puso en marcha una investigación sobre las denuncias de explotación sexual, abusos y acoso relacionadas con las actividades humanitarias en el este de Chad. La investigación concluyó a mediados de 2025. 

Junto con nuestro Informe anual sobre conducta y rendición de cuentas correspondiente a 2025, una iniciativa que llevamos haciendo desde hace ocho años, MSF publica un resumen de las conclusiones de nuestra investigación y de las medidas adoptadas en respuesta a ellas, con el fin de prevenir, detectar y responder mejor a los abusos y las conductas indebidas en el este de Chad y en toda la organización. 

La protección en situaciones de emergencia humanitaria  

MSF se compromete a garantizar un entorno libre de abusos, incluidos la explotación y el acoso.  

El término “protección”, utilizado a lo largo de este texto, se refiere a las medidas que adoptamos para prevenir, detectar y responder a los abusos. La seguridad, la dignidad y la confidencialidad de las personas que han sufrido abusos, así como su acceso al apoyo, son el eje central de esta labor. 

Las medidas de protección que contamos y que estamos implementando en todos nuestros proyectos y oficinas tienen como objetivo crear un entorno seguro, digno y respetuoso para los pacientes, las comunidades y los compañeros.  

Investigación de los abusos en una emergencia humanitaria 

MSF lleva trabajando en Chad desde 1981, respondiendo a múltiples crisis humanitarias en un país que, antes de la guerra en Sudán, ya acogía a alrededor de un millón de personas refugiadas y desplazadas internas. 

Tras el estallido de la guerra en el vecino Sudán en abril de 2023, otras 900,000 personas refugiadas huyeron cruzando la frontera hacia una zona con recursos extremadamente limitados, lo que agravó la necesidad urgente de atención médica, refugio, alimentos, agua y saneamiento. A medida que aumentaba el número de personas que cruzaban la frontera, los campamentos y las estructuras de salud existentes se vieron rápidamente desbordados. 

Las sucesivas olas de personas refugiadas y heridas han seguido a los picos de violencia en Sudán. Por ejemplo, a mediados de 2023 llegaban 2,000 personas refugiadas al día. Durante un periodo especialmente intenso en junio de 2023, llegaron 850 heridos a las instalaciones de MSF en el este de Chad en tan solo tres días, y casi 400 de ellos llegaron a nuestras clínicas solo el 16 de junio. 

La rapidez y la magnitud de la emergencia obligaron a MSF a ampliar rápidamente nuestros programas y a contratar a un gran número de nuevos trabajadores. En 2025, contábamos con 2,446 personas en plantilla y prestamos una importante asistencia médica humanitaria que incluyó 586,900 consultas ambulatorias y 979,600 vacunas, además de la distribución de 362 millones de litros de agua clorada a lo largo del año. 

A finales de 2024, una investigación periodística alertó a MSF sobre denuncias de explotación sexual, abusos y acoso vinculadas a operaciones humanitarias en el este de Chad, incluidas tres denuncias concretas relativas a personas que trabajaban para MSF.  

A raíz de estas informaciones, iniciamos investigaciones y enviamos a investigadores cualificados para esclarecer los hechos, permitir que MSF prestara apoyo a las personas sobrevivientes, tomar medidas disciplinarias contra los autores, y actuar para reducir el riesgo de nuevos abusos. Aunque investigar las denuncias específicas que recibimos es una práctica habitual en MSF, en este caso decidimos investigar en todas las zonas donde trabajan nuestros proyectos en el este de Chad con el fin de intentar obtener una visión más completa de los abusos e identificar al mayor número posible de supervivientes y autores.  

Las conclusiones que aquí se publican son un resumen de la investigación y de las medidas adoptadas en respuesta. Las conclusiones no reproducen los expedientes de investigación subyacentes ni la información relativa a cada caso. Esto es necesario para proteger la confidencialidad y la seguridad de las personas implicadas, incluyendo a las personas sobrevivientes y los testigos, y para evitar que se haga pública información que pueda identificar a personas o lugares. 

Conclusiones de nuestras investigaciones  

A lo largo de 8 meses, 16 investigadores examinaron 59 denuncias relacionadas con personas que trabajaban en actividades apoyadas por MSF o vinculadas a ellas, incluyendo empleados, trabajadores por días y proveedores. La mayoría de las denuncias se referían a explotación sexual, abusos y acoso. 

Reflejando de las desigualdades sociales y los desequilibrios de poder más generales, especialmente en lo que respecta al género, las víctimas de abusos —y, en particular, de abusos de carácter sexual— eran predominantemente mujeres, y todos los autores identificados en el proceso eran hombres. Nuestras investigaciones revelaron que los abusos y las conductas indebidas solían producirse en situaciones en las que existían importantes desequilibrios de poder, tanto entre personas con poder o autoridad y aquellas con menos poder, como entre los trabajadores humanitarios y las personas a las que se suponía que debían ayudar. 

Todas las denuncias se examinaron minuciosamente. Si bien algunas quedaron corroboradas, otras no pudieron verificarse por completo, entre ellas aquellas en las que no fue posible identificar o localizar a las sobrevivientes o a los presuntos autores tras su desplazamiento dentro o fuera de los extensos campos de personas refugiadas del este de Chad. 

Solo se pudo identificar a un número limitado de sobrevivientes. En los casos en que se les localizó, se les brindó sistemáticamente atención médica y psicológica, aunque las preocupaciones sobre la confidencialidad, el juicio o las represalias influyeron en que las personas se sintieran seguras a la hora de acceder a estos servicios. 

En los casos en que se identificó a los autores y se corroboró una conducta indebida grave, se impusieron sanciones. 18 miembros del personal fueron despedidos y se les prohibió de forma permanente trabajar con MSF. Basándonos en nuestras investigaciones, también rescindimos un contrato con un proveedor de servicios.  

Más allá de los casos individuales, nuestras investigaciones identificaron importantes deficiencias en la forma en que se habían aplicado las medidas de protección existentes en todos nuestros programas.  

Durante un periodo de rápida expansión operativa, las prácticas locales de contratación, incorporación y supervisión no habían garantizado de manera sistemática que todos los compañeros y compañeras comprendieran y respetaran los compromisos de conducta de MSF. Las evaluaciones de riesgos en materia de protección que ayudan a mitigar el riesgo de abusos no se habían llevado a cabo de forma sistemática. La mayoría de pacientes, colegas y miembros de la comunidad no sabían cómo denunciar los abusos de forma segura y confidencial. 

El contexto humanitario agravó aún más los riesgos. El conflicto, el desplazamiento, las privaciones y la dependencia de la ayuda humanitaria creó importantes desequilibrios de poder. Aunque no podemos evitarlo, podemos y debemos brindar aún más atención a la prevención y la gestión de los abusos en contextos de emergencia. 

Fortalecimiento de la protección en el este de Chad  

Nuestras investigaciones en el este de Chad provocaron cambios en la forma en que prevenimos, detectamos y respondemos ante los abusos y las conductas indebidas. 

Prevención de los abusos  

Hemos reforzado las prácticas de contratación local, así como la formación inicial y continua, tanto para las personas como para los equipos, con el fin de garantizar que todas las personas que trabajan para MSF comprendan las normas y estándares de conducta que deben cumplir, qué constituye una conducta inaceptable y las posibles consecuencias. 

En Chad, las consideraciones en materia de protección se están incorporando en cada etapa de la contratación y la gestión del personal, incluyendo la mención en los anuncios de empleo, durante las entrevistas, en la incorporación y la supervisión continua. Por ejemplo, en algunos proyectos, durante las entrevistas a candidatos, planteamos preguntas basadas en situaciones hipotéticas para evaluar su comprensión sobre la prevención del abuso y cómo responderían si fueran testigos de un comportamiento inapropiado. Estas prácticas siguen desarrollándose, prestando mayor atención a la sensibilización y las responsabilidades en materia de protección en los diferentes puestos, especialmente en aquellos que implican contacto directo con los pacientes.  

Los equipos han llevado a cabo evaluaciones de riesgos para identificar circunstancias en las que las personas podrían enfrentarse a un riesgo elevado de sufrir abusos, lo que permite poner en marcha medidas preventivas. Esto incluye adaptar los mecanismos de denuncia; rediseñar actividades, servicios y programas; y aumentar la sensibilización sobre el abuso y los mecanismos de denuncia entre las personas menos propensas a comunicar sus inquietudes.  

Hemos reforzado el apoyo local en materia de protección para trabajar de forma más sistemática junto a nuestros equipos en el este de Chad, ayudándoles a integrar la protección en su trabajo y en nuestros programas, así como a identificar, anticipar y responder a los riesgos emergentes. 

Mejora de la detección y la denuncia  

En estrecha colaboración con pacientes, grupos de mujeres y líderes comunitarios, hemos aumentado la concientización sobre el abuso y las conductas indebidas. También sobre cómo denunciar estas situaciones de forma segura y confidencial.  

En algunos de nuestros proyectos en el este de Chad, organizamos grupos de discusión con las comunidades para comprender qué mecanismos de denuncia harían que las personas se sintieran más seguras y cómodas a la hora de utilizarlos. A partir de estos comentarios, hemos designado a un responsable de enlace con los pacientes, cuya labor consiste en interactuar regularmente con los pacientes en hospitales, centros de salud y comunidades para explicar qué constituye un comportamiento inaceptable, cómo se pueden plantear las preocupaciones o inquietudes, y escuchar directamente las experiencias de las personas con MSF. Mantener esta comunicación abierta ayuda a crear espacios de confianza para que las personas compartan sus experiencias y permite a los equipos identificar los problemas antes de que surjan. 

También estamos trabajando para aumentar la presencia de mujeres en todos nuestros programas, especialmente en la atención de salud materno-infantil, reconociendo que algunas pacientes y miembros del personal pueden sentirse más cómodas planteando sus inquietudes sobre abusos a mujeres.  

Estos cambios pretenden facilitar que las personas denuncien los abusos, pero también ayudar a MSF a identificar las preocupaciones sobre abusos antes de que se produzcan, o inmediatamente después, para que puedan abordarse. 

Apoyo a las persona sobrevivientes 

Reconocemos que, en el este de Chad, el apoyo que brindamos a las personas sobrevivientes fue limitado. Era necesario realizar mayores esfuerzos para interactuar de forma proactiva con las y los sobrevivientes, comprender sus necesidades y preferencias individuales, e identificar formas adecuadas de asistencia más allá de lo que MSF podía proporcionar directamente. 

Existen importantes barreras que pueden impedir que las personas sobrevivientes accedan al apoyo, y estas pueden ser aún más graves en los lugares donde trabajamos. Las personas sobrevivientes pueden sufrir un estigma significativo y sufrir consecuencias por dar un paso al frente; los servicios adecuados centrados en las personas sobrevivientes pueden ser limitados, de difícil acceso, poco conocidos o que no inspiren confianza; las mujeres, en particular, pueden enfrentarse a barreras prácticas como las responsabilidades de cuidado que les dificultan buscar o recibir apoyo; y las personas pueden temer sufrir represalias o que no se respete la confidencialidad. 

Esto hace que los esfuerzos de prevención antes de que se produzca el abuso sean aún más importantes, junto con la detección activa de los casos. Las consultas y conversaciones periódicas con pacientes, comunidades y compañeros de trabajo son elementos fundamentales de esta labor. Al crear espacios seguros y de confianza para que las personas puedan expresarse, podemos identificar mejor las preocupaciones de forma temprana y actuar antes de que se produzca el abuso. 

Estamos trabajando para reforzar el apoyo que ofrecemos a las personas supervivientes y para garantizar que las personas sepan que pueden solicitar ayuda sin temor a represalias por parte de MSF ni a perder el acceso a la ayuda humanitaria. 

Retos pendientes  

La falta de denuncias sigue siendo un reto en todo el sector humanitario y en la sociedad en general. Un aumento de las denuncias puede indicar que las personas se sienten más seguras a la hora de dar un paso al frente, mientras que un bajo número de denuncias no significa necesariamente que los problemas no existan. Algunas personas también pueden temer que denunciar un abuso pueda afectar a su acceso a la ayuda o que no dé lugar a ninguna acción. Estas barreras se encuentran entre las múltiples razones por las que los abusos pueden permanecer ocultos y por las que reforzar la confianza en los sistemas de denuncia sigue siendo una prioridad fundamental. 

En el este de Chad, al igual que en muchos otros contextos, las conversaciones con los líderes locales pusieron de manifiesto que los abusos sexuales y las cuestiones relacionadas con ellos pueden ser temas tabú o muy delicados, y es posible que las personas no se sientan cómodas hablando de ellos con personas ajenas a la comunidad. La desconfianza en los mecanismos legales también puede influir: a menudo, las personas sienten que denunciar los abusos no va a tener resultados positivos y esta percepción también afecta a otros canales de denuncia como los establecidos por MSF. 

Esto ilustra por qué una protección eficaz depende no solo de mecanismos sólidos de prevención y denuncia, sino también de comprender los riesgos, comportamientos y percepciones específicos de cada contexto, del diálogo y la consulta con diferentes miembros de la comunidad y de adaptar nuestro enfoque en consecuencia. Generar confianza depende de demostrar a los pacientes, a las comunidades y al personal que las denuncias se escuchan, se toman en serio y se actúa en consecuencia. 

Fortalecimiento de la protección en toda MSF  

Las conclusiones obtenidas en el este de Chad también han servido de base para introducir cambios en todo MSF. Durante el último año, hemos reforzado nuestros procesos de selección a nivel mundial para evitar que las personas de las que se ha comprobado que han cometido abusos o faltas graves de conducta se desplacen entre proyectos de MSF y sean recontratadas en otros lugares de la organización. Hemos reforzado los procesos de contratación, incorporación y supervisión, y ampliado el número de especialistas en protección e investigadores disponibles para apoyar a los equipos en los países. 

Reconocemos que el mero hecho de reforzar las políticas y los sistemas de protección no es por sí solo una prueba de éxito. Lo que importa es si estos conducen a entornos más seguros, a una mayor confianza en los mecanismos de denuncia y a un mejor apoyo a las víctimas. Seguiremos evaluando qué medidas funcionan, subsanando las deficiencias e informando públicamente sobre los casos de abuso y conducta indebida a través de nuestro informe anual sobre conducta y rendición de cuentas.  

Esta labor no termina con las investigaciones en el este de Chad. Los abusos y las conductas indebidas pueden producirse en cualquier lugar, pero los riesgos se acentúan cuando existen desequilibrios de poder significativos. Nuestra responsabilidad es reducir esos riesgos en la medida de lo posible, crear entornos en los que las personas se sientan seguras para denunciar sus inquietudes, apoyar a las personas afectadas y actuar con decisión cuando se produzcan abusos. Estamos comprometidos a actuar ante cada alerta, a exigir responsabilidades a los autores y a aprender de cada caso para reforzar la forma en que prevenimos, detectamos y respondemos a los abusos y las conductas indebidas, independientemente del lugar en el que trabajemos. 

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