Ébola: Brindamos apoyo en salud mental para pacientes y sus seres queridos

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Fecha de publicación

27 de octubre de 2026

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Ébola en RDC y salud mental
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En Butembo, al este de la República Democrática del Congo (RDC), Kasoki Zawadi pasa sus días junto a su esposo, quien recibe tratamiento contra el ébola. Una ventana de plexiglás los separa, pero pueden hablar entre sí. En los centros de tratamiento de Médicos Sin Fronteras (MSF), brindamos apoyo psicológico tanto a los pacientes como a sus seres queridos.

En el pasillo del centro de tratamiento del ébola (CTE) de Kitatumba, en Butembo (Kivu Norte), Kasoki Zawadi está sentada en una silla de plástico frente a la ventana que la separa de su esposo, Victoire. Él lleva 13 días hospitalizado; al otro lado de la barrera de plástico, sonríe de vez en cuando.

Kasoki observa a su esposo desde el otro lado de la ventana y le brinda su apoyo, ya que su salud muestra signos de mejoría.
Kasoki observa a su esposo desde el otro lado de la ventana y le brinda su apoyo, ya que su salud muestra signos de mejoría. © Elio Parfait/MSF

El hospital donde Victoire recibe tratamiento es una de las instalaciones en las que MSF colabora en la atención a pacientes con ébola. En Butembo, entre mayo y el 22 de octubre de 2026, se confirmaron 1,472 casos y se registraron 735 fallecimientos.

El brote afecta a personas que ya se enfrentaban a la inseguridad y a dificultades económicas. Muchas familias acogen a parientes desplazados por los combates en zonas vecinas, mientras que las restricciones de movimiento y la reducción del comercio han hecho que la vida cotidiana sea aún más difícil.

En el centro de tratamiento, los equipos brindan apoyo no solo a los pacientes, sino también a sus seres queridos, ayudándoles a sobrellevar el miedo, la incertidumbre y la espera de los resultados de las pruebas. Desde el momento del ingreso, hay personal de psicología disponible para escuchar sus preocupaciones, explicarles la atención que se está proporcionando y ayudar a las familias a gestionar la carga emocional que conlleva la hospitalización.


Victoire, enfermo del virus Ébola, pasa sus días en el ETC de Kitatumba, en Butembo, esperando para irse mientras su salud mejora.
Victoire, enfermo del virus Ébola, pasa sus días en el ETC de Kitatumba, en Butembo, esperando para irse mientras su salud mejora. © Elio Parfait/MSF

Cada mañana, Kasoki llega alrededor de las 6:30 y permanece allí hasta las 18:30. Por la noche, su cuñado toma el relevo. “Logramos comunicarnos a pesar de la ventana. Nos permiten vernos, y eso nos da consuelo”, comenta.

Desde que su esposo fue ingresado, ella ha dejado de trabajar como docente. Su familia les está brindando apoyo durante este periodo. Además, a ella le preocupa su propia salud. Y, cuando abandona el centro, la separación se le hace muy pesada. “Por la noche, cuando vuelvo a casa y no puedo ver a mi esposo, me cuesta dormir”, cuenta Kasoki Zawadi .

Unos días después, Kasoki explica que un resultado negativo en una prueba les había dado la esperanza de que pronto podrían regresar a casa. Sin embargo, una segunda prueba dio positivo.

“Cuando volvió a dar positivo, estábamos agotados, tanto mental como físicamente. Afortunadamente, el apoyo de los psicólogos nos ayudó a estar más tranquilos y logramos esperar”.

Mantener el contacto durante la hospitalización

La enfermedad y la hospitalización pueden resultar angustiantes tanto para los pacientes como para sus seres queridos. En Butembo, Patrice Muyisa Kokotz, supervisor de actividades de salud mental, ofrece apoyo psicológico. Describe a personas que llegan no solo con miedo a la enfermedad, sino también preocupadas por lo que les espera en el centro. Algunas temen que el aislamiento signifique ser abandonadas.

“Les damos tiempo para expresarse, para hablar de su pasado y de sus emociones”, explica Patrice. Su equipo les explica cómo funciona el centro, detalla la atención que se brinda y organiza visitas. Según señala, ver a otros pacientes y a sus acompañantes ayuda a tranquilizar a las familias.

Algunos sugieren que el apoyo psicológico puede influir en la evolución de los pacientes.

“La enfermedad por el virus del ébola es traumática y repentina; es una enfermedad vírica. Uno vive bajo una gran tensión, esperando en cualquier momento la muerte”, afirma Rachel Kashimoto, psicóloga clínica de MSF en Beni y también en Kivu Norte.

“Si una persona no está mentalmente estable y no recibe una buena atención —incluso a nivel físico—, las cosas pueden no ir bien. Pero si la persona está mentalmente estable, cuenta con apoyo y está bien supervisada, también se producirá una mejoría física. Porque, cuando se tiene la esperanza de recuperarse, uno sigue todas las indicaciones del personal médico, lo que puede conducir a una rápida mejoría”.

Apoyo para el regreso a casa

El apoyo psicológico no termina cuando los pacientes abandonan el centro. En Mongbwalu, en la provincia de Ituri, este continúa a través de la clínica para sobrevivientes. “Organizamos consultas individuales, así como debates en grupo”, explica Phoebe Zueya Yonkeu, responsable de las actividades de salud mental en el centro de tratamiento de ébola (ETC, por sus siglas en inglés) de MSF en Mongbwalu. “Muchas personas nos cuentan que, al regresar a casa, se enfrentaron al estigma: perdieron sus empleos o fueron rechazados por sus comunidades, donde creían que aún eran contagiosos. Otras sienten culpa hacia sus seres queridos que no sobrevivieron a la enfermedad, e incluso se preguntan si fueron ellos quienes los contagiaron”.

Victoire, sobreviviente de ébola, a punto de salir del CTE de Kitatumba, donde pasó 23 días.
Victoire, sobreviviente de ébola, a punto de salir del CTE de Kitatumba, donde pasó 23 días.© Elio Parfait/MSF

Si bien algunos pacientes se enfrentan al estigma tras abandonar el centro de tratamiento —sumado al trauma de haber estado cerca de la muerte—, el regreso a casa también puede suponer un inmenso alivio tanto para ellos como para sus seres queridos.

En Butembo, durante el vigésimo tercer día de hospitalización de Victoire, la pareja recibe la noticia de que él podrá marcharse ese mismo día. Un resultado positivo, obtenido tras un primer resultado negativo, había prolongado la espera; pero ahora que, por fin, ha dado negativo en dos ocasiones, Kasoki y Victoire se muestran muy felices de poder volver finalmente a casa.

“La presencia de Kasoki es, en realidad, parte de mi tratamiento. Me siento reconfortado, cuando la veo, mi estrés disminuye”, concluye Victoire.

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