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“Fut para el mundo”: cuando Palestina, Haití y Sudán jugaron como niños en Chalco

©Un grupo de niños que representaban a Líbano y Sudán. Antes de los partidos, el equipo de MSF habló con los asistentes sobre las crisis en estos países para crear conciencia. © Alejandra Tapia/MSF

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19 de junio de 2026

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Un grupo de niños que representaban a Líbano y Sudán. Antes de los partidos, el equipo de MSF habló con los asistentes sobre las crisis en estos países para crear conciencia.
Un grupo de niños que representaban a Líbano y Sudán. Antes de los partidos, el equipo de MSF habló con los asistentes sobre las crisis en estos países para crear conciencia. © Alejandra Tapia/MSF
  • El torneo “Fut para el Mundo” reunió a más de 60 niñas y niños de Chalco en una actividad de Médicos Sin Fronteras (MSF) que combinó fútbol, educación humanitaria y promoción de los servicios de salud que la organización brinda en Ciudad de México y Estado de México. 

 Por Sergio Pérez Gavilán, Gestor de Comunicación de Terreno MSF México y Centroamérica 

Palestina, Haití, Sudán, México y República Democrática del Congo empiezan con los estiramientos bajo el sol. Afuera, terminan su registro Grecia y Líbano para participar en la ceremonia de apertura. Entran a la cancha niñas y niños entre 7 y 14 años, dando brincos y preparándose para jugar un torneo representando países de los que poco o nunca habían escuchado. No jugarán en el Azteca o en Los Ángeles, Toronto o Nueva York. Juegan en su colonia: en Chalco.  

Niños y niñas se inscribieron en el torneo. El equipo de MSF les entregó una casaca con el nombre del país que representarían.
Niños y niñas se inscribieron en el torneo. El equipo de MSF les entregó una casaca con el nombre del país que representarían. © Alejandra Tapia/MSF

A 35 kilómetros del centro de la Ciudad de México, este municipio del Valle de México suele aparecer en las noticias por razones muy distintas al fútbol. Las inundaciones recurrentes, la falta de servicios y la violencia forman parte de la realidad de muchas de sus colonias. Sin embargo, en esta mañana de junio, la atención se gira hacia el balón y los lejanos países que lo ponen a rodar bajo los pies de estos pequeños vecinos de la comunidad.  

“Mi hijo está con los del Líbano, vestidos de rojo”, dice Roberto de 37 años, “Claro que había escuchado de ese país, pero no conozco mucho más allá de lo que sale en las noticias. Es muy divertido ver a los chavos con estos países que tal vez serán más modestos en fútbol, pero que también ahí andan, dando su lucha”. Al inicio de cada partido, un árbitro dicta las reglas normales de un torneo amigable: no hay barridas, ni entradas fuertes, venimos a divertirnos y practicar.  

Después, viene una explicación menos habitual: “Hoy se representa a Palestina, un país que ha sufrido durante años los estragos de una guerra cruel que ha afectado a millones de personas”, leo desde el micrófono que me acaba de compartir el árbitro, mientras me pregunto si no será demasiada información para compartir con niños. Quizá el sufrimiento a miles de kilómetros no pesa porque aquí también hay tragedia. Sin embargo, continúo leyendo: “Desde Médicos Sin Fronteras, somos testigos de cómo el pueblo de Palestina resiste. Todos los días más de 1,700 personas que trabajan con la organización se presentan para ofrecer atención médica de emergencia. Palestina hoy es el equipo que muestra que la solidaridad va más allá de las palabras: es la decisión de cuidar a los otros incluso en los momentos más difíciles”. 

Niños jugando antes del inicio oficial del torneo.
Niños jugando antes del inicio oficial del torneo Fut para el Mundo. © Alejandra Tapia/MSF

Mensajes similares acompañan al resto de los equipos: la hoja de taro como símbolo de identidad para los rohinyá en Bangladesh; los esfuerzos vecinales en Ucrania para apoyar a personas mayores durante la guerra; las rutas migratorias de personas de Haití o Venezuela; los desplazamientos forzados y la creación de espacios comunitarios de común apoyo en Sudán; las travesías de quienes cruzan el Mediterráneo; o la valentía y coraje de intentar mantener un día a día lo más normal posible en República del Democrática del Congo. Tras cada uno, no se escuchaban aplausos, pero había un silencio solemne, incluso de los niños, que reconocía estas realidades desde esta cancha. 

Las familias chiflan y alientan; es momento de jugar. Juan, de once años, ve desde la reja con su casaca de Haití, esperando su turno para entrar al campo con sus compañeros. “Yo me rompí el brazo hace un año”, cuenta. “Tuvimos que movernos casi dos horas y esperar mucho tiempo para que me atendieran. No conocíamos a Médicos Sin Fronteras y ahora ya sabemos que están en la colonia”, dice al mostrar su brazo y revelar una cicatriz que muestra con orgullo, casi como un trofeo.  

El acceso a la salud, así como a otros servicios esenciales, es una problemática común en Chalco. En gran porción de sus calles aún no hay pavimento y menos aún drenaje. Las actividades son escasas, pero la respuesta de la comunidad no: “Cuando nos dijeron que vendría Médicos Sin Fronteras, supimos que había que convocar a las escuelas”, dice el Maestro Víctor Ortíz, quien ayudó a convocar a más de 60 niños para esta actividad, de la mano de los equipos de promoción de la salud del proyecto. “El deporte es un arma fundamental para la transformación de nuestro país. Vivimos circunstancias complejas aquí, y la única manera de hacerles frente es con el deporte y la cultura”, agrega Ortíz. 

Entre los partidos, algunos niños y niñas trabajaron en un dibujo con un miembro de MSF mientras los promotores de salud hablaban con ellos.
Entre los partidos, algunos niños y niñas trabajaron en un dibujo con un miembro de MSF mientras los promotores de salud hablaban con ellos. © Alejandra Tapia/MSF

Camino entre el resto de las actividades organizadas para la jornada. Los equipos de promoción de la salud aprovechan para compartir con madres y padres de familia los horarios y ubicación de los servicios, mientras los más pequeños dibujan mandalas con motivos futboleros. En otra esquina, múltiples manos dibujan simultáneamente una gran manta, en la que niñas y niños dejan volar su imaginación y plasman sus gustos, deseos, inquietudes y aspiraciones. La diversidad de personajes pintados en la manta refleja cómo se ve un espacio compartido. Al otro extremo, en las mesas de futbolito, se escuchan gritos tan pasionales como los de la cancha misma. 

Haití resuelve su partido en penales contra Sudán, Líbano metió cinco a Bangladesh, pero nada de eso importa. Sé que los niños no recordarán los contextos ni las cifras, pero tal vez sí recordarán cuando jugaron siendo un equipo distinto al de su escuela o su colonia. Países que existen y tienen niños como ellos que también ruedan el balón, sea cual sea el contexto. Seguramente recordarán cuando el Mundial se jugó en Chalco y ellos fueron los protagonistas.  

¡Todo el equipo! Una foto de todos los participantes en Fútbol para el Mundo.
¡Todo el equipo!
Una foto de todos los participantes en Fútbol para el Mundo. © Alejandra Tapia/MSF

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