Sin agua, no es posible el retorno. En todo el sur de Líbano, el ejército israelí ha dañado y destruido infraestructuras hídricas y continúa haciéndolo, lo que impide de facto que las familias reconstruyan sus vidas y convierte una necesidad humana básica en un obstáculo para la recuperación.
Desde marzo, los ataques israelíes contra el sur del Líbano han dejado un nuevo rastro de devastación, agravando los daños y las penurias causados desde la escalada de septiembre de 2024. Aunque existe un alto al fuego desde mediados de abril, los ataques han continuado y varias aldeas de la frontera sur han quedado inaccesibles por estar situadas en zonas ocupadas por el ejército israelí; ya no vive nadie allí. Junto a ellas se encuentra una segunda línea de aldeas devastadas, donde algunas familias han tomado la difícil decisión de regresar a pesar de los enormes desafíos.

“Cuando recorremos las aldeas del sur de Líbano, surge una cuestión allá donde vamos. Antes de preguntar por la atención médica, la educación o la vivienda, la población pregunta por el agua”, afirma Charlene Silvin, coordinadora de proyectos de MSF en el Líbano.
Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han visitado muchas de estas comunidades y han sido testigos directos de los daños. En cada aldea se repite el mismo patrón: los ataques israelíes, tanto directos como indirectos, han dañado edificios históricos, lugares de culto, centros médicos, viviendas e infraestructuras esenciales. Los sistemas de agua y electricidad se han visto especialmente afectados. En todas las localidades visitadas por MSF, los paneles solares que alimentaban las infraestructuras hídricas habían sido alcanzados o dañados, interrumpiendo así el funcionamiento de los sistemas de los que dependen las comunidades a diario.
Este alarmante patrón revela un intento recurrente de dañar y destruir las infraestructuras de las que dependen las comunidades para acceder al agua, una necesidad básica.
Lo más llamativo es que los daños no afectan a un único elemento de la infraestructura, sino a todo el ecosistema hídrico. Se han visto afectados pozos, bombas, unidades de filtración, depósitos de almacenamiento, generadores, tuberías y sistemas de energía solar. Cuando se destruye un componente, todo el sistema deja de funcionar, privando a la población de un acceso fiable a un recurso indispensable para sobrevivir y recuperarse.

de agua dañados y destruidos debido a un ataque israelí cercano. © MSF
Las consecuencias de estos daños repercuten en la vida cotidiana, la salud y la dignidad de las personas, así como en su capacidad para permanecer en sus comunidades o regresar a ellas.
El impacto va mucho más allá de las infraestructuras. El agua no solo es necesaria para beber; es esencial para cocinar, asearse, mantener la higiene y para cualquier aspecto de la vida diaria. También es crucial para la agricultura, que sigue siendo la principal fuente de sustento para muchas familias en el sur del Líbano. Cuando los sistemas de agua fallan, tanto los hogares como las economías locales sufren las consecuencias.
En Yater, por ejemplo, el depósito de agua comunitario recibió un impacto directo y quedó irreparable. Para garantizar que la población siguiera teniendo acceso al agua, los equipos de MSF suministraron depósitos de almacenamiento de plástico provisionales mientras se desarrolla una solución a largo plazo. Por otro lado, en Froun, el depósito también quedó inservible, por lo que los equipos repararon la unidad de filtración de agua y la conectaron directamente a la fuente de abastecimiento, evitando así la infraestructura dañada.
“Al hablar con los residentes que regresan, no puedo ignorar una pregunta difícil que plantean. Estos ataques reiterados han causado graves daños a las fuentes de agua y a otras infraestructuras vitales. Están creando obstáculos importantes para las personas que desean volver a casa y reconstruir sus vidas. Preguntan: ‘¿Por qué ocurre esto? Debe ser intencionado'”, explica Charlene.

Instalación de agua dañada bajo el embalse de la aldea debido a un ataque israelí. © MSF
Es una pregunta legítima. Cuando se priva de agua a múltiples comunidades, las consecuencias van más allá del recurso hídrico en sí. La falta de acceso al agua también socava los medios de vida, especialmente para las familias que dependen de la agricultura y de la tierra para sobrevivir.
Una cosa es segura: restablecer los sistemas de agua es una necesidad básica. Sin embargo, la presencia de organizaciones que puedan apoyar a la población en estas zonas cercanas a la llamada “zona de seguridad” es muy limitada. Los esfuerzos de MSF son importantes, pero insuficientes. La magnitud de las necesidades supera con creces los esfuerzos actuales. No se puede esperar que las organizaciones humanitarias reparen una y otra vez sistemas esenciales que corren el riesgo de ser atacados y destruidos nuevamente.
En todo el sur de Líbano, la población sigue enviando un mensaje claro: sin agua, no es posible recuperar la normalidad. El agua significa dignidad, medios de vida y recuperación. Sobre todo, el agua es vida y un derecho fundamental que Israel debe respetar. Estos ataques reiterados deben cesar. Se debe permitir a las personas regresar a sus hogares y reconstruir sus medios de vida, sus vidas y su dignidad.
