Testimonios Gaza: “Aunque supusiera la muerte, tenía que ir a buscar comida”

Los pacientes esperan en el centro de atención primaria Al Mawasi de MSF, en la Franja de Gaza, Territorio Palestino Ocupado. © Nour Alsaqqa/MSF

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4 de junio de 2026

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Los pacientes esperan en el centro de atención primaria Al Mawasi de MSF, en la Franja de Gaza, Territorio Palestino Ocupado.
Los pacientes esperan en el centro de atención primaria Al Mawasi de MSF, en la Franja de Gaza, Territorio Palestino Ocupado. © Nour Alsaqqa/MSF

Durante seis meses de 2025, la violencia en los puntos de distribución de alimentos militarizados de la llamada Fundación Humanitaria de Gaza causó miles de víctimas en Gaza, Palestina. Un año después, Médicos Sin Fronteras (MSF) atendemos a decenas de pacientes afectados por esta violencia que viven con traumas e incluso con lesiones permanentes. Lee los testimonios de pacientes atendidos por nuestros equipos en Gaza.

“Lo único que me llevó allí fue la necesidad de conseguir una hogaza de pan. Fui sabiendo que mi vida estaba en peligro”

Saad Hussein

“Soy del sur de Rafah. Ni nuestro abuelo ni las muchas personas desplazadas antes que nosotros habían vivido algo así. Se destruyeron muchísimas casas y todo el mundo fue desplazado. Vivíamos en la zona de Iqlimi, pero con la hambruna y todo lo que estaba ocurriendo, nos vimos obligados a marcharnos. Tenemos niños, mujeres embarazadas y madres lactantes. Tuvimos que llevarnos lo poco que pudimos porque no había absolutamente nada. Nos vimos obligados a acudir a los puntos de distribución de ayuda estadounidenses.

Saad resultó herido en 2025 durante una distribución de alimentos por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza.
Saad resultó herido en 2025 durante una distribución de alimentos por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza. © Nour Alsaqqa/MSF

No teníamos comida en condiciones, ni ropa limpia, ni baños limpios. Nada estaba limpio. No desayunábamos, no comíamos ni cenábamos. Traíamos lentejas de la cocina comunitaria y sobrevivíamos con eso hasta el día siguiente. Mi madre, mis hermanos, los seis hijos huérfanos de mi hermano, su esposa, mi padre y yo. Dios está con nosotros y con ellos.

Pensábamos que sería como la ayuda humanitaria habitual, que nos tratarían con respeto y dignidad. Pero no encontramos ni respeto ni dignidad. Encontramos humillación y abusos. Muchas mujeres, jóvenes y niñas —tantísimas— fueron humilladas y degradadas. Me dije: ‘si voy al punto de distribución, puede que no regrese con vida’. Lo único que me llevó allí fue la necesidad de una hogaza de pan. Fui sabiendo que mi vida estaba en peligro. Fui como si llevara conmigo mi propia mortaja.

Nada más al llegar, las personas estaban amontonada unas sobre otras. Abrieron fuego contra nosotros. Vi humillaciones y abusos, muertos y heridos. Los estadounidenses estaban allí y el ejército israelí disparaba. Vi a muchos niños destrozados, niños muy pequeños que corrían. Yo lo vi. El área era enorme. En cuanto llegabas al punto de ayuda, encontrabas personas encima unas de otras, golpeándose, alguien intentando agarrar una caja, alguien con un cuchillo. Todo el mundo golpeaba a los demás. Eran escenas horribles. Si no hubiera sido por la necesidad de pan, nunca habría ido allí.

Yo era conocido en la zona. Cuando alguien resultaba herido dentro del área de ayuda y la ambulancia aún no había llegado, iba solo con mi carro y traía de vuelta a los muertos y a los heridos. Los llevaba a la Cruz Roja y regresaba de inmediato. Lo hice una y otra vez.

Solíamos advertir a las mujeres: ‘ir a los puntos de ayuda es peligroso’. Pero ellas respondían: ‘si no fuera por el hambre y por nuestros hijos, nunca habríamos ido’. El hambre: eso fue lo que nos obligó a ir”.

“Aunque supusiera la muerte, tenía que ir a buscar comida”

Neama Awad

“Soy de Miraj, originaria de Rafah. Todo fue destruido. La ocupación se acercó a nosotros y disparaban contra nuestros hijos. Aquí también estamos desplazados. Solo deseo volver a casa. Sinceramente, mi situación es muy mala. Estoy enferma y mi esposo también.

Salí a buscar una hogaza de pan. Fui caminando porque no tengo un solo séquel para pagar el transporte. Un día la gente vino y dijo: ‘vayan al punto de ayuda de Al Tina para conseguir comida’. Dije que iría. Quería llevar comida a mis hijos. No había nada: ni comida, ni ayuda. Nos quedamos en los huesos. Fui al punto de distribución porque en casa no teníamos ningún apoyo: ni harina, ni alimentos, ni ayuda que nos llegara, ni siquiera una hogaza de pan.

Neama Awad. Resultó herida en 2025 durante una distribución de alimentos por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza.
Neama Awad. Resultó herida en 2025 durante una distribución de alimentos por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza. © Nour Alsaqqa/MSF

¿Qué otra opción tenía? Fui al punto de distribución contra mi voluntad. Un poco de harina, arroz, pasta… cogimos lo que pudimos. También cebollas. Después nos sentimos aliviados. Patatas y algo de carne también. Nos obligaban a sentarnos en el suelo y luego a levantarnos. A veces, mientras estábamos sentados, de repente nos ordenaban que nos marcháramos.

Ocurrieron cosas terribles. Arriesgamos la vida. Una explosión me alcanzó en la pierna mientras caminaba y la sangre brotaba sin parar. Otra vez, en la zona de Al Shakoush, volví a resultar herida en la pierna. Nos lanzaron gases lacrimógenos. No podía ver mientras caminaba. Una mujer me ayudó a subir a un carro y me echó agua en la cara, pero el dolor empeoró. Pasamos días extremadamente duros. Vimos mártires tendidos en carros y camillas: muchos hombres jóvenes y también mujeres, aunque la mayoría eran hombres jóvenes. Algunos tenían heridas en las piernas y caminaban mientras la sangre les corría.

Aunque supusiera la muerte, tenía que conseguir comida. Incluso ahora sigo saliendo de casa en busca de alimentos. En este momento no tengo harina, no tengo nada. Mi hijo también resultó herido. Todo es muy difícil. Salimos de casa diciendo: ‘Dios mío, por favor, permítenos sobrevivir a esta catástrofe’. Nos despedimos antes de salir.

Era aterrador: había disparos por todas partes. Sabes que el ejército israelí está en el punto de ayuda. También había extranjeros allí, vigilando la zona. El ejército disparaba munición real.

Sinceramente, tenía miedo. Pero asumí el riesgo y pensé: déjame conseguir comida esta vez y volver. Ya no quería ir más, pero el hambre me obligó a hacerlo. Cuando vi que mis familiares y otras mujeres iban, fui con ellas. Incluso ahora sigue siendo difícil. Todavía hay disparos y tiros desde arriba”.

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