- Un estudio de MSF ha detectado niveles alarmantes de desnutrición entre niños y niñas en los centros de desplazamiento de Baidoa, Somalia.
- La desnutrición y el desplazamiento afectan más gravemente a mujeres y niños en todo el país, ya que los donantes siguen retirando su apoyo.
- MSF hace un llamado a la comunidad donante para que garantice una respuesta de emergencia adecuadamente financiada en Baidoa y otras zonas afectadas.
La mitad de los niños y niñas los campos de personas desplazadas de Baidoa, en el suroeste de Somalia, sufre desnutrición aguda, y uno de cada cuatro, desnutrición grave.
Estas impactantes estadísticas son el resultado de un estudio sobre desnutrición realizado en julio por Médicos Sin Fronteras (MSF) en esta localidad.
“Detrás de cada estadística hay un niño”, afirma Allara Ali, coordinadora de proyectos de MSF en Somalia. “Lo que estamos viendo es impactante y sobrepasa con creces el umbral de lo que se considera una emergencia extremadamente crítica. Igualmente impactante es la falta de respuesta urgente por parte de los donantes, que siguen reduciendo y retirando su apoyo a Somalia. Y aunque hay organizaciones que intentan dar respuesta a la crisis, su capacidad se ve muy limitada por las restricciones de financiación a las que se enfrentan”.

Los resultados del estudio llevado a cabo coinciden con los datos obtenidos a través del sistema de vigilancia periódica de la desnutrición que lleva a cabo MSF en Baidoa, donde los equipos han examinado a más de 21,000 niños y niñas menores de cinco años desde principios de año, habiendo detectado niveles de desnutrición aguda global de alrededor del 50%.
El estudio, realizado en 888 hogares de 14 campos de desplazados en Baidoa, también reveló que un tercio de las familias sobrevive con una sola comida al día, mientras que solo el 2% puede permitirse comer tres veces al día.
Desde MSF hacemos un llamado urgente a la comunidad de donantes, a las organizaciones internacionales y a las autoridades sanitarias para que garanticen sin demora una respuesta de emergencia bien coordinada, adecuadamente financiada y eficaz en Baidoa y otras zonas afectadas de Somalia.
“El mundo no puede esperar a que se declare una hambruna para actuar”, afirma Ali. “Es necesario actuar ahora para evitar la pérdida de un mayor número de vidas”.
Las últimas temporadas lluviosas han pasado sin que apenas caiga agua y el agravamiento de la sequía ha afectado a cientos de miles de personas en toda Somalia, privando a las familias de alimentos, agua, cosechas y ganado. Según la ONU, en los tres primeros meses de 2026, más de medio millón de personas se vieron desplazadas en Somalia, y nueve de cada diez de estos desplazamientos se debieron a la sequía. Resulta también alarmante que el 85% de las personas desplazadas sean mujeres, niñas y niños, que también se encuentran entre los más gravemente afectados por la desnutrición.

Desde principios de año, más de 21,000 niños y niñas han sido atendidos en los centros ambulatorios para pacientes con desnutrición que MSF apoya en Baidoa, más del doble de la cifra registrada durante el mismo periodo del año pasado. Durante el mismo periodo, 2,890 niños y niñas han sido ingresados para recibir atención hospitalaria, lo que supone un aumento del 78% en comparación con el mismo periodo de 2025. Y hay que tener en cuenta que las cifras de 2025 ya eran superiores a las del año anterior. Una tendencia similar se observa en Mudug, en el centro de Somalia, donde los ingresos en los centros hospitalarios apoyados por MSF aumentaron un 70% en junio y julio.
“Casi nunca podemos comer dos veces al día. No hay ninguna organización que nos ayude. Una organización nos dio algo de ayuda económica, pero eso fue hace tres años”, afirma Nuriyo, madre de un niño que está siendo tratado por desnutrición aguda grave en Baidoa.
El sarampión y la difteria se están propagando en un contexto en el que las campañas de vacunación no están llegando a toda la población de forma eficaz. Desde principios de año, MSF ha tratado alrededor de 2,500 casos de sarampión en Baidoa, frente a los aproximadamente 1,700 casos registrados en la misma localidad durante todo el año 2025.
Si bien los menores son los principales afectados, el problema es también grave entre las mujeres embarazadas y lactantes. Solo en los últimos dos meses, MSF ha ingresado a más de 2,600 en su programa de desnutrición de Baidoa. Y cuando las madres sufren desnutrición, los riesgos se extienden a sus bebés: antes del nacimiento, durante el parto y en los primeros meses de vida.
Para hacer frente al aumento de pacientes, MSF ha ampliado sus instalaciones médicas en Baidoa de 50 a 150 camas. Los equipos de MSF también han distribuido artículos de ayuda humanitaria a las familias desplazadas y están transportando agua potable en camiones a las comunidades desplazadas de Mudug y Baidoa. Pero la atención médica y la asistencia de emergencia por sí solas no pueden hacer frente a la magnitud de esta crisis.

“Una cama de hospital puede salvar a un niño hoy. Pero no puede proteger a ese niño si regresa a un refugio donde no hay comida, ni agua potable ni servicios básicos. Sin un apoyo integral, que incluya protección social, seguirán produciéndose recaídas y reingresos”, afirma Ali.
A pesar del nivel de sufrimiento, Somalia está dejando de ser una prioridad para los principales donantes, entre ellos el Reino Unido y Estados Unidos. El plan de respuesta humanitaria de Somalia se ha reducido en un 40% en 2026 y, bien entrado el mes de julio, aún no se había financiado ni siquiera un tercio del mismo. Los recortes de fondos están debilitando unos servicios sanitarios ya de por sí frágiles y obligando al sistema sanitario a hacer frente a una crisis que supera con creces su capacidad.
“La crisis de desnutrición y salud en el suroeste de Somalia se está convirtiendo en un claro ejemplo de peligrosa indiferencia y de falta de responsabilidad, a medida que Somalia queda relegada cada vez más en la agenda mundial. La magnitud de esta crisis debería ser una llamada de atención para la comunidad internacional”, afirma Ali.
MSF pdimos que se amplíe urgentemente el tratamiento hospitalario en Somalia para la desnutrición aguda grave, especialmente para los niños con complicaciones médicas. Esto debe incluir un aumento de la capacidad de camas y de personal médico, así como un suministro ininterrumpido de alimentos terapéuticos, medicamentos y equipamiento médico. La organización médico humanitaria de emergencia también insta a que se lleven a cabo campañas de vacunación urgentes para llegar a las comunidades que no han sido atendidas y a aquellas de más difícil acceso, aumentando la cobertura y llevando a cabo una distribución más eficaz.
- Según el último análisis del IPC, se estima que alrededor de 6 millones de personas en Somalia —aproximadamente una de cada tres— se enfrentan a una escasez de alimentos. De ellas, casi 1,9 millones de personas se encuentran en situación de emergencia, lo que implica que necesitan ayuda urgente.
- Solo durante los tres primeros meses de 2026, casi 512 000 personas se vieron desplazadas dentro de Somalia, de las cuales el 93% lo fue a causa de la sequía. Aproximadamente el 85 % de las personas desplazadas son mujeres y niños (ACNUR, junio de 2026).
- El Plan de Necesidades Humanitarias y Respuesta de Somalia se redujo a 852 millones de dólares estadounidenses en 2026. Los organismos de ayuda humanitaria tienen como objetivo atender a 2,4 millones de personas, lo que supone llegar a menos de la mitad de quienes lo necesitan.
- La organización internacional CARE afirma que la falta de financiación ha obligado al cierre de 50 de los 80 centros de salud y atención nutricional que apoyaba en Somalia desde enero, y que otros 15 corren riesgo de cerrar en octubre.
- Estados Unidos, uno de los principales donantes de Somalia desde hace años, incluido 2025, ha suspendido por completo su apoyo en 2026, mientras que el Reino Unido ha recortado su financiación casi a la mitad en comparación con 2025. (OCHA).
- Según el IPC, Somalia se enfrenta a una crisis de desnutrición tan grave como la de 2022, y se prevé que casi 1,88 millones de niños necesiten tratamiento en 2026. Sin embargo, la ayuda internacional se ha reducido en un 88% en comparación con la que recibía el país en 2022.
