En muchas ocasiones se pasa por alto la aparición y el origen de algunas enfermedades, ignorando la emergencia de salud pública global que representaron y que aún representan. Uno de estos casos es la fiebre del dengue, la enfermedad tropical que ha recorrido casi los cinco continentes desde hace más de tres siglos y se considera una de las enfermedades virales más mortales y subestimadas del planeta.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el dengue es la enfermedad viral transmitida por mosquito de más rápida propagación en el mundo. Entre sus síntomas se encuentran:
- fiebre alta
- dolor de cabeza
- dolores musculares y en las articulaciones
- náuseas
- vómitos
- dificultad para respirar
- en casos graves, sangrados.
El virus del dengue es un arbovirus (“arbo”, acrónimo del inglés arthropod-borne que se refiere a “transportado por artrópodos”) que pertenece a un grupo de más de 68 microorganismos infecciosos y virales.

En el siglo XIX, médicos como Samuel Henry Dickson y José Gerson da Cunha estudiaron la historia, los síntomas y el tratamiento del dengue. Sus obras, publicadas en 1839 y 1872, respectivamente, forman parte de los primeros esfuerzos por comprender la enfermedad. De igual manera, se interesaron por la etimología para comprender el origen del término utilizado para referirse a la enfermedad que, según Da Cunha, es tan vieja como el primer humano. Sin embargo, actualmente no se conocen registros que permitan establecer su antigüedad con exactitud.
Los primeros registros y expansión
En su obra de 1838, Dickson describió los brotes de 1827 y 1828 en el Caribe y las costas americanas. Aunque entonces se identificaron como dengue, investigaciones posteriores plantean que pudieron corresponder al chikungunya. Esta descripción de la aparente llegada del dengue a América trata específicamente de los casos reportados en la isla de Santo Tomás en 1827, donde, según Dickson, esta enfermedad atacó a la mayoría de la población. Un año después, en 1828, se notificaron casos similares en La Habana, Cuba y posteriormente su llegada a las costas del continente americano, específicamente en Nueva Orleans, Estados Unidos.
Y así partieron nuevas investigaciones sobre el dengue. Por ejemplo, en 1998, Duane Gubler publicó el artículo Fiebre del Dengue y Dengue Hemorrágico. En este documento, Gubler expone sobre el registro más antiguo del dengue hasta la fecha, encontrado en una enciclopedia china. Dicha publicación se origina durante la dinastía Chin (265 – 420 d. C.), la cual tuvo dos ediciones: una en el 610 d. C. y luego en el 992 d. C. El autor describe que “los chinos llamaron a la enfermedad veneno acuático porque la asociaban con insectos voladores relacionados con el agua”.

El estudio The History of Dengue Outbreaks in the Americas, publicado en 2012, recoge posibles epidemias en Martinica y Guadalupe en 1635, y en Panamá en 1699. Sin embargo, la información clínica no permite atribuirlas con certeza al dengue. Durante el siglo XIX, los brotes de enfermedades similares fueron frecuentes en ciudades portuarias del continente y estuvieron asociados con actividades comerciales.
Los estudios, publicados un siglo después de los que realizaron Dickson y Da Cunha, hacen más hincapié en que la llegada del dengue a América no fue específicamente en la Isla de Santo Tomás, como aseguran ambos autores, sino en las Antillas Menores. Y que su llegada a las costas del continente americano fue en Panamá y no los Estados Unidos. Estos datos requieren una revisión más profunda de los reportes epidemiológicos del siglo XVII para determinar si realmente se trató de dengue.
La era moderna de la investigación del dengue comenzó en el siglo XX (entre 1943 y 1944) tras realizarse el primer aislamiento del virus del dengue. Con el crecimiento de la urbanización, tanto los mosquitos como los virus se propagaron a nuevas áreas geográficas, sin embargo, entre una epidemia y otra transcurrían largos periodos durante los cuales esta dispersión continuaba.

Actualmente podemos conocer, según la OMS, información clínica más completa sobre el dengue. Entre estos aportes: que es un virus ARN que abarca cuatro distintos serotipos: DEN 1, DEN 2, DEN 3 y DEN 4. Y también se han identificado distintos genotipos o linajes dentro de cada serotipo, lo que destaca la extensa variabilidad genética de los serotipos del dengue.1
Dengue en Honduras
El dengue en Honduras se presentó como epidemia a partir de 1978 con 13,400 casos en todo el país. Para 1987 se presentó la segunda epidemia calculándose unos 28,606 casos. Dos años después, en 1989, se presentó la tercera epidemia en la cual no se pudo cuantificar el total de los casos. En 1991, se presentó la cuarta epidemia, siendo esta la aparición de los posibles primeros casos de dengue grave o anteriormente conocido como dengue hemorrágico.
Desde 1998, Médicos Sin Fronteras (MSF), como organización médico-humanitaria, ha respondido a diversos brotes y emergencias epidemiológicas causados por el dengue, mediante actividades de prevención y servicios de atención médica. Estas acciones se han llevado a cabo principalmente en la capital hondureña y en el norte del país, en el departamento de Cortés, donde ocurrió nuestra más reciente intervención de emergencia en 2024.
El 2010 ha sido el año epidémico más grave en Honduras con aproximadamente 67 mil casos, con una incidencia de 1,016 casos por cada 100 mil habitantes. Fue el año con la letalidad más alta de la historia del país. Esta enfermedad ha afectado en los últimos años a la nación centroamericana con un promedio anual de 34,678 casos, de los cuales 2,723 correspondieron a dengue grave. MSF respondió con un proyecto de emergencia en Francisco Morazán realizando diferentes jornadas de control vectorial y de fumigación.
En Honduras, el dengue es un problema importante de salud pública que dura todo el año, con brotes graves que ocurren cada tanto. En 2013, se realiza otro proyecto de emergencia para atender pacientes pediátricos en el Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula. El país ha experimentado un aumento significativo de casos de dengue en los últimos años. Y dos años después, en 2015, lanza un proyecto respuesta a la emergencia por dengue y chikungunya en Tegucigalpa, la capital hondureña.

Desde 2019, el país ha reportado tres emergencias de salud pública (declaración que se realiza cuando el brote es tan grande que colapsa el sistema de salud) debido al dengue. La OPS indica que cada año donde no hay brote o emergencia se reportan 25 casos por 100,000 habitantes (en 2026). El brote de dengue más reciente (y el mayor registrado en la historia de Honduras) ocurrió en 2024, con 177,167 casos registrados (2,298.92 casos por cada 100,000 habitantes) y un registro de 184 a 194 muertes a nivel nacional.
Implementando nuevas técnicas de control vectorial
La organización ha sido testigo directo de los desafíos para implementar políticas públicas y buenas prácticas de control de vectores para reducir la transmisión del dengue en Honduras. Para reducir la transmisión del dengue y los arbovirus, se ha trabajado con las autoridades y la comunidad para implementar nuevas técnicas innovadoras y replicables del control vectorial. Una de estas técnicas consistió en la liberación de mosquitos Wolbachia en El Manchén en 2023-2024, que cubre aproximadamente 50 barrios.
El método Wolbachia es una estrategia de prevención contra el dengue y otras arbovirosis transmitidas por el mosquito Aedes aegypti trabajada por MSF en conjunto con la Secretaría de Salud de Honduras, la Universidad Autónoma de Honduras y el Programa Mundial del Mosquito. Se ha encontrado que cuando se liberan mosquitos con Wolbachia en una comunidad, hace difícil la propagación de estas enfermedades y puede reducir significativamente su incidencia de casos.
Históricamente, El Manchén ha tenido el mayor número de casos de dengue en Tegucigalpa, pero en los últimos meses muestra menos casos de dengue que otras zonas con condiciones socioeconómicas y epidemiológicas similares en la capital. Sin embargo, aún no podemos afirmar que esto se deba únicamente al método Wolbachia. Estos resultados preliminares muestran que la implementación de Wolbachia va por buen camino. En julio de 2025 el 97% de los mosquitos analizados eran portadores de Wolbachia.
