Jamila* trabaja como enfermera en el departamento de diálisis del hospital Jabal Amel, en Sour (Tiro), Líbano , desde 1996. Estaba de turno el 1° de junio cuando un ataque israelí impactó cerca del hospital alrededor de las 18:00 horas. El ataque hirió a 39 miembros del personal médico, incluyendo a Jamila —convirtiéndose en el incidente con el mayor número de trabajadores de la salud heridos simultáneamente durante esta escalada— y causó graves daños al hospital. Fue uno de una serie de ataques en la región, a pesar del llamado alto al fuego. Le siguió otro tres días después.
Unos días después, Jamila relata su experiencia mientras espera en su habitación del hospital la cirugía reconstructiva facial que se realizó al día siguiente. Su rostro está amarillento e hinchado por la violencia de la explosión, y su cuerpo cubierto de moretones. Sus ojos están inyectados en sangre y rodeados de hematomas oscuros.
“Estaba trabajando en el departamento de diálisis, monitoreando a un paciente, cuando oí caer algo. Sentí como si me hubiera caído justo en la cabeza. No sonaba como las explosiones que había oído antes. Unos segundos después, sentí un líquido tibio que me corría por la cara, pero no me di cuenta de que era sangre. Cuando miré hacia abajo, vi a mi compañero tirado en el suelo. Fue entonces cuando me di cuenta de mi sangre en el suelo. Comprendí que era una bomba e inmediatamente recé para no perder la vista. Perdí el conocimiento y me sacaron de allí.

Al despertar, lo primero que pensé fue en el paciente al que había estado vigilando durante el ataque. Me pregunté qué le habría pasado. Pasé 24 horas en la Unidad de Cuidados Intensivos y luego me trasladaron a la Unidad de Cirugía Cardíaca. Ahora estoy esperando la cirugía de reconstrucción facial. Todavía tengo un trozo de cristal alojado cerca del ojo derecho. Me alegra poder seguir viendo.
Lo único en lo que pienso es en volver al trabajo, a mis pacientes. Quiero recuperarme cuanto antes para poder volver a ayudar a la gente. Me apasiona mi trabajo. Estoy comprometida a brindar la mejor atención a los pacientes de diálisis, a estar a su lado y a pasar tiempo con ellos.
El ataque de ayer fue ensordecedor. Estaba aterrada. Lo único que pude hacer fue rezar. Este hospital es mi segundo hogar. Vivo aquí con mi hermana, que también es enfermera en otro departamento. No tenemos otra alternativa. Nuestro pueblo entero ha quedado destruido y nuestra casa familiar ha desaparecido.
Si hay una orden de evacuación, me quedaré. ¿Adónde iría?”
[El 9 de junio, toda la localidad de Sour (Tiro) fue sometida a una orden de desplazamiento forzoso.]
*Nombre cambiado por motivos de anonimato
