Durante cinco meses, Razia*, de 34 años y madre de seis hijos, residente en Gulshan Ghazi, Baldia Town, Karachi en Pakistán, tomó su medicación contra la tuberculosis (TB) cada mañana sin saltarse ni una sola dosis. Sin embargo, lejos de mejorar, su salud siguió deteriorándose.
Inicialmente, le diagnosticaron tuberculosis sensible a los medicamentos en un hospital privado y comenzó el tratamiento estándar. No se detectó resistencia y, al llegar al quinto mes, se le realizó un nuevo análisis de esputo: seguía sin haber mejoría. Por consiguiente, se determinó que necesitaba un tratamiento especializado para la tuberculosis resistente a los medicamentos (TB-MDR).

“Lloré amargamente al enterarme, porque había tomado la medicación fielmente todos los días, sin saltarme ni una sola dosis”, relató Razia.
El médico que la derivó le explicó que el hospital no disponía del tratamiento adecuado para su caso y le aconsejó que buscara atención en el Hospital Jinnah o en la clínica de tuberculosis, apoyada por Médicos Sin Fronteras (MSF), situada en el Centro de Salud Rural (RHC, por sus siglas en inglés) de Baldia.
Para Razia, la diferencia era significativa: el Hospital Jinnah se encuentra a unos 50 minutos en automóvil de su casa, mientras que el Centro de Salud Rural está a unos 18 minutos. Ya debilitada por la enfermedad y enfrentando dificultades económicas, tener que desplazarse habitualmente a un centro especializado lejano habría supuesto una carga adicional.
Su experiencia ilustra por qué el lugar donde se brinda la atención para la tuberculosis puede ser casi tan importante como el tratamiento en sí.
Pakistán sigue siendo uno de los países con mayor carga de tuberculosis a nivel mundial. En 2024, se estima que 669,000 personas contrajeron tuberculosis en Pakistán y cerca de 51,000 fallecieron a causa de la enfermedad. Se calcula que 15,000 personas desarrollaron tuberculosis resistente a los medicamentos.
No obstante, el acceso a la atención contra la tuberculosis no es igual para todos. El tratamiento para la TB sensible está ampliamente disponible a través de los servicios de atención primaria, mientras que la atención para la TB resistente se ha concentrado tradicionalmente en centros especializados, a menudo vinculados a grandes hospitales.

“En Karachi, donde viven más de 20 millones de personas, actualmente solo existen tres centros de tratamiento para la tuberculosis resistente a los medicamentos (TB-DR) vinculados a grandes hospitales”, afirma el Dr. Hassan Naeem, gestor de actividades médicas de MSF en la clínica de tuberculosis del Centro de Salud Rural (RHC, por sus siglas en inglés) de Baldia. “Para los pacientes que viven lejos de estos centros, acceder a una atención especializada puede suponer largos desplazamientos, gastos de transporte y ausencias reiteradas del trabajo y de la familia”.
Un modelo de atención descentralizado
Ante estas dificultades, MSF trabajamos junto con las autoridades de salud para implementar un modelo descentralizado que integra ambos tipos de atención contra la tuberculosis en el nivel de atención primaria. Con ello, el proyecto pretende demostrar cómo las comunidades pueden acceder a una atención de calidad y oportuna, evitando al mismo tiempo los largos y costosos desplazamientos a los grandes hospitales. Extender este modelo a los centros de salud pública de todas partes garantizará que el tratamiento esté siempre al alcance de cualquier persona.
Desde febrero de 2025, MSF brinda servicios para la tuberculosis sensible a los medicamentos (TB-DS) en el RHC de Baldia. En junio de 2026, se incorporaron al mismo centro servicios especializados para la tuberculosis resistente a los medicamentos (TB-DR). Esto significa que los pacientes de Baldia pueden acceder tanto al tratamiento estándar contra la tuberculosis como al tratamiento especializado para la tuberculosis resistente a los medicamentos en el mismo entorno de atención primaria, sin necesidad de desplazarse a otro lugar para recibir atención especializada.
“Acercar la atención de la TB-DR a los lugares donde vive la gente elimina importantes barreras prácticas y económicas, especialmente para los pacientes que requieren visitas periódicas durante un largo periodo”, explica el Dr. Hassan. “Y lo que es más importante: descentralizar la atención, sacándola de los grandes hospitales, es fundamental para detectar los casos a tiempo, identificar y rastrear a los contactos, evitar que la tuberculosis se propague a las familias y comunidades, y prevenir muertes”.

Para Razia, la diferencia fue inmediata. En el centro de salud, se repitieron sus pruebas diagnósticas, incluyendo radiografías y un electrocardiograma (ECG), antes de comenzar su nuevo tratamiento. Iniciar este nuevo tratamiento resultó difícil: durante la primera semana, Razia sufrió náuseas intensas, vómitos, ansiedad e inquietud, por lo que decidió dejar de tomar los medicamentos. El equipo de promoción de la salud la visitó en su domicilio, le ofreció asesoramiento sobre la adherencia al tratamiento y la animó a continuar. El equipo clínico también ayudó a gestionar sus efectos secundarios.
“Si hubiera abandonado el tratamiento en aquel entonces, no estaría en la situación en la que me encuentro hoy”, afirma. “Actualmente, avanzo de forma constante hacia una recuperación completa”.
Para los pacientes con tuberculosis (TB), la descentralización de la atención integral contra esta enfermedad implica mucho más que contar con dos servicios en un mismo edificio. Supone acercar el diagnóstico, el tratamiento, el seguimiento y el apoyo al paciente a las comunidades donde residen las personas.
Para Ayesha*, madre de cuatro hijos y residente en Baldia, el problema era distinto. Antes de llegar a la clínica apoyada por MSF, pasó cerca de un año recorriendo diversos centros de salud sin obtener un diagnóstico confirmado.
Presentaba fiebre y tos persistentes, y en repetidas ocasiones le recetaron medicamentos para tratar sus síntomas. Algunos sugirieron que podría tratarse de malaria o fiebre tifoidea, mientras que otros atribuyeron su dolencia a una tos estacional. Para cuando llegó al centro de salud, se encontraba en un estado tan débil que apenas podía comer o mantenerse en pie. Tras someterse a pruebas y ser diagnosticada con tuberculosis sensible a los medicamentos, inició el tratamiento.
“Estaba tan enferma que ni siquiera podía ponerme de pie”, cuenta. “Después de meses de tratamiento, he recuperado mis fuerzas y puedo volver a cuidar de mis hijos e ir a trabajar”.
La experiencia de Ayesha pone de relieve por qué es fundamental mejorar las pruebas de detección de la tuberculosis en los centros de salud locales, acercando el acceso a estas pruebas y a la atención médica al lugar donde viven las personas. Cuando la atención solo está disponible en hospitales especializados y distantes, los pacientes se enfrentan a largas esperas para obtener un diagnóstico correcto; esto conlleva meses de sufrimiento y provoca que más personas enfermen, ya que el retraso en el tratamiento contribuye a la propagación de la enfermedad. Llevar las pruebas y el tratamiento directamente a los centros de salud locales pone fin a este periplo interminable.
Cuando las pruebas y la atención para la tuberculosis se vuelven móviles
En el centro de salud rural (RHC, por sus siglas en inglés) de Baldia, este enfoque integral se respalda mediante servicios que trascienden los muros del propio centro. Los equipos comunitarios de MSF organizan jornadas móviles de detección de tuberculosis utilizando equipos portátiles de rayos X digitales. Las personas que requieren una evaluación más exhaustiva pueden someterse a una prueba rápida GeneXpert en la clínica para confirmar el diagnóstico de tuberculosis y determinar si existe resistencia a medicamentos clave. Cuando es necesario, los pacientes pueden ser derivados a la clínica que cuenta con el apoyo de MSF. El programa también realiza pruebas de detección a los contactos que conviven con personas diagnosticadas con tuberculosis y, cuando procede, proporciona tratamiento preventivo.

Los equipos de promoción de la salud sensibilizan a la comunidad sobre la enfermedad y sus mecanismos de transmisión, acompañan a los pacientes durante el tratamiento y realizan visitas domiciliarias cuando es necesario brindar asesoramiento o apoyo adicional. Asimismo, el centro ha sido rediseñado: se han establecido circuitos diferenciados para pacientes con tuberculosis sensible y resistente a los medicamentos, se ha mejorado la ventilación natural y se han implementado medidas de control de infecciones, lo que permite ofrecer distintos servicios relacionados con la tuberculosis de forma segura dentro de un mismo entorno de atención primaria.
Para Razia, el acceso a la atención médica cerca de su hogar también ha reducido la carga económica que supone el tratamiento. “Resulta carísimo; antes de llegar a esta clínica, teníamos que pagar por radiografías, análisis de laboratorio y medicamentos en centros privados”, explica.
Desde que comenzaron a brindarse servicios contra la tuberculosis en Baldia, el equipo de MSF inició el tratamiento de 480 pacientes y realizó pruebas de detección para 7,128 personas a través de jornadas móviles de diagnóstico. Además, durante este periodo se realizó el seguimiento de 955 contactos que conviven con personas con tuberculosis (TB), y 470 de ellos iniciaron un tratamiento preventivo contra la enfermedad.
Proyectos como el RHC Baldia demuestran que concentrar todos los servicios relacionados con la tuberculosis en un mismo lugar —en clínicas locales— es una estrategia eficaz. Al trasladar el tratamiento desde los hospitales urbanos saturados hacia los barrios, los sistemas de salud pueden frenar la propagación de la tuberculosis y garantizar que la atención esté al alcance de todas las personas que la necesitan.
*Se han modificado los nombres para proteger la privacidad de los pacientes.
