Desde septiembre de 2026, la escalada militar entre las fuerzas de Ansar Allah y el gobierno reconocido internacionalmente, respaldado por Arabia Saudita, ha sumido a la población, una vez más, en la incertidumbre. Más de 230,000 personas han sido desplazadas desde la costa occidental de Yemen; buscan refugio lo más lejos posible de la línea del frente, en un contexto marcado por la inseguridad y la incertidumbre sobre cómo evolucionará la situación. Para muchos, esta no es la primera vez que deben huir para salvar sus vidas desde que comenzó la guerra en 2015. La historia se repite en un país que enfrenta una crisis humanitaria cada vez más grave y crónicamente infrafinanciada, donde la desnutrición y el cólera van en aumento.
Maher, de 19 años, era pescador en Mocha antes de tener que huir el mes pasado, junto con otras cinco familias. “Escapamos de milagro; las carreteras ya estaban cerradas. Fue un trayecto largo: caminamos casi un día y medio y luego tomamos un autobús”, relata. Actualmente, reside en el campo de personas desplazadas de Atira, en la gobernación de Lahj, a unos 250 kilómetros de Mocha. “Buscamos refugio en el campo, pero no había tiendas de campaña”, cuenta Maher. “Pasamos casi una semana bajo los árboles, expuestos al viento, hasta que finalmente nos dieron una tienda”.

En el campo de Atira se habilitó una ampliación para acoger a las 150 familias recién desplazadas. Hoy en día, unas 310 familias —desplazadas a lo largo de la última década de guerra— conviven en este terreno desértico, alejado de cualquier infraestructura y expuesto a un sol abrasador.
“Las personas desplazadas necesitan urgentemente asistencia médica y humanitaria. MSF ha estado realizando evaluaciones y llevando a cabo actividades médicas en diversos asentamientos informales y campos de personas desplazadas; hemos sido testigos de las condiciones extremadamente difíciles en las que viven estas personas”, afirma Itta Helland-Hansen, coordinadora de MSF en Yemen. “Atendemos a mujeres embarazadas que no han tenido acceso a ni una sola consulta de atención prenatal y que han tenido que dar a luz en lugares sin equipamiento y sin condiciones higiénicas; seguimos derivando a niños y niñas con desnutrición aguda a hospitales que ya están alcanzando su capacidad máxima; y vemos cómo aumentan las complicaciones médicas debido al acceso limitado a la atención médica”.
Muchas personas desplazadas se están quedando sin sus medicamentos, especialmente aquellas que padecen enfermedades crónicas. “Nuestros equipos atienden a pacientes con cajas vacías de medicamentos para la epilepsia, la hipertensión y la diabetes, que piden desesperadamente más”, afirma Helland-Hansen.

Según la OMS, de los 31 millones de dólares necesarios para financiar una respuesta de emergencia de 90 días en Yemen, solo se han conseguido 3,78 millones. Antes de la última escalada militar, los esfuerzos para abordar la crisis humanitaria general en Yemen ya contaban con una financiación muy insuficiente, habiéndose obtenido solo el 22 por ciento de los fondos necesarios.
Fátima y sus ocho hijos huyeron de Mocha durante la noche, de forma apresurada, debido a los bombardeos. Llegó al campo de Atira prácticamente con lo puesto. “Nuestro principal problema aquí es el acceso a agua potable. No tengo dinero para comprar botellas y mis hijos tienen sed. El agua disponible en los depósitos es salada”, afirma. “Estoy muy cansada; sufro problemas cardíacos e hipertensión, y he tenido que empujar a mi hijo, que utiliza silla de ruedas, durante largas distancias”.
En Atira aún no hay letrinas para las personas recién desplazadas, lo que aumenta el riesgo de propagación del cólera. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los casos se han triplicado en las últimas tres semanas. En Mocha, en el oeste de Yemen, la situación sigue siendo inestable debido a la continuidad de los combates. Nuestros equipos mantienen sus actividades de atención pediátrica y materna en el hospital general de Mocha y continúan brindando apoyo a un centro de atención primaria en Khokha, a 50 kilómetros al norte de Mocha. Asimismo, hemos retomado nuestra labor de apoyo en el centro de atención primaria de Mafraq al Mocha, situado a 40 kilómetros al noreste de Mocha, tras dos semanas de interrupción a causa de la violencia.

Las necesidades médicas de los pacientes pueden verse agravadas por un contexto en el que los actores humanitarios y médicos tienen dificultades para desplegar su respuesta, y en el que el acceso a suministros —como los alimentos terapéuticos listos para el consumo (RUTF, por sus siglas en inglés) destinados a niños con desnutrición— resulta cada vez más complicado. En Khokha, los casos de diarrea acuosa aguda casi se han duplicado en la última semana, pasando de 28 a 52.
“En este contexto, es prioritario ampliar urgentemente la respuesta —de manera inclusiva— a las necesidades derivadas del desplazamiento, lo que abarca el acceso a agua y saneamiento, la mejora de las condiciones de vida y la prevención de brotes”, afirma Helland-Hansen.
Desde el 15 de septiembre, MSF hemos realizado más de 1,000 consultas en clínicas móviles a lo largo de las gobernaciones de Adén y Lahj. Los problemas de salud más frecuentes, tales como infecciones de las vías respiratorias superiores (245 casos), infecciones del tracto urinario (127) y gastritis (79), estaban relacionados con unas condiciones de vida precarias.
