Somalia es uno de los países más vulnerables a la crisis climática. En el Hospital Regional de Mudug, en Galkayo, Médicos Sin Fronteras (MSF) estamos transformando la manera en que mantiene sus operaciones en funcionamiento.
Después de depender casi por completo de generadores diésel para el suministro eléctrico, MSF ampliamos y modernizamos el sistema de energía solar del hospital, incorporando paneles solares en los techos y sistemas de almacenamiento con baterías que permiten utilizar la energía generada incluso después del atardecer.
Actualmente, el hospital obtiene una gran parte de su electricidad de la energía solar, mientras que los generadores diésel se mantienen como sistema de respaldo y ya no como fuente principal de energía.

El diésel no ha desaparecido por completo. Cuando MSF responde a emergencias o durante periodos de alta demanda, los generadores siguen siendo esenciales. Sin embargo, dejaron de ser el sistema del que depende el hospital en sus operaciones diarias.
Este cambio responde a una pregunta más amplia que enfrentan las organizaciones humanitarias que trabajan en uno de los países más vulnerables al cambio climático: ¿cómo responder a las consecuencias de salud de la crisis climática sin contribuir a agravarla?
Un sistema de salud marcado por la crisis climática
Somalia se encuentra en la primera línea de los efectos del cambio climático. Las sequías recurrentes, la falta de lluvias y las inundaciones devastadoras están obligando a muchas familias a abandonar sus hogares, mientras aumentan los casos de desnutrición infantil y los brotes recurrentes de enfermedades como la diarrea acuosa aguda, el sarampión y la malaria.
Diversos informes internacionales sitúan a Somalia entre los países más expuestos a los impactos climáticos en el mundo.
Esta realidad se refleja en las personas que llegan a los centros de salud apoyados por MSF: niños y niñas ingresados por desnutrición grave tras temporadas sin lluvias, familias desplazadas por inundaciones o comunidades que quedan sin acceso a atención médica en periodos de sequías.

Durante años, hospitales como el Regional de Mudug han dependido del diésel para brindar atención médica, utilizando un combustible que contribuye a la misma crisis que aumenta las necesidades de salud de la población.
“Nuestros equipos médicos en Somalia atienden todos los días las consecuencias de la crisis climática: niños hospitalizados por desnutrición tras la falta de lluvias, comunidades afectadas por brotes de enfermedades y familias desplazadas por inundaciones”.
Por años, los hospitales donde brindamos esta atención han funcionado con diésel. En MSF nos hemos comprometido a reducir a la mitad sus emisiones de carbono para 2030 en comparación con los niveles de 2019. “El sistema solar de Mudug es una de las formas en que ese compromiso se está convirtiendo en una realidad sobre el terreno”, señaló Asmamaw Mengstie, coordinador de logística de MSF en Somalia.
Un hospital más silencioso y limpio
En poco más de tres meses —entre febrero y mediados de mayo de 2026— el sistema solar evitó el consumo de más de 35,000 litros de diésel.
Esto equivale aproximadamente a operar los generadores del hospital de manera continua, día y noche, durante cinco meses.
La reducción en el uso de diésel significa menos emisiones de carbono, costos operativos más bajos y predecibles, así como un suministro constante de energía para equipos médicos, iluminación y la cadena de frío necesaria para conservar las vacunas en condiciones adecuadas.
Dentro del hospital, el cambio es evidente. Los generadores son ruidosos, se encuentran cerca de las salas de atención y funcionan de forma continua. Reducir su uso crea un entorno más tranquilo para los pacientes, especialmente para los recién nacidos en la unidad neonatal y los niños que reciben tratamiento por desnutrición grave.
Además, existe el beneficio adicional de una mejor calidad del aire dentro de las instalaciones.
“Desde el punto de vista logístico, lo más importante que nos aporta el sistema solar es la confiabilidad. Las salas son más silenciosas y tanto el personal como los pacientes lo perciben de inmediato. El suministro eléctrico para los equipos médicos y la cadena de frío es más estable. Los costos de operación del hospital son más predecibles. Además, se requiere menos combustible, lo que reduce la necesidad de transportarlo por carreteras que a veces son largas y difíciles”, explicó Mengstie.

Responder a la crisis sin contribuir a ella
Durante décadas, las organizaciones humanitarias han respondido a las consecuencias derivadas de la crisis climática.
Cada caso de desnutrición asociado a la sequía en Mudug y cada enfermedad transmitida por el agua tratada después de una inundación forman parte de un patrón que la ciencia climática ha venido advirtiendo desde hace años.
Y durante décadas, la respuesta a estas emergencias también ha tenido su propio costo en emisiones de carbono.
Un hospital alimentado con energía solar en Galkayo no revertirá por sí solo esta realidad.
Pero sí representa un paso hacia un modelo de atención médica que no contribuya a agravar la crisis a la que intenta responder.
Y para los pacientes y las comunidades que dependen del Hospital Regional de Mudug, ese paso ya está marcando una diferencia.
