En Puerto Príncipe, Haití, cualquier desplazamiento supone un riesgo. Para miles de mujeres, acudir al médico, obtener anticonceptivos, realizarse controles prenatales o recibir atención tras una agresión sexual se ha convertido en un proceso plagado de obstáculos.
En una capital donde la violencia armada está debilitando un sistema de salud ya de por sí frágil, el acceso a la atención médica sexual y reproductiva es cada vez más limitado. Sin embargo, esta atención sigue siendo esencial en todas las etapas de la vida.
Un sistema de salud al borde del colapso
Una mañana reciente, una mujer de 29 años ingresó, apenas consciente, en la maternidad Isaïe Jeanty, que apoyamos. Tras dar a luz en casa unas horas antes, había desarrollado una eclampsia posparto, una complicación grave que puede ser mortal si no se trata rápidamente.

Su padrastro la acompañó en motocicleta desde Cité Soleil, con el bebé recién nacido en brazos. “Llegué temblando; pensé que no había nada que hacer. Esta mañana parecía muerta”, cuenta en la maternidad, donde unas 15 mujeres están siendo atendidas por los equipos médicos. “Pero ahora casi está sonriendo. Es como si hubiera vuelto a la vida”.
Haití tiene la tasa de mortalidad materna más alta de América. Según las estimaciones de la OMS, en 2023 se situó en 328 muertes por cada 100,000 nacidos vivos, frente a 197 a nivel mundial y 58 en la región de las Américas.
Estas cifras reflejan el progresivo colapso de un sistema de salud debilitado por la expansión de los grupos armados, la inestabilidad institucional y la crónica falta de financiación de los servicios públicos. En Puerto Príncipe, muchos centros de salud han cerrado sus puertas, reduciendo drásticamente el acceso a la atención médica esencial, especialmente para las mujeres y a los servicios de salud sexual y reproductiva.
Muchos embarazos no son controlados por profesionales cualificados y los partos tienen lugar en casa sin asistencia médica. Sin un acceso oportuno a la atención médica, complicaciones como la eclampsia, las hemorragias, las infecciones o el sufrimiento neonatal pueden detectarse demasiado tarde.
“Tuvimos que derivar a una mujer embarazada de 8 meses para que diera a luz a un bebé que había muerto dentro del útero. Nunca había podido hacerse controles prenatales. Esto no debería estar ocurriendo: son complicaciones prevenibles que se vuelven mortales sin apoyo médico”, explica una partera de una de nuestras clínicas móviles de MSF.

Múltiples obstáculos
Para muchas mujeres, llegar a un centro de salud se ha convertido en una auténtica odisea. Los enfrentamientos armados, el desplazamiento de las líneas de frente, los puestos de control, las carreteras bloqueadas por montañas de basura, los costos del transporte y los desplazamientos forzados complican cada consulta.
“Los traslados de pacientes son extremadamente difíciles: el transporte es limitado y hay muy pocas unidades de maternidad y neonatología que estén operativas”, explica Naomi Lubin, responsable del equipo de parteras.
A esto se suma otro desafío: algunas mujeres son reacias a abandonar su barrio por miedo a que las identifiquen por su lugar de residencia. En una ciudad dividida entre barrios controlados por grupos armados y otros bajo el control de las autoridades, una dirección puede ser suficiente para estigmatizar a una persona o hacer que otros sospechen que tiene vínculos con un grupo armado. Salir del propio barrio para acudir al hospital puede convertirse así en una cuestión de vida o muerte.
“Mi hijo de 2 años no ha sido vacunado desde hace un año y medio porque no puedo salir de la zona. No quiero salir con mi documento de identidad, donde aparece mi dirección. Tengo miedo. Podrían matarme”, explica una de nuestras pacientes, una mujer de 38 años.
Como muchas otras mujeres que viven en Puerto Príncipe, la violencia está alterando numerosos aspectos de su vida, incluyendo el acceso a la atención médica.

Mantener la atención médica a pesar de la crisis
Como respuesta, hemos puesto en marcha actividades móviles para acercar la atención a las comunidades. Cada semana, nuestros equipos médicos brindan atención primaria en antiguos colegios o iglesias de distintos barrios, donde realizan consultas durante varias horas.
Durante el primer semestre de 2026, proporcionaron 4,500 consultas de salud sexual y reproductiva.
Para reforzar la continuidad de la atención a largo plazo, MSF también estamos invirtiendo en la rehabilitación de la maternidad Isaïe Jeanty en Cité Soleil, un centro público ya existente. En colaboración con el Ministerio de Salud, los equipos brindan atención obstétrica de emergencia, incluyendo cesáreas, además de anticoncepción y atención a sobrevivientes de violencia sexual.
Durante el primer semestre de 2026, el personal atendió 929 partos, incluyendo 285 por cesárea de emergencia. Además, 257 pacientes, junto con sus recién nacidos, fueron derivados a otros centros sanitarios para tratar complicaciones graves.
A pesar de estos esfuerzos, las necesidades siguen siendo enormes. La inseguridad continúa limitando los desplazamientos tanto de los pacientes como del personal de la salud.

“Cuando los enfrentamientos afectan a nuestros centros médicos, tenemos que suspender actividades y evacuar las instalaciones. Esto ha ocurrido dos veces en los últimos dos meses. Estas suspensiones reducen drásticamente las opciones de derivación y complican la gestión de las emergencias obstétricas, así como de muchas otras necesidades de salud sexual y reproductiva”, concluye Diana Manilla Arroyo, coordinadora general en Haití.
Garantizar el acceso continuo a esta atención sigue siendo esencial para proteger la salud y la vida de miles de mujeres y niñas en Puerto Príncipe.
