A lo largo de mi vida, me ha apasionado el voluntariado en líneas de ayuda y en labores de asistencia directa. Sin embargo, hasta hace poco no comprendía del todo el “porqué”: el propósito detrás de este compromiso.
Por Mira Badr, coordinadora de la línea de ayuda de salud mental de Médicos Sin Fronteras.
Comencé a trabajar en una línea de ayuda de salud mental de MSF, creada en medio del miedo que tantos sentíamos al salir de casa, sin saber nunca si regresaríamos mientras continuaban los bombardeos israelíes.
Un día, tras una larga jornada de llamadas, me sentía totalmente agotada. Entonces recibí la llamada que dio sentido a todo lo que había hecho hasta ese momento: cada decisión, cada noche sin dormir, cada día en que me esforzaba por asistir a la universidad después de mi turno en la línea de ayuda.

La llamada provenía de una mujer en un pueblo fronterizo del sur del Líbano. A diferencia de la mayoría de las personas que llamaban, ella no había conocido nuestro número a través de nuestras campañas habituales de difusión. Un panadero del sur del Líbano —que rara vez lograba llegar a estas comunidades fronterizas— había anotado el número de la línea de ayuda de MSF en un papel y lo había colocado dentro de las hogazas de pan que repartía. Incluso repartir pan se había convertido en una actividad arriesgada; al inicio de la guerra, se informó que un panadero de Harouf murió a causa de un ataque israelí mientras distribuía pan a los residentes.
Ese día, la mujer llamó llorando; su voz estaba cargada de miedo e incertidumbre, sin saber si alguien respondería. Sus primeras palabras fueron: “¡Alguien respondió! Llevamos dos meses aislados”. Su pueblo había quedado prácticamente incomunicado, sin vías de acceso ni salida y con un acceso limitado a productos de primera necesidad. Los constantes ataques israelíes también habían interrumpido las conexiones wifi y de telefonía fija, dejando a los residentes cada vez más desconectados del mundo exterior.
En ese instante, me di cuenta de que no estaba simplemente atendiendo una llamada… estaba respondiendo como ser humano antes que como consejera. La escuché, la guié para obtener las derivaciones que necesitaba y la puse en contacto con nuestros servicios de apoyo psicológico.

Aquella llamada dio sentido a mi trabajo. Y lo que es más: me aportó un renovado sentido de propósito para mi vida. Desde entonces, he llevado conmigo la voz de esa mujer, como un recordatorio de por qué realizo esta labor:
Para estar presente para cada persona, para cada vida a la que pueda ayudar en el camino.
Mira se unió a MSF durante la guerra en el Líbano, impulsada por un profundo deseo de apoyar a las personas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Es licenciada en psicología y cuenta con experiencia previa como operadora de líneas de ayuda.
Entre marzo y agosto de 2026, la línea de ayuda de salud mental de MSF recibió un total de 582 llamadas. De ellas, 421 fueron derivadas al equipo de psicología interna de MSF, 10 a psicólogos externos y 107 al equipo de Trabajo Social de MSF.
