Se cumplen 100 días desde la declaración del brote de enfermedad por el virus del Ébola en la República Democrática del Congo (RDC), Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte que las comunidades no están recibiendo el apoyo necesario para contener la enfermedad. Este brote se ha convertido en el más grande y letal de la historia del país y continúa propagándose a un ritmo alarmante entre la población, que a su vez enfrenta conflictos armados, violencia, desplazamientos, hambre y otras emergencias de salud.
Es urgente reforzar la capacitación de trabajadores de la salud y referentes comunitarios en las zonas afectadas por el brote para mejorar la detección de casos, las derivaciones y las medidas de prevención y control de infecciones.
Durante la última semana, se registró, en promedio, una muerte por enfermedad por el virus del Ébola cada media hora. Desde el inicio del brote y hasta el 16 de agosto, las autoridades nacionales reportaron más de 5,000 casos confirmados y 2,400 muertes.

“Esta epidemia continúa propagándose a un ritmo que la respuesta no puede seguir”, dice el Dr. Javid Abdelmoneim, presidente internacional de MSF. “Los centros de tratamiento siguen siendo fundamentales para salvar vidas, pero esta respuesta necesita mucho más que aumentar el número de camas: se necesita mejorar la detección de casos, garantizar el aislamiento seguro de las personas enfermas y de sus contactos, y brindar apoyo al personal de salud. También es necesario proteger de la infección a las personas que buscan atención por otras razones en los centros de salud existentes. Y, sobre todo, la respuesta debe construirse en conjunto con las comunidades, y no a sus espaldas.
En el campo de personas desplazadas de Rho, cerca de Drodro, en Ituri, los referentes comunitarios trabajan junto a MSF para alentar a las personas con síntomas a que se realicen pruebas y así accedan rápidamente al aislamiento y al tratamiento. También promueven medidas de prevención y control de infecciones para reducir el riesgo de transmisión en la comunidad. En este campo, donde viven cerca de 50,000 personas en condiciones de hacinamiento, esta colaboración ha contribuido a limitar la propagación del Ébola y a reducir la mortalidad.
“Conocemos a nuestras comunidades y sabemos cómo llegar a las personas”, dice Ezrome Kiza Lumani, referente comunitario que vive en el campo. “Cuando llegó el Ébola, no esperamos. Hablamos con las familias, escuchamos sus temores y alentamos a las personas con síntomas a buscar atención. Tenemos un papel clave que desempeñar para frenar este brote”.
Desde que se declaró oficialmente el brote, más del 60 % de las muertes por el virus del Ébola en la RDC se produjeron fuera de los centros de tratamiento y, en muchos casos, lejos de ellos. Esto significa que muchas personas están muriendo en sus hogares o en sus comunidades sin recibir atención, mientras el virus continúa propagándose antes de que los casos sean detectados. Es alarmante que el número de casos esté aumentando rápidamente fuera del epicentro de Ituri. La provincia de Kivu Norte registra niveles particularmente altos tanto de mortalidad como de desconfianza hacia la respuesta.

“Con la aparición de casos en nuevas zonas que tienen poca o ninguna experiencia previa en el manejo de la enfermedad, se necesitan con urgencia trabajadores de la salud capacitados en Ébola, no solo dentro de los centros de tratamiento, sino también directamente en las comunidades afectadas”, afirma Trisha Newport, responsable del programa de emergencias de MSF en Ituri.
Actualmente, MSF responde a la emergencia en las provincias de Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Tshopo y Alto Uele. Los equipos gestionan seis centros de tratamiento del Ébola y unidades de aislamiento en las zonas afectadas, con más de 400 camas disponibles, lo que representa un tercio de todas las camas habilitadas en el marco de la respuesta, y más de 1,400 integrantes del personal de MSF dando apoyo. Desde el inicio del brote, nuestros equipos han admitido más de 2,000 pacientes, de los cuales más de 800 fueron confirmados como casos de enfermedad por el virus del Ébola.
En Beni, Kivu Norte, hemos trabajado para acercar la respuesta a las comunidades apoyando a centros de salud que brindan atención médica general, un servicio que también es fundamental para salvar vidas, y así comenzar rápidamente el tratamiento para las personas que lo necesitan. En toda la respuesta, es necesario hacer mucho más para garantizar que las personas puedan recibir a atención que necesitan cerca de sus hogares.
“Los trabajadores de la salud y los referentes comunitarios necesitan capacitación para poder ayudar a detectar los casos de manera temprana, derivar a las personas de forma segura, reforzar las medidas de prevención y control de infecciones y protegerse a sí mismos y a otras personas”, sostiene Newport. “La Organización Mundial de la Salud (OMS), otros organismos de Naciones Unidas, las organizaciones humanitarias, incluida MSF, y el Ministerio de Salud de RDC deben ampliar urgentemente estas capacitaciones y el apoyo en general”.
Emery Guba Mateso, referente comunitario del campo de personas desplazadas de Rho, perdió a su hijo a causa de la enfermedad y luego sobrevivió él mismo a una infección. Hoy comparte su experiencia, al igual que muchos, con el fin de motivar a las personas a que busquen médica.

“Como persona que se recuperó de la enfermedad por el virus del Ébola, el mensaje que quisiera transmitir a la comunidad es que, ante la aparición de los primeros síntomas, es importante buscar atención médica de inmediato. Acceder al tratamiento adecuado tempranamente aumenta las posibilidades de recuperación”, concluye Guba Mateso.
