Mientras la República Democrática del Congo (RDC) se enfrenta a un brote de enfermedad por el virus del ébola en el este del país, el cólera sigue propagándose en otras regiones, donde el acceso limitado a agua segura y a infraestructuras de saneamiento contribuye a la transmisión de la enfermedad.
Desde junio de este año, un brote de cólera afecta a la zona sanitaria de Popokabaka, en la provincia de Kwango de la República Democrática del Congo. Al 22 de julio, se habían notificado 345 casos sospechosos y 21 fallecimientos en 26 de las 35 áreas sanitarias de la zona, lo que supone una tasa de letalidad del 6,1 %. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) colaboramos con el Ministerio de Salud en la respuesta ante la enfermedad, incluye la atención a pacientes, la vigilancia epidemiológica y actividades relacionadas con el agua, el saneamiento y la higiene.
El brote en Popokabaka se declaró oficialmente el 25 de junio, tras confirmarse la presencia de Vibrio cholerae por parte del Instituto Nacional de Investigación Biomédica. Las tres áreas sanitarias de la capital provincial (Secteur Popo, Cité Popo 1 y Cité Popo 2) concentraron 200 casos, es decir, el 58 % del total de casos notificados.
Ante la posible propagación de la enfermedad, MSF desplegó un equipo de emergencia para apoyar a las autoridades sanitarias en la respuesta. El equipo colabora en la atención médica en el Hospital General de Referencia de Popokabaka, donde se ha instalado un centro de tratamiento del cólera para atender a pacientes con formas graves de la enfermedad.
Asimismo, se han establecido cuatro unidades de tratamiento en otras zonas sanitarias para acercar la atención a las comunidades, junto con 31 puntos de rehidratación oral que ofrecen un tratamiento más rápido a los pacientes que presentan síntomas. Desde el inicio de la intervención, 450 pacientes han recibido atención, incluidos 175 en el Hospital General de Referencia de Popokabaka.
El tratamiento no es suficiente
Un tratamiento rápido es fundamental para evitar que el estado de los pacientes empeore y para reducir el riesgo de muerte. Sin embargo, la atención médica por sí sola no basta para acabar con un brote de cólera. En Popokabaka, a medida que la enfermedad sigue propagándose, el acceso a agua segura continúa siendo limitado, y las condiciones de higiene y saneamiento siguen siendo inadecuadas. Además, una parte considerable de la población depende de los ríos para satisfacer sus necesidades diarias de agua.
Según una evaluación que realizamos en MSF, el 61 % de la población tiene acceso a menos de 15 litros de agua segura por persona al día, la cantidad mínima requerida en emergencias humanitarias según la Organización Mundial de la Salud. Solo el 38 % dispone de letrinas funcionales, mientras que la defecación al aire libre sigue siendo una práctica generalizada.
Estas condiciones aumentan el riesgo de contaminación de las fuentes de agua y facilitan la transmisión del cólera, que se propaga principalmente a través del consumo de agua o alimentos contaminados.
“Podemos tratar a un paciente con cólera, rehidratarlo y salvarle la vida. Pero si, una vez que regresa a casa, sigue sin tener acceso a agua segura o a letrinas, existe un riesgo muy real de que la enfermedad continúe propagándose”, explica el Dr. Materne Cirimuanua, responsable médico de la respuesta en Popokabaka.
El brote se produce en un contexto humanitario debilitado, marcado especialmente por la violencia asociada a la crisis de Mobondo en el oeste de la RDC, donde los conflictos intercomunitarios han obligado a muchas personas a huir de sus hogares. Esta situación se ha visto agravada por movimientos de población simultáneos, incluida la llegada de más de 2,000 congoleños expulsados de Angola.
A medida que se acerca la temporada de lluvias, el riesgo de contaminación de las fuentes de agua podría aumentar aún más. Las fuertes precipitaciones pueden contribuir a la contaminación de los puntos de abastecimiento si la infraestructura de saneamiento es inadecuada o si las fuentes de agua no están suficientemente protegidas.
Para hacer frente a este riesgo y mejorar el acceso a agua segura, en MSF hemos establecido 36 puntos de cloración. Sin embargo, estas medidas no bastan para satisfacer las necesidades de la población. Se requieren esfuerzos adicionales y una mejor coordinación entre las distintas organizaciones implicadas para ofrecer soluciones sostenibles en materia de agua, saneamiento e higiene.
“La temporada de lluvias puede agravar aún más la situación cuando las fuentes de agua no están protegidas adecuadamente y la infraestructura de saneamiento es limitada”, afirma Materne. “Es necesario actuar de inmediato para reducir los riesgos, mejorar el acceso a agua segura y acercar los servicios de salud a las comunidades que los necesitan”.
Una respuesta que debe llegar a las comunidades
El acceso a la atención médica es otro desafío importante. La zona de salud de Popokabaka cuenta con 35 áreas de salud, pero solo dispone de un hospital general de referencia. A algunas comunidades solo se puede llegar en canoa, motocicleta o a pie, lo que puede retrasar el acceso a la atención para las personas que requieren asistencia médica.
Por ello, el equipo de emergencia de MSF ha buscado acercar la atención a las personas que viven en las zonas más afectadas, entre otras medidas, mediante la instalación de unidades de tratamiento del cólera. Al mismo tiempo, el equipo apoya la vigilancia epidemiológica para monitorear la evolución del brote e identificar rápidamente nuevos focos de contagio.
En las comunidades, los trabajadores de salud comunitaria y los promotores de salud también están creando conciencia sobre las medidas de prevención del cólera y la importancia de unas buenas prácticas de higiene.
“En una zona donde el acceso a agua segura sigue siendo limitado y algunas comunidades son de difícil acceso, contener el brote requerirá una respuesta coordinada que combine atención médica, vigilancia, agua segura, saneamiento y prevención”, afirma Materne.
“En el contexto de Popokabaka, MSF instamos a las autoridades sanitarias y a otros actores implicados en la respuesta a reforzar sus esfuerzos para mejorar de manera sostenible el acceso a agua segura y saneamiento, reduciendo así el riesgo de nuevos brotes de cólera”, concluye Materne.
