Somalia: el largo camino de niños con desnutrición para recibir atención médica

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25 de septiembre de 2026

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Desnutrición ene Somalia
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En Mudug, Somalia, miles de niños y niñas se están quedando sin la atención médica que necesitan por el cierre de los servicios nutricionales y de salud.

Cuando llegan al hospital que apoyamos, la situación ya es crítica, pues presentan desnutrición grave y otras complicaciones de salud.

Algunas de las personas que atendemos nos compartieron sus historias, que nos hablan de viajes de 12 horas para llegar a un hospital, de carencias y falta de servicios básicos.

Hawa Abdisalam tiene cuatro hijos. Dos de ellos están hospitalizados en Galkayo. Una es tratar por desnutrición. La otra está en la sala de difteria.
Hawa Abdisalam tiene cuatro hijos. Dos de ellos están hospitalizados en Galkayo. Una es tratar por desnutrición. La otra está en la sala de difteria. © Mohamed Abdirahman/MSF

Doce horas para llegar a Galkayo

Sabrin Ahmed llegó con su hijo enfermo al Hospital Regional de Mudug, en Galkayo, tras un viaje de doce horas. El niño tenía 11 meses. Para entonces, llevaba 12 días enfermo y todos los intentos por conseguir tratamiento más cerca de su hogar habían fracasado.

Sabrin venía de Abudwak, que se encuentra a unos 270 kilómetros de distancia. En el hogar familiar viven nueve personas, incluyendo a sus padres; que regentan una pequeña tienda de té. Su hijo menor aún no había empezado a comer alimentos sólidos y seguía tomando el pecho. Sin embargo, 12 días antes del viaje, el niño dejó de alimentarse y comenzó a vomitar y a sufrir diarrea.

La desnutrición aguda grave se desarrolla cuando un niño carece de los nutrientes que su organismo necesita durante un tiempo prolongado, provocando que el cuerpo empiece a descomponer sus propios tejidos. El sistema inmunitario se debilita y ciertas infecciones, de las que un niño bien nutrido se recuperaría, se vuelven peligrosas.

Un niño que aún puede comer y no presenta complicaciones médicas puede recibir tratamiento en casa mediante alimentos terapéuticos listos para el consumo, suministrados en un centro ambulatorio. Sin embargo, si surgen complicaciones o el niño ya no puede ingerir alimentos, es necesario hospitalizarlo, estabilizarlo médicamente y administrarle leche terapéutica antes de iniciar el tratamiento con alimentos terapéuticos. Cuanto antes se atienda al niño, más sencillo será el tratamiento. En Abudwak, Sabrin no tuvo acceso a ninguna de estas formas de atención.

La familia de Sabrin llevó primero al niño a una clínica privada, pero no observó mejoría. Pasaron los días entre pruebas médicas. En la clínica le administraron líquidos por vía intravenosa y jarabes, pero su estado empeoró en lugar de mejorar, por lo que interrumpieron el tratamiento.

“Cuando estábamos en Abudwak, no nos fue posible conseguir la medicación y la leche terapéutica necesarias”, comenta ella.

Una madre alimenta a su hijo con desnutrición grave con leche terapéutica en el Centro de Alimentación Terapéutica para Pacientes Hospitalizados (ITFC) del Hospital Regional Bay, apoyado por MSF en Baidoa, Somalia.
Una madre alimenta a su hijo con desnutrición grave con leche terapéutica en el Centro de Alimentación Terapéutica para Pacientes Hospitalizados (ITFC) del Hospital Regional Bay, apoyado por MSF en Baidoa, Somalia. © Yahya Mohammed/MSF

Le informaron que la leche terapéutica que su hijo necesitaba estaba agotada en la localidad. Finalmente, un médico en Abudwak le dijo que no podía tratar al niño y que debía llevarlo a otro lugar. Para entonces, el pequeño ya sufría desnutrición grave.

El viaje a Galkayo les costó cerca de 50 dólares estadounidenses. “Para las personas que viven en Abudwak, es difícil costear 50 dólares”, afirma Sabrin.

Además, los efectos de la sequía ya habían afectado a la tienda de té de la familia: la mayoría de los clientes solían provenir de las zonas rurales de los alrededores de la localidad, pero ahora se han desplazado en su mayor parte hacia Mudug.

Tras el largo viaje, el hijo de Sabrin fue ingresado en el Hospital Regional de Mudug y tratado de desnutrición aguda grave y de las complicaciones médicas derivadas de ella. Tanto la cama de hospital como los medicamentos fueron gratuitos.

Desde MSF proporcionamos apoyo a la unidad de hospitalización para casos de desnutrición del Hospital Regional de Mudug, y también a los servicios de urgencias, maternidad, atención neonatal, pediatría, cirugía, tratamiento de la tuberculosis, aislamiento para enfermedades infecciosas y salud mental. Además, gestionamos la atención ambulatoria para niños y niñas con desnutrición aguda que no requieren hospitalización. Todos estos servicios son gratuitos para quienes los necesitan.

La unidad de hospitalización para desnutrición cuenta con 28 camas, pero desde abril de 2026 ha estado funcionando por encima de su capacidad, llegando a albergar en ocasiones casi el doble de niños. En toda la región de Mudug, la falta de financiación ha provocado el cierre de centros de salud y nutrición, obligando a las familias a desplazarse mayores distancias para acceder a tratamientos que antes estaban disponibles más cerca de sus hogares.

Mientras se preparaba para abandonar el hospital con su hijo ya recuperado, Sabrin reflexionaba sobre el viaje realizado. “Si este tipo de servicios sanitarios estuviera disponible en Abudwak”, dice, “nuestra gente no habría tenido que emprender este viaje tan largo y costoso”.

Cuando se acabó la leche del rebaño

Hawa Abdisalam tiene cuatro hijos. Dos están en el hospital de Galkayo, uno está siendo tratado por desnutrición y el otro está en la sala de difteria.

Hawa Abdisalam tiene cuatro hijos. Dos de ellos están hospitalizados en Galkayo. Una es tratar por desnutrición. La otra está en la sala de difteria.
Hawa Abdisalam tiene cuatro hijos. Dos de ellos están hospitalizados en Galkayo. Una es tratar por desnutrición. La otra está en la sala de difteria. © Mohamed Abdirahman/MSF

Hawa y su marido son pastores en una zona rural cerca de Balibusle. Tienen cabras y camellos. Durante la mayor parte de la vida de los niños, la comida de la familia procedía de los animales: la leche del rebaño y todo lo que comían los adultos. No les dio a los niños ninguna otra comida. Entonces las lluvias cesaron. Durante cinco o seis meses no llovió. Los animales adelgazaron y dejaron de producir.

“El ganado no da leche. Los animales se debilitaron y sufrieron desnutrición”, cuenta ella.

Cuando el rebaño constituye la fuente de alimento, la sequía se convierte en un problema nutricional para los niños antes que en cualquier otra cosa. Los niños pequeños necesitan una alimentación frecuente y rica en energía; cuando la leche desaparece de la dieta sin nada que la sustituya, la pérdida de peso no tarda en producirse. La desnutrición también debilita la capacidad de los niños para combatir infecciones, y es por eso que  la difteria y el sarampión resultan mucho más peligrosos en comunidades afectadas por la sequía y con acceso limitado a la atención médica.

Cuando sus hijos enfermaron, Hawa y su marido emprendieron el viaje hacia Galkayo. Pasaron por Burtinle, que está a unos 105 kilómetros del hospital, marcando el último tramo de una ruta más larga. Por el camino, hicieron una parada en un centro de salud donde les dieron paracetamol y continuaron su marcha. Vendieron algunos de los animales que les quedaban para costear el viaje.

“No calculé el costo exacto”, nos cuenta, “pero fue mucho dinero”.

En el hospital, a uno de los niños se le diagnosticó difteria. Se confirmó que el otro sufría desnutrición.

Las lluvias en toda la región de Mudug han estado muy por debajo de la media a lo largo de 2026, lo que ha llevado a las familias de pastores a abandonar el sur y el este de la región en busca de agua y pastos, alejándose así de los centros de salud que permanecen operativos.

Una enfermera mide la circunferencia media-superior del brazo del niño durante un cribado nutricional en el área de triaje.
Una enfermera mide la circunferencia media-superior del brazo del niño durante un cribado nutricional en el área de triaje. © Mohamed Abdirahman/MSF

La clínica que cerró: los seis días de Halima en Galkayo

Halima Hassan Hussein dio a luz a su hijo en el Hospital Regional de Mudug. Este año lo llevó de vuelta al mismo hospital porque estaba demasiado débil para mantenerse sentado y ya no quería comer. Antes de eso, intentó acudir a otros dos centros, pero ambos estaban cerrados.

Vive con su padre. No tiene marido y el hogar depende de lo que su padre gana como jornalero. Comen dos veces al día. Su hijo sufría vómitos y diarrea, había perdido el apetito y ya no podía amamantarse.

La clínica pediátrica más cercana había cerrado cuando la organización que la apoyaba se marchó. Acudió a otro hospital y se encontró con una situación similar.

Un niño que pierde peso y rechaza la comida tiene poco tiempo. La desnutrición aguda grave es tratable, pero sin tratamiento avanza y, cuanto más progresa, más intensos son los cuidados que el niño necesita. A menudo, lo que determina el desenlace no es la gravedad de la enfermedad, sino la distancia hasta el centro más cercano que disponga de alimentos terapéuticos, medicamentos y personal capacitado para administrarlos. Los dos centros más próximos al hogar de Halima carecían de todo lo anterior.

Antes de que Halima pudiera viajar con su hijo enfermo, estallaron combates en el lugar donde se alojaba la familia y tuvieron que huir. Ella esperó dos semanas. No tenía dinero para el viaje, pero su padre pagó los 20 dólares que costaba.

“La vida es dura”, dice. “A veces conseguimos comida y a veces no”.

Tras lograr finalmente llegar al Hospital Regional de Mudug, el hijo de Halima fue ingresado en la unidad de desnutrición y recibió tratamiento durante seis días.

En toda la región de Mudug, la falta de fondos ha provocado el cierre de centros de salud y nutrición, y la mayoría de los niños que ingresan actualmente ya han sido llevados previamente a otros lugares. Antes de abandonar la sala, Halima comentó que no esperaba que su hijo se recuperara.

“Cuando lo traje aquí, no pensé que sobreviviría. Ahora está sano y juguetón”, concluye.

Halima Hassan Hussein dio a luz a su hijo en el Hospital Regional de Mudug. Este año lo llevó de vuelta al mismo hospital, demasiado débil para sentarse y sin alimentarse. Había probado dos instalaciones más primero. Ambos habían cerrado.
Halima Hassan Hussein dio a luz a su hijo en el Hospital Regional de Mudug. Este año lo llevó de vuelta al mismo hospital, demasiado débil para sentarse y sin alimentarse. Había probado dos instalaciones más primero. Ambos habían cerrado. © Mohamed Abdirahman/MSF

Dieciséis días: Iqra y su hija

Iqra había estado buscando tratamiento para su hija durante mucho tiempo antes de llegar al Hospital Regional de Mudug. La llevó a varios centros de salud pero cada vez que la niña mejoraba, volvía a empeorar.

Iqra es del pueblo de Tawakal, donde vive con su abuela y sus dos hijos. La familia depende de lo que aporta el hermano de Iqra. Su hija, la menor, tiene diez meses. Enfermó de diarrea, vómitos y fiebre. Aunque fue tratada y se recuperó, volvió a presentar los mismos síntomas.

“He estado buscando tratamiento para ella durante mucho tiempo, pero no se recuperó”, nos dice.

Los episodios recurrentes de diarrea son una de las causas más frecuentes de desnutrición aguda grave en niños pequeños. Cada episodio provoca una pérdida de nutrientes y líquidos más rápida de lo que pueden reponer, y cada uno de ellos deja al niño con menos capacidad para resistir el siguiente. Cuando el tratamiento se retrasa o es incompleto, el ciclo continúa hasta que el niño sufre desnutrición aguda; llegado ese punto, la propia diarrea resulta más difícil de tratar. En el caso de Iqra, el ciclo pasó por varias rondas de tratamiento.

En una ocasión, Iqra acudió a una farmacia y le dieron medicamentos para cortar la diarrea de su hija. Sin embargo, la diarrea y los vómitos persistieron durante siete días más. La niña se debilitó enormemente; presentaba sequedad de boca, falta de apetito y tos. Su desnutrición se agravó a medida que avanzaban las complicaciones médicas.

Iqra dice que no ha recibido ayuda de ninguna organización en el lugar donde vive y el momento más difícil llegó antes de viajar, cuando su hija desarrolló diarrea intensa y fiebre alta.

“No tenía nada para bajarle la fiebre y en ese momento estaba sola. Fue terrible para mí”.

Alquiló un coche privado hasta Galkayo y pagó 10 dólares por el viaje. Su hija fue ingresada y tratada por desnutrición aguda severa y las complicaciones que la acompañaban. En el momento en el que hablamos con ella, llevaban dieciséis días en el hospital.

Su hija todavía estaba en la sala cuando hablamos. “Espero que le den el alta cuando los médicos controlen su enfermedad y me digan que mi bebé está bien”, dice Iqra. “Deseo que mi hija esté sana, que reciba tratamiento y que nunca más se enferme”.

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