Kivu Sur: Respondemos a la afluencia de desplazados en medio de una grave crisis de salud

Los equipos de MSF realizan revisiones médicas en el Centro Comunitario de Salud del campo de personas internamente desplazadas de Kimanga, Fizi, Kivu Sur, RDC. © MSF

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15 de mayo de 2026

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Los equipos de MSF realizan revisiones médicas en el Centro Comunitario de Salud del campo de personas internamente desplazadas de Kimanga, Fizi, Kivu Sur, RDC.
Los equipos de MSF realizan revisiones médicas en el Centro Comunitario de Salud del campo de personas internamente desplazadas de Kimanga, Fizi, Kivu Sur, RDC. © MSF

La provincia de Kivu Sur, en el este de República Democrática del Congo (RDC), se enfrenta a una situación humanitaria extremadamente alarmante. En Baraka, en el territorio de Fizi, la persistente inseguridad tras los combates en las Altas Mesetas y el deterioro de las carreteras limitan gravemente el acceso a la atención médica. Muchos pacientes llegan a los centros de salud en estado crítico, a menudo demasiado tarde para recibir atención vital. Esta situación refleja el impacto directo del conflicto en las comunidades y subraya la urgente necesidad de reforzar la asistencia médica y humanitaria, que sigue siendo en gran medida insuficiente. En respuesta a estas necesidades, Médicos Sin Fronteras (MSF) somos una de las pocas organizaciones presentes sobre el terreno que brinda atención a la afluencia de desplazados y comuninades afectadas.

Los enfrentamientos entre el ejército congoleño (FARDC) y las AFC/M23 y sus respectivos aliados en las Altas Mesetas de Fizi están exacerbando las tensiones intercomunitarias de larga data. Esta escalada ha provocado nuevos desplazamientos masivos, elevando el número de personas desplazadas en la región a casi cinco millones, incluyendo 1,9 millones en Kivu Sur y Maniema, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Los equipos de MSF distribuyen productos no alimentarios (NFI) a las personas desplazadas en el campamento de desplazados internos (IDP) de Kimanga, situado a 5 km del centro de Baraka, en el Territorio de Fizi, provincia de Kivu del Sur, RDC.
Los equipos de MSF distribuyen productos no alimentarios a las personas desplazadas de Kimanga, a 5 km del centro de Baraka, Fizi, Kivu Sur, RDC. © MSF

Ante la falta de centros de acogida formales, casi todas las personas desplazados viven con familias de acogida o en campos como Monge Monge, lo que aumenta la presión sobre recursos ya limitados. El acceso al agua, los alimentos y la atención médica básica sigue siendo difícil tanto para la población desplazada como para las comunidades de acogida.

Ikupe Roger, de 60 años, es padre de familia y originario de Mikenge. Huyó de su aldea hace un año y medio para escapar de los combates. “Cuando estallaron los combates, decidí irme con mi esposa y nuestros ocho hijos para salvar nuestras vidas”, afirma. “Mi principal preocupación hoy es poder quedarme en Baraka, a pesar del clima de violencia e inseguridad. Antes de la llegada de MSF, el acceso a la atención médica era prácticamente imposible para nosotros. Pagar más de 100,000 francos congoleños por atención médica es simplemente inalcanzable”. Para mantener a sus hijos, depende de la agricultura, la pesca y una pequeña granja avícola. A pesar de estos esfuerzos constantes, las condiciones de vida siguen siendo particularmente precarias. Muchas familias desplazadas han perdido sus medios de subsistencia.

“Al carecer de recursos, muchos ya no pueden costearse el transporte ni acceder a la atención médica básica”, explica Gianpietro Campedelli, coordinador del proyecto de MSF en Baraka. En este contexto, la precariedad se arraiga, exacerbada por los bajísimos ingresos provenientes de trabajos agrícolas ocasionales.

En las rutas de escape, esta vulnerabilidad suele ir acompañada de violencia. Además de las lesiones directamente relacionadas con los combates, muchas personas también sufren traumas y lesiones causadas por los ataques que padecen durante el trayecto, especialmente al atravesar zonas de alta inseguridad.

Fatou, de 40 años, también huyó precipitadamente de su aldea de Makobola. “Mientras huía, me golpearon hombres armados. También nos robaron todo lo que teníamos. Cuando nos fuimos, la aldea estaba desierta y todo lo que dejamos atrás había sido saqueado”, cuenta.

Ahora vive con una familia de acogida en Mwandiga y carece de medios de subsistencia. Sobrevive trabajando como jornalera en el campo, cuando encuentra trabajo, por unos 5,000 francos congoleños al día (casi dos dólares). “La atención médica que recibí me ayudó muchísimo. Sin esa ayuda, la situación habría sido aún más difícil para nosotros”, afirma.

Los pacientes reciben tratamiento médico en el centro de atención médica apoyado por MSF en Baraka, Fizi, Kivu Sur, RDC.
Los pacientes reciben tratamiento médico en el centro de atención médica apoyado por MSF en Baraka, Fizi, Kivu Sur, RDC. © MSF

MSF en la primera línea de un sistema de salud bajo presión y al borde del colapso

En Baraka, la vulnerabilidad de la población supone una pesada carga para un sistema de salud ya de por sí frágil. Los centros médicos se enfrentan simultáneamente a una afluencia de víctimas relacionadas con el conflicto, brotes recurrentes de cólera y un fuerte aumento de los casos de malaria. Desbordados por esta acumulación de emergencias, los centros de salud tienen dificultades para responder.

Entre enero y abril de 2026, MSF apoyó al Hospital General de Referencia de Baraka fortaleciendo su capacidad mediante suministros médicos y logísticos, así como sesiones de formación para el personal médico, con el fin de mejorar su respuesta a la afluencia de víctimas relacionadas con la violencia. Este apoyo permitió atender a 426 pacientes heridos. MSF también cubrimos los costos del tratamiento de pacientes trasladados por afecciones graves, como malaria grave e infecciones respiratorias agudas.

Nuestros equipos también apoyóaron siete centros de salud comunitarios para la detección rápida de casos de malaria y diarrea. Se atendieron a un total de 26,234 pacientes, incluyendo 16,574 por malaria, 2,953 por diarrea y 3,832 por neumonía.

Para combatir el brote de cólera, los equipos de MSF brindaron apoyo médico en el Centro de Tratamiento del Cólera (CTC) en Baraka durante los primeros cuatro meses del año. Allí se atendió a un total de 1,002 pacientes. El brote está ahora bajo control y los esfuerzos se centran en la prevención de la enfermedad: instalación de estaciones de cloración,

Se repararon bombas de agua manuales en las zonas sanitarias de Baraka, Mwangaza y Mushimbakye. Se distribuyeron kits de higiene a los pacientes ingresados ​​en el Centro de Tratamiento de Desastres (CTC).

Además, en el campo de Monge Monge, 488 familias desplazadas recibieron kits con artículos esenciales (jabón, mantas, platos y mosquiteras), mientras que 870 mujeres recibieron kits de higiene adaptados a sus necesidades.

Noella, madre de Yone Clarisse (de 1 año), llegó al centro de tratamiento MSF iIntegrated Community Case Management (ICCM) para tratar la malaria en Kalinga Nord, Fizi, Kivu Sur, RDC.
Noella, madre de Yone Clarisse, llegó al centro de tratamiento MSF para tratar la malaria en Kalinga Nord, Fizi, Kivu Sur, RDC. © MSF

Es fundamental una mayor participación de otros actores clave

La respuesta de emergencia de MSF en el hospital, el centro de salud de Baraka y los centros de salud comunitarios ha finalizado. Actualmente, MSF centra sus esfuerzos en salud reproductiva y la atención a las sobrevivientes de violencia sexual en el centro de salud de Baraka. Al tiempo que continúa sus actividades de agua, higiene y saneamiento en el campo de personas desplazadas de Monge Monge, a cinco kilómetros del centro de Baraka.

Sin embargo, la situación médica y humanitaria sigue siendo preocupante. Muchas familias continúan llegando a Baraka con la esperanza de recibir atención gratuita. A pesar de las intervenciones en curso, las necesidades superan con creces la capacidad de respuesta.

“La presencia de MSF, si bien es esencial, no basta para cubrir todas las necesidades. Es fundamental movilizar a otros actores humanitarios para ayudar a las personas que siguen estando expuestas a vulnerabilidades de salud y sociales”, concluye Gianpietro Campedelli.

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