En toda Ucrania, la inseguridad derivada de la guerra, sumada a unas condiciones de vida extremadamente precarias, está provocando una preocupante tendencia a retrasar las consultas médicas, lo que conlleva que los pacientes desarrollen complicaciones que podrían haberse prevenido con una atención oportuna.
Durante meses, muchos pacientes que acudían a consultas rutinarias con los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han acabado necesitando hospitalización, sobre todo las personas mayores. Las enfermedades crónicas controlables empeoran silenciosamente hasta convertirse en urgencias.

Vira, de 64 años y residente de Mykolaiv, es una de ellas. Tras huir de la ciudad a raíz de los bombardeos rusos, ahora vive en Ostrivka, en la región de Mykolaiv.
“Mi departamento quedó destruido, igual que los de mi hija y mi hijo”, contó. “Por eso vinimos aquí. Pero la inseguridad persiste. Una granja fue bombardeada recientemente. Murieron muchas vacas. Tenía miedo. Empecé a sentirme débil y a ver doble. Por suerte, como no encontré ningún médico de cabecera, fui directamente al hospital”.
Tras ser examinada por un médico de MSF, Vira, que padece diabetes, fue derivada rápidamente a una de las salas de hospitalización.
Al igual que ella, más de 3,200 pacientes atendidos por MSF en hospitales cercanos al frente han sido derivados directamente a departamentos hospitalarios especializados desde principios de año para la estabilización de sus enfermedades crónicas. Esto representa más del 75% de todos los pacientes atendidos por MSF en la fase de triaje. Los diagnósticos más comunes son hipertensión, diabetes y cardiopatía isquémica.
Los equipos de clínicas móviles que trabajan en albergues para personas desplazadas y comunidades remotas cercanas al frente informan de la misma tendencia. En algunos casos, los pacientes llegan en estado tan grave que es necesario llamar a ambulancias para recibir atención urgente.

“Las personas viven bajo un estrés constante, expuestas a ataques diarios, cortes de luz e incertidumbre prolongada”, declaró Robin Meldrum, director de MSF en Ucrania. “Esto les dificulta reconocer cuándo una afección es grave. Lo que deberían ser enfermedades crónicas controlables se están convirtiendo en una amenaza para la vida”.
Entre los pacientes atendidos por MSF, muchos son adultos mayores que presentan complicaciones derivadas de la interrupción de la atención ambulatoria crónica para afecciones médicas como hipertensión, diabetes y asma. Estas complicaciones, algunas de ellas potencialmente mortales, podrían haberse prevenido con una atención continua. En la ciudad de Jersón, por ejemplo, la edad promedio de los pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos que apoyamos es de 63 años.
Cuando llegan a un médico, a menudo ya se encuentran en estado crítico, y a veces es demasiado tarde
– Robin Meldrum, director de MSF en Ucrania
Acercando la atención médica
El acceso a la atención médica sigue siendo un gran desafío. Desde el inicio de la invasión a gran escala lanzada por las fuerzas rusas en febrero de 2022, muchas clínicas locales han resultado dañadas o destruidas. El personal médico se ha marchado y las farmacias suelen estar cerradas.
Llegar a un médico puede implicar recorrer largas distancias. Aveces 20, 30 o incluso hasta 100 kilómetros— por carreteras dañadas y bajo la constante amenaza de ataques con drones. El transporte público prácticamente ha colapsado.
Las interrupciones en la atención médica también están afectando a pacientes con tuberculosis y otras enfermedades infecciosas. Muchas personas deben recorrer largas distancias para continuar su tratamiento, mientras que el acceso limitado a las pruebas diagnósticas puede provocar que algunos casos pasen desapercibidos, ocultando así la verdadera magnitud de las necesidades.

Para paliar estas carencias, MSF apoya a hospitales cercanos al frente y gestiona clínicas móviles en las regiones de Donetsk, Dnipropetrovsk, Jersón, Mykolaiv y Zaporiyia.
“Intentamos llegar a los asentamientos donde el acceso a la atención médica es más limitado”, declaró Katsa Brenneman, responsable de promoción de la salud de MSF en Ucrania. “Sin embargo, debido a la inseguridad —incluyendo los ataques contra infraestructuras civiles, estaciones de tren y autobuses de pasajeros— la gente tiene miedo de salir de sus casas. Los trabajadores humanitarios también operan bajo constante amenaza. Hemos tenido que suspender actividades en decenas de lugares cercanos al frente debido a ataques con misiles y drones”.
Los equipos de MSF se esfuerzan al máximo por mantener un nivel mínimo de atención primaria de salud en zonas demasiado peligrosas para acceder físicamente, mediante consultas a distancia. En estos casos, Médicos Sin Fronteras (MSF) capacita a un voluntario de la comunidad para que tome los signos vitales y ayude en la interacción con los pacientes. Las consultas se realizan por videollamada con personal médico de MSF.
Mientras la guerra continúa, garantizar el acceso a la atención médica básica no solo implica tratar emergencias, sino también prevenirlas. Sin atención oportuna, las enfermedades crónicas controlables seguirán agravándose hasta convertirse en afecciones potencialmente mortales, empeorando silenciosamente la salud de quienes ya viven en condiciones de extrema dificultad.
