En Kivu Norte, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), los combates entre las fuerzas congoleñas, el AFC/M23 y sus aliados siguen provocando desplazamientos y alterando la vida cotidiana. A medida que las familias huyen, muchas pierden el acceso a sus tierras de cultivo, fuentes de ingresos, alimentos, agua potable y atención médica. Al mismo tiempo, la inseguridad en rutas clave interrumpe el abastecimiento y provoca un aumento de los precios. Por otra parte, los recortes en la ayuda internacional —especialmente en programas de seguridad alimentaria y salud— están agravando una crisis de desnutrición que ya era grave.

La atención a niños y niñas con desnutrición sigue siendo un pilar fundamental de la respuesta de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kivu Norte. En 2025, llegamos a 53,000 niños y niñas, y recibieron tratamiento contra la desnutrición en centros de salud apoyados por MSF en RDC. Entre enero y agosto de 2026, cerca de 33,000 pacientes han sido atendidos solo en la provincia de Kivu Norte.
“Pasaba mucho frío; el agua de lluvia nos caía encima”, relata Thérèse, quien solía esconderse con sus hijos en el bosque cuando los combates se intensificaban en su lugar de origen.
Thérèse, de 20 años, vive ahora en Musonge, en el territorio de Walikale, tras huir de Mpofi, una zona cercana a Masisi gravemente afectada por los enfrentamientos. Vive sola con sus dos hijos, después de que su esposo fuera asesinado a finales de 2025. Su hija, Biella, ha estado enferma desde que nació. Sus piernas, brazos y cuerpo comenzaron a hincharse, y actualmente está recibiendo tratamiento por desnutrición aguda grave por parte del equipo de MSF en el Hospital General de Referencia de Walikale.
Walikale es una de las zonas de Kivu Norte que enfrenta la mayor inseguridad alimentaria. En noviembre de 2025, un análisis del PMA y UNICEF reveló una tasa de desnutrición aguda global del 46 % en la zona, lo que clasifica la situación como una emergencia.
Asimismo, MSF brindamos apoyo a otros cinco centros de atención ambulatoria en la zona.
Pérdida de acceso a tierras agrícolas y medios de vida
En el este de la República Democrática del Congo (RDC), el desplazamiento provocado por el conflicto suele conllevar la pérdida simultánea de hogares, tierras y medios de vida. Las personas pueden terminar en refugios colectivos, durmiendo a la intemperie o escondidas en bosques, donde el acceso a agua potable, saneamiento, alimentos y atención médica resulta aún más difícil. Otras se alojan con familias de acogida, lo que ejerce una presión adicional sobre comunidades que ya tienen dificultades para cubrir sus propias necesidades.
“La vida en Bunyakiri era difícil, pero más estable”, comenta Jawadi, de 32 años, quien huyó de Kivu Sur con su familia y llevó a su hijo de 14 meses al hospital de Walikale para recibir tratamiento contra la desnutrición. “Tenía acceso a mis campos y podía producir alimentos. Aquí, conseguir comida se ha vuelto muy complicado”.
Según las Naciones Unidas, cerca de 5 millones de los 6,1 millones de personas desplazadas internamente en la RDC se encuentran en las provincias de Kivu Norte, Kivu Sur e Ituri.
Al igual que muchas personas en la región, Therese y Jawadi dependían de la agricultura para alimentar a sus familias y obtener ingresos; sin embargo, desplazarse hasta los campos se ha vuelto peligroso. Los ataques —que incluyen asesinatos y violencia sexual— les impiden acceder a sus tierras. En algunos lugares, grupos armados exigen pagos informales a los agricultores que intentan acceder a sus tierras para cultivarlas, lo que supone un obstáculo adicional.
“Esto significa que las familias pierden tanto sus alimentos como sus ingresos, viéndose obligadas a depender en mayor medida de los mercados, donde los precios suben y el suministro de alimentos es cada vez más limitado”, explica el Dr. Fabien Kabongo, coordinador médico adjunto de MSF en Kivu Norte.

Millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria
La inseguridad también dificulta el transporte de bienes esenciales, como alimentos y medicamentos. En muchas zonas de Kivu Norte, los caminos suelen estar embarrados, dañados o intransitables, y la violencia a lo largo de las rutas de transporte hace que las entregas sean impredecibles.
“El transporte aéreo mediante vuelos humanitarios es una opción para llegar a zonas de difícil acceso, pero resulta costoso y logísticamente complejo”, señala el Dr. Fabien. “Esto puede afectar a la disponibilidad de suministros y retrasar las intervenciones médicas y humanitarias precisamente cuando más se necesitan”. Incluso lejos de las líneas de frente activas, el acceso a fuentes fundamentales de alimentos e ingresos sigue siendo precario. El acceso a tierras cultivables resulta cada vez más difícil para los pequeños agricultores, ya que los productores más adinerados controlan una mayor parte de la tierra y emplean herramientas avanzadas para la producción a gran escala, lo que debilita la producción local. Otros, en cambio, han recurrido a la minería, extrayendo recursos como oro, diamantes y cobalto.
“No gano lo suficiente para alimentar a mi familia adecuadamente”, afirma Chantal Hakishimana, madre de siete hijos y responsable también de su nieta, quien recibe tratamiento contra la desnutrición en el Centro de Salud de Referencia de Kachehembe. “Trabajo en el campo. Si encuentro un lugar donde plantar frijoles, los planto; pero, actualmente, toda la tierra cultivable se utiliza para el pastoreo de ganado, por lo que no queda mucha tierra para el cultivo”.
Según la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF), más de 26 millones de personas en la República Democrática del Congo se enfrentaron a niveles de inseguridad alimentaria de crisis o emergencia en 2025, incluyendo cerca de 4 millones en Kivu Norte.

Los niños y niñas son especialmente vulnerables a la desnutrición, durante décadas, MSF ha apoyado a los centros de salud locales en el tratamiento de niños con desnutrición en las zonas sanitarias con mayor número de casos, incluidas Mweso, Walikale, Kibirizi, Masisi y Bambo. Este apoyo abarca unidades de nutrición terapéutica intensiva en hospitales para niños con desnutrición aguda grave, así como atención ambulatoria para la desnutrición en centros de salud locales.
Tras una evaluación realizada por MSF en marzo de 2026, que reveló que casi uno de cada cuatro niños examinados en Katoyi padecía desnutrición aguda, los equipos pusieron en marcha una respuesta de emergencia en la zona.
Esta crisis se desarrolla en un contexto de drásticos recortes en la financiación humanitaria. La República Democrática del Congo (RDC) se ha visto gravemente afectada por la reducción de la ayuda internacional; las intervenciones en materia de seguridad alimentaria, en particular, carecen de fondos suficientes. Según UNICEF, solo se cubrió el 4,3 % de las necesidades de financiación para 2025 destinadas a intervenciones de seguridad alimentaria.
En algunas zonas de Kivu Norte, MSF es la única organización médica humanitaria internacional que brinda asistencia, o una de las pocas que mantiene una respuesta constante. “En los centros de salud que no cuentan con el apoyo de MSF, observamos una disponibilidad limitada de medicamentos esenciales; a veces, los estantes de las farmacias están prácticamente vacíos”, explica el Dr. Fabien. “En algunos centros, la disponibilidad de alimentos terapéuticos listos para el consumo es escasa y, en ciertos casos, estos suministros no están disponibles en absoluto”.
La limitación de los servicios puede llevar a que las familias retrasen la búsqueda de atención médica hasta que el estado del niño se vuelve crítico. Esto resulta especialmente peligroso para los niños y niñas que padecen desnutrición, ya que su sistema inmunológico debilitado los hace más vulnerables a infecciones como la malaria, el sarampión y la tuberculosis.
“MSF no puede, por sí sola, sustituir al conjunto de la respuesta humanitaria”, afirma el Dr. Fabien. “Es urgente contar con una financiación sostenida que garantice que los niños afectados por la desnutrición puedan acceder a los alimentos, a las pruebas de detección y a los tratamientos que necesitan para sobrevivir”.
