Rodolfo Bulnes es originario de Comayagua, Honduras, y desde junio de 2026 forma parte de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde trabaja en el proyecto de atención al dengue. Para él, ser médico humanitario significa asumir un compromiso que va más allá de la atención médica: implica representar los valores de una organización y contribuir a mejorar la salud de las comunidades.
Ha ejercido las prácticas médicas de manera profesional durante siete años y le hace feliz dedicarles tiempo a sus hobbies y ejercer la medicina desde una manera humanitaria, al grado de llenarlo de felicidad. “Ser parte de MSF me hace sentir orgulloso y agradecido”, cuenta Bulnes, “tengo la oportunidad de formar parte de algo que busca ayudar y generar un impacto positivo en la vida de otras personas”.

Desde el consultorio de MSF en Tegucigalpa, nos sentamos a platicar con él sobre lo que significa trabajar en la organización al celebrar el Día del Médico Hondureño en esta fecha.
¿Por qué estudiar medicina?
En mi caso yo no estudié medicina por influencia de papás, tíos o primos; siempre fue un sueño de niño. Tenía solamente una profesión en mente y esa era la medicina. Cuando entré a la facultad, a ver las morfológicas y todo eso, empecé a descubrir las ciencias médicas como tal, me enamoré de todo. Nunca había tenido una segunda opción de carrera. Si me hubieran dicho ¿qué pasa si no quedás en medicina? Siempre habría intentado entrar porque sí, yo creo que es el sueño más grande que he tenido y lo logré cumplir.
Hoy por hoy, me he enamorado más de la ciencia, del servicio, de la atención y saber que en los diferentes grados que he logrado estar, desde lo administrativo hasta lo asistencial, uno puede tener un impacto en las personas. Y sabiendo que es un impacto en la salud, que es la base de la vida, entonces todavía lo hace más bonito.
¿Y ahora como médico humanitario?
Ser trabajador humanitario le da un plus todavía más fuerte que solamente ser asistencial en un centro de salud, porque ya hay un compromiso, más con MSF, pues es más fuerte a la hora de que no solo es tu imagen como médico, sino que ya se imagina la institución también.
Como médico humanitario también te realza la idea de querer estar en proyectos más fuertes, tal vez no solamente tener un impacto local como lo estamos teniendo ahorita en el Centro Integrado de Salud (CIS) y el Servicio Periférico de Urgencias (SPU), sino que también pensar que en algún día podría trabajar en otro país; ser un médico hondureño trabajando en otro país sería muy bonito también.

¿Qué es para ti tener la oportunidad de estar en MSF?
Es que es súper bonita, la verdad. Me encanta estar aquí no solamente en la parte de que me siento escuchado, me siento querido, me siento cuidado. La salud laboral que te brinda MSF, que se preocupan por vos y todo eso; hace que te desempeñés mejor en el trabajo y lo he notado.
Uno en el día a día obviamente comete sus pequeños errorcitos que puede ir enmendando, pero pueden ir llevando al cansancio. Distracciones que tengo, problemas económicos, problemas de salud, cosas que no sé cómo resolver, pero aquí yo siento que los problemas se resuelven un poquito más fácil. Y de manera más empática, también puedes desempeñarte. Entonces ese margen de error se va disminuyendo cada vez más.
¿Cómo te sentís de estar trabajando en un proyecto específico de dengue?
Es una manera de aportar en una enfermedad que lastimosamente no va a tener un alto en Honduras de aquí a un par de años. El hecho de disminuir la carga que van a tener los hospitales con un manejo ambulatorio, así como estamos haciendo nosotros en el SPU y en el CIS, te vuelve a que repasés o volvás a estudiar todo lo de dengue para dar una atención óptima. Y este proyecto lo considero muy fuerte porque tiene mucho potencial para crecer, precisamente porque el dengue no va a desaparecer en Honduras. Si no es la capital, la emergencia se va a dar en San Pedro Sula, o como ahorita en Olancho o el año pasado que fue en Comayagüa.
A través de este proyecto queremos lograr una detección y confirmación más temprana del dengue, con ello tener un mejor registro de casos de dengue y disminuir la cantidad de muertes. Un ejemplo, en la atención clínica si teníamos 10 casos de dengue y fallecían tres, ahora lo que buscamos es que fallezca uno o ninguno, esto debido a la atención y detección temprana, más un tratamiento oportuno.
¿Te ha tocado algún caso de dengue que te haya impactado?
Sí en el CIS de la San Miguel me tocó una jornada de 7:00 a.m. a 1:00 p.m. La verdad es que sí fue bien llamativo, un señor como de 80 años más o menos, andaba solo y me lo refirieron porque andaba sangrado de nariz. Él había dicho que tuvo fiebre como por cinco o seis días. Cuando me comunico con mis compañeras de laboratorio, para que me hagan rápido el hemograma; lo hacen y me lo llevan personalmente. Cuando hacen eso, lo sabes: no es algo bueno. Entonces voy viendo que el señor estaba entre la vida y la muerte.

Y lo que me impactó mucho: ya sabemos que la tercera edad siempre va a ser un grupo de riesgo, mujeres embarazadas, niños. Lo que pega fuerte, es que el señor, uno: no se quería ir para el hospital, dos: no se quería ir porque no tenía quien lo acompañara ni tenía dinero, ni nada de eso. Las carencias del sector público se están viendo bien fuertes, entonces toca ayudarle al señor. Los porcentajes en el hemograma no se veían ni plasmados, él estaba con un sangrado nasal, era profuso. Entonces era un caso de un señor mayor, solo, sin dinero, que no quería ir al centro de salud que ni se podía levantar de la cama del dolor, pero fue y era un caso de dengue que, si nos descuidamos nosotros 15 minutos, él pasa a unidad de cuidados intensivos. “No estoy seguro qué pasó con el señor, pero por esto es tan importante avanzar en el tema de detección temprana y tratamiento oportuno, estos casos pueden ser resueltos, pero hay que estar vigilantes”.
¿Algo que te gustaría compartir a tus colegas médicos?
Considero que estamos haciendo una labor muy noble, donde nuestro juramento como médicos, como hijos de Galeno, se ven muy marcados como humanitarios. Aquí nos toca crecer, no solamente de manera profesional a nivel de estudios, sino que de manera muy empática. Tenemos que ponernos en los zapatos de los de los pacientes sabiendo de que en un país tan pobre como el de nosotros la salud se vuelve un privilegio. Y saber que nosotros los podemos ayudar desde un punto de que se pueden dar los medicamentos o buscar una medida donde el laboratorio no sea pagado. Va a ser gratificante, no solo para nosotros, sino que para ellos.
Yo creo que no debemos dejar la empatía de lado porque siempre tenemos que ponernos en el lugar del paciente, porque no quita que nosotros mañana seamos los pacientes, nuestros papás o nuestros familiares. Creo que la empatía, escucharlos y ser honestos en todo momento. Ser honestos, no podemos prometer cosas que no vamos a resolver en el momento, pero sí cuando la consulta sea de calidad, lo mejor que se pueda dar, porque al final del día no van a decir el Dr. Rodolfo me dio una mala consulta, sino que Médicos Sin Fronteras me dio una mala consulta. No podemos manchar una institución que tiene una buena imagen solo porque tal vez nosotros andamos de mala gana, entonces insistamos en esto porque nos gusta. No conozco un médico que no le guste estar en la parte asistencial. Entonces es enamorarnos cada día más de nuestro trabajo.
